El nuevo sabor de la sal chilena: a diferencia de cualquier otra sal, ésta puede probarse en siete sabores
Sin químicos, ni aditivos y 100% natural. Ésa es parte de la receta ganadora que Chile Pacific Sea Salt no transa y que la ha convertido en un producto apetecido en Chile y en el extranjero.
Claro que ser producida de manera natural y extraída directamente desde el Océano Pacífico no es su única carta bajo la manga. El otro secreto está en que, a diferencia de cualquier otra sal, ésta puede probarse en siete sabores, que van desde estar ahumada en roble americano, con o sin merkén (especie de ají chileno), aroma a tomates, hongos, orégano y ajos, pasando por la última creación: sal de mar ahumada en antiguas barricas de roble que se han usado por años en el proceso de envejecer vinos chardonnay, carmenère o cabernet sauvignon.
“Para este producto se trabaja con las barricas que se han usado para envejecer los vinos, que están impregnadas del sabor. Cuando hueles el producto terminado tiene el aroma del vino. Lo interesante es que, además del sabor, también toma naturalmente el color de cada variedad”, afirma Sonia Laguna, cubana americana residente en Chile y creadora de esta novedosa compañía, quien junto a Julio Sleman, se encarga de toda la producción.
“Gran parte del trabajo de vender este producto se ha facilitado porque Chile tiene buena fama como país limpio y como poseedor de un océano de aguas cristalinas”, explica Sonia. Claro que sabe que su idea de aprender de la técnica del ahumado de los salmones para darle un plus a su producto, también ha ayudado a su buena recepción internacional.
Trabajo artesanal
El lema de esta empresa es trabajo en equipo y por eso aquí todos ayudan. Incluso la naturaleza.
Dibujar cuadrados en la arena y luego prensar el terreno, es la primera parte del trabajo. Luego viene la labor del mar, que los baña, y después la del terreno, que atrapa la sal. Finalmente, le toca trabajar al sol, que por treinta días no da tregua y deja la sal lista para su consumo.
Pero aquí no acaba la tarea. Entonces viene el proceso de ahumado, que Sonia aprendió observando a los ahumadores de salmón en la isla de Chiloé y Puerto Montt.
Y sólo entonces, la sal de Chile Pacific Sea Salt, que nace en el poblado de Cahuil, un diminuto pueblo costero vecino a Pichilemu (VI región) se prepara para viajar a Estados Unidos, todo para ser saboreada por los paladares más exigentes.
“La primera vez que mostramos nuestros productos fue en la Fancy Food de Nueva York, en junio, y todo ha ido bastante rápido. Ahí tuvimos una muy buena acogida y entonces hicimos el contacto con una gran firma estadounidense con la que estamos afinando los pasos para empezar a vender.”
Pero eso no es todo. En Chile Pacific Sea Salt sueñan en grande y por eso ya se proyectan exportando su novedoso producto al competitivo mercado europeo, el próximo paso.
fuente:PROCHILE
Claro que ser producida de manera natural y extraída directamente desde el Océano Pacífico no es su única carta bajo la manga. El otro secreto está en que, a diferencia de cualquier otra sal, ésta puede probarse en siete sabores, que van desde estar ahumada en roble americano, con o sin merkén (especie de ají chileno), aroma a tomates, hongos, orégano y ajos, pasando por la última creación: sal de mar ahumada en antiguas barricas de roble que se han usado por años en el proceso de envejecer vinos chardonnay, carmenère o cabernet sauvignon.
“Para este producto se trabaja con las barricas que se han usado para envejecer los vinos, que están impregnadas del sabor. Cuando hueles el producto terminado tiene el aroma del vino. Lo interesante es que, además del sabor, también toma naturalmente el color de cada variedad”, afirma Sonia Laguna, cubana americana residente en Chile y creadora de esta novedosa compañía, quien junto a Julio Sleman, se encarga de toda la producción.
“Gran parte del trabajo de vender este producto se ha facilitado porque Chile tiene buena fama como país limpio y como poseedor de un océano de aguas cristalinas”, explica Sonia. Claro que sabe que su idea de aprender de la técnica del ahumado de los salmones para darle un plus a su producto, también ha ayudado a su buena recepción internacional.
Trabajo artesanal
El lema de esta empresa es trabajo en equipo y por eso aquí todos ayudan. Incluso la naturaleza.
Dibujar cuadrados en la arena y luego prensar el terreno, es la primera parte del trabajo. Luego viene la labor del mar, que los baña, y después la del terreno, que atrapa la sal. Finalmente, le toca trabajar al sol, que por treinta días no da tregua y deja la sal lista para su consumo.
Pero aquí no acaba la tarea. Entonces viene el proceso de ahumado, que Sonia aprendió observando a los ahumadores de salmón en la isla de Chiloé y Puerto Montt.
Y sólo entonces, la sal de Chile Pacific Sea Salt, que nace en el poblado de Cahuil, un diminuto pueblo costero vecino a Pichilemu (VI región) se prepara para viajar a Estados Unidos, todo para ser saboreada por los paladares más exigentes.
“La primera vez que mostramos nuestros productos fue en la Fancy Food de Nueva York, en junio, y todo ha ido bastante rápido. Ahí tuvimos una muy buena acogida y entonces hicimos el contacto con una gran firma estadounidense con la que estamos afinando los pasos para empezar a vender.”
Pero eso no es todo. En Chile Pacific Sea Salt sueñan en grande y por eso ya se proyectan exportando su novedoso producto al competitivo mercado europeo, el próximo paso.
fuente:PROCHILE
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