Profesionales de los cinco centros de salud de La Serena brindan atención oportuna e integral a más de 600 personas postradas

La familia de la pequeña Constanza Krzeminski Contreras sabe de la importancia del Programa para Pacientes Desmovilizados que se desarrolla en el sistema de atención primario de La Serena.

Todos los días, de lunes a viernes, esta familia del sector La Florida recibe en su domicilio a los profesionales del Centro de Salud Pedro Aguirre Cerda que llegan a atender y brindar cuidados a la niña de 4 años, quien sufre de parálisis cerebral y es oxígeno dependiente desde su nacimiento.

La pequeña Coni, como también la identifican familiares, vecinos y amigos, es uno de las 67 pacientes de los sectores La Florida, La Antena, Ceres y Bellavista que, dentro del perímetro de acción del Centro de Salud Pedro Aguirre Cerda, se benefician de este programa que también está presente en los demás centros de salud de la comuna.

Pacientes y familiares destacan no sólo la calidad profesional de la atención recibida, sino además el amor y fuerte compromiso con que el personal de salud realiza su labor, el que muchas veces, advierten, va más allá de las responsabilidades exigidas.

María Angélica Contreras, mamá de Coni, así lo destaca, pues gracias a la regular visita del equipo de profesionales, afirma que “no tenemos que sacar a mi hija de la casa más de lo recomendable, exponiéndola a enfermedades contagiosas que perjudiquen su función pulmonar”.

Quien también agradece la labor que, en el sector oriente de La Serena realiza el equipo del programa para pacientes dismovilizados, es el adulto mayor Mario Pastén Ríos. El vive sólo junto a su esposa Berta, quien desde hace 17 años es enferma postrada víctima del Alzhaimer. Don Mario, al igual que otras familias de pacientes con patologías crónicas, oncológicos o secuelados de accidentes vasculares, entre otros, recibe regularmente en su casa la visita del equipo compuesto por Katherine Montecinos (kinesióloga y coordinadora del programa), Alexis Díaz (enfermera), María Eugenia Milla (técnico paramédico), Lissette Landsderger (psicóloga), María Valentina Gálvez (asistente social) y Patricia Guerrero (asistente social) y Oscar Zúñiga (conductor).

Para don Mario, los funcionarios del CESFAM constituyen una visita muy especial y esperada, pues no sólo le brindan la atención oportuna y especializada a su esposa, sino que además lo entrenan a él y una cuidadora sobre las atenciones que requiere la paciente. “Mi esposa está en buenas manos”, afirma entre lágrimas un agradecido don Mario.



CUIDADORES

El testimonio de Alejandro Campillay Ruiz impacta no sólo por lo duro que significa tener a un familiar postrado, sino también por la potente demostración de amor que conlleva desempeñar el papel de cuidador.

Con dolor, pero al mismo tiempo con orgullo y responsabilidad, confiesa ser cuidador de su propia madre Norma Ruiz, quien desde hace dos años está postrada producto de su diabetes, problemas cardiacos y ceguera, entre otras afecciones.

Afirma que “es prácticamente tener a una guagüita recién nacida, pues tengo que alimentarla y brindarle muchos cuidados. Además, ella ya no camina y no tiene movilidad. Es duro porque soy hijo único. Mi madre tuvo 9 hijos pero, a medida que iban naciendo los iba perdiendo, y yo fui el único que sobrevivió. Entonces es un orgullo y, al mismo tiempo, mi mayor obligación tener que cuidarla junto a mi pareja”.

Para Alejandro Campillay, actividades como la realizada recientemente por el Cesfam Pedro Aguirre Cerda, consistente en un seminario dirigido a cuidadores de pacientes postrados, constituye una ayuda fundamental.

“Para mi es demasiado importante, porque uno nunca piensa que en algún momento un pariente, de la noche a la mañana, pueda quedar postrado. Es algo muy difícil de enfrentar, porque en determinados momentos uno no sabe qué hacer frente a un problema. Hoy, gracias a estos cursos, he podido reaccionar mejor, por ejemplo, cuando mi madre sufre una descompensación”.

Claudio Monardes, psicólogo del Centro de Salud de Rehabilitación de Montepatria, estuvo en La Serena compartiendo la experiencia de diez años de su institución trabajando con personas con discapacidad, a través de un modelo de Rehabilitación con Base Comunitaria.

Su particularidad, explica, es descentralizar los tratamientos y darle una mayor importancia al trabajo de las familias en la rehabilitación de los pacientes.

“La comunidad no espera que alguien venga y lo ayude, sino más bien se organiza y genera sus propios recursos. De hecho, el centro al que pertenezco nació de la inquietud de familias que tenían hijos discapacitados”.



SACRIFICADO PERO GRATIFICANTE

La tarea de los profesionales y funcionarios que apoyan el programa de pacientes desmovilizados en los cinco centros de salud primaria de La Serena no es fácil. Muchas veces se ven enfrentados a las condiciones precarias y riesgosas en que habitan varios de los pacientes, pero también a la negativa de algunos enfermos o familiares de estos a ser atendidos o seguir las recomendaciones entregadas.

Aun así, quienes trabajan en este programa destacan, por sobre todo, lo enriquecedor que, tanto en lo profesional como en lo personal, puede llegar a ser esta labor.

Loreto Toledo, enfermera del CECOF Villa El Indio, dependiente del Cesfam, Cardenal Caro, afirma que, visitar a los pacientes en su domicilio, “es algo muy gratificante, porque dentro de lo que es posible hacer con nuestros recursos humanos y financieros, más las redes de apoyo, podemos hacer algo tan importante como mejorar la calidad de vida de las personas”.

Si bien advierte que las necesidades de la comunidad son altas, el sistema de salud sí busca satisfacerlas, encontrándose, en cambio, con dificultades impuestas por los propios beneficiarios.

“Algunas veces son las familias las que ponen trabas al trabajo, debido a su condición de marginalidad. Tratamos de hacer lo posible con un trabajo de red, pero no hay soluciones a corto sino a largo plazo, y es allí donde nosotros caemos en una desesperanza por no poder solucionar los problemas”, afirma la profesional.



IMPACTO EN LA CALIDAD DE VIDA

El impacto del programa de atención de pacientes desmovilizados va más allá del ámbito de la salud. Para el director del Departamento de Salud de la Corporación Municipal Gabriel González Videla, Dr. Rodrigo Flores, la trascendencia es enorme.

“Si nos remontamos a algunos años atrás, el paciente sólo era hospitalizado y luego enviado a su domicilio, donde cualquier tarea que significaba darle cuidado y atención adecuada era muy difícil por parte de los familiares. Por lo tanto, el que un equipo de nuestros centros de salud acuda hasta los domicilios es una gran ayuda para el grupo familiar, porque representa un apoyo constante y de calidad, tratando siempre de mejorar la calidad de vida de los pacientes y familiares. Yo creo que ese es el mayor impacto”.

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