Turalemia
¿Qué es?
La turalemia, también conocida como fiebre de los conejos, fiebre de las garrapatas, fiebre del ciervo o fiebre glandular, es una infección producida por una bacteria, Francisella turalensis.
Es un cocobacilo gramnegativo muy pequeño e inmóvil que se tiñe muy débilmente y sobrevive semanas a bajas temperaturas. Habita en agua y tierra contaminada e infecta a artrópodos chupadores de sangre, animales domésticos y salvajes y se encuentra en cadáveres de animales en descomposición. Los reservorios más generalizados de este microorganismo son las garrapatas, los conejos y ratas almizcleras.
Su transmisión al hombre se produce mediante la picadura de un artrópodo (garrapatas) o mediante el contacto directo con animales, fundamentalmente liebres y conejos infectados.
Aunque tiene distribución universal, es una enfermedad potencialmente grave que se presenta de manera natural en los Estados Unidos, fundamentalmente en la isla Martha´s Vineyard de la costa de Massachussets, en donde habitan una gran cantidad de conejos.
Debido a que los casos comunicados de la enfermedad están restringidos, hace que se considere una enfermedad rara.
¿Cómo se produce?
El mecanismo por el que se contagia la enfermedad en humanos es variado, aunque en la mayoría de los casos sucede por la picadura de una garrapata infectada o el contacto con un animal infectado. El consumo de carne o agua contaminada también puede ser vía de trasmisión de la enfermedad, así como la inhalación de aerosoles infecciosos mientras se cura un animal o se trabaja en un laboratorio. Las personas con más riesgo de contagio son los cazadores, el personal de laboratorio y las personas expuestas al contacto de garrapatas (veterinarios, granjeros).
El número de bacterias con capacidad infectante varía según el mecanismo de trasmisión. Así, con sólo exponerse a 10 bacterias inyectadas en piel intacta por una garrapata, podremos sufrir la enfermedad. Cuando se inhalan las bacterias a través de un aerosol o se ingieren por carne infectada, el número de microorganismos necesarios para causar la enfermedad aumenta (aproximadamente 50 unidades)
Normalmente, la mayor parte de los casos ocurren en verano, cuando hay una mayor posibilidad de entrar en contacto con animales infectados. En el caso de los cazadores, es durante el invierno cuando suelen tener más posibilidades, al coincidir en esta época los periodos de caza y así entrar en contacto con conejos enfermos.
La forma de infección más frecuente es la cutánea, mientras que la forma neumónica es la más grave, con una mortalidad que oscila en torno al 60% si no se instaura tratamiento inmediato.
Síntomas
Por lo general, los síntomas aparecen de 3 a 5 días después de entrar en contacto con la bacteria, pero pueden tardar hasta 14 días.
Entre los síntomas se incluyen: fiebre súbita, escalofríos, dolores de cabeza, diarrea, dolores musculares, dolor en las articulaciones, tos seca y debilidad progresiva.
Otros síntomas de la tularemia dependen de la manera en la que la persona entró en contacto con la bacteria, variando en su presentación clínica.
Turalemia ulceroglandular es la manifestación mas corriente y se caracteriza por el desarrollo inicial de una pápula dolorosa en la zona de la picadura de la garrapata cerca de un ganglio linfático. La pápula evoluciona hacía una úlcera de bordes elevados y necróticos.
Turalemia oculoglandular. Sucede cuando la contaminación es directamente sobre un ojo, debido a tocarse con los dedos o por exposición al agua o aerosoles contaminados. Aparece una conjuntivitis dolorosa y adenopatías regionales.
Turalemia glandular. Se manifiesta por la aparición de una adenopatía dolorosa sin asociarse a ulceración.
Turalemia tifoidea se presenta afectación sistémica generalizada afectando a múltiples órganos y acompañada de sepsis. Es la forma mas grave y presenta una elevada tasa de mortalidad ya que es la más difícil de reconocer. Las personas pueden contraer neumonía y presentar dolor en el pecho, esputo sangriento, experimentar dificultades para respirar y a veces hasta dejar de hacerlo.
Cuando la infección es causada por la ingestión de agua o alimentos contaminados se desarrolla una tularemia orofaríngea o gastrointestinal. Y si es por inhalación de aerosoles se denomina turalemia neumónica.
Tratamiento
El tratamiento debe instaurarse lo antes posible, ya que la enfermedad puede ser mortal si no se utilizan los antibióticos correctos.
■Generalmente es la estreptomicina el antibiótico de elección para el tratamiento de todas las formas de tularemia.
■La gentamicina se puede considerar una alternativa aceptable y el ciprofloxacino e imipenem están demostrando ser útiles en algunos pacientes.
■El cloramfenicol y la tetraciclina se asocian a cuadros de recaída.
El hecho de que la bacteria sea capaz de generar mecanismos de resistencia a penicilina y a algunas cefalosporinas, hace que estos antibióticos sean ineficaces.
Como profilaxis post-exposición, se recomienda el uso de doxiciclina o ciprofloxacino.
Diagnóstico
Hay que ser extremadamente cuidadoso con la manipulación de las muestras contaminadas por parte de los médicos y personal del laboratorio cuando se vaya a realizar el diagnóstico. Es fácil contagiarse de esta manera y para evitar la penetración de la bacteria a través de la piel intacta de manos y brazos o por inhalación de aerosoles, se recomienda el uso de guantes, mascarillas desechables, y realizar el procesamiento en campana para productos biopeligrosos.
Se utilizan pruebas de microscopia con anticuerpos específicos frente a la bacteria marcados con fluoresceína para detectar su presencia en los aspirados de adenopatías o de las úlceras. La tinción de Gram casi nunca es exitosa porque la bacteria es muy pequeña y se tiñe mal.
La realización de cultivos con medios suplementados con cisteína es una técnica sensible y específica.
Para confirmar el diagnóstico se utilizan pruebas de serología de titulación de anticuerpos, aunque como permanecen en sangre durante largos periodos de tiempo es difícil distinguir si son debidos a una enfermedad anterior o a una actual.
Prevención
Se debe evitar el contacto con los animales que sirven de reservorio de la bacteria, como son los conejos o las garrapatas. Se evitará manipular conejos enfermos sin protección, haciéndose imprescindible el uso de guantes cuando se examine y manipule al animal. Las medidas higienocosanitarias son imprescindibles especialmente después de manipular cadáveres de animales.
El uso de ropa y repelentes de insectos reduce el riesgo de exposición a través de picaduras.
El uso de vacunas atenuadas, aunque no completamente eficaces, es recomendado para las personas con alto riesgo de exposición a la bacteria, ya que en caso de infección disminuyen la gravedad.
Se debe consultar al médico al experimentar el primer síntoma de la enfermedad, especialmente si se sospecha tener debilitado el sistema inmunológico, ya que si se ha estado en contacto con la bacteria, se debe recibir tratamiento tan pronto como sea posible.
En caso de encontrar cualquier cambio en el comportamiento de las mascotas o ganado, o si presentan síntomas raros, se debe consultar a un veterinario.
fuente. http://www.saludalia.com
La turalemia, también conocida como fiebre de los conejos, fiebre de las garrapatas, fiebre del ciervo o fiebre glandular, es una infección producida por una bacteria, Francisella turalensis.
Es un cocobacilo gramnegativo muy pequeño e inmóvil que se tiñe muy débilmente y sobrevive semanas a bajas temperaturas. Habita en agua y tierra contaminada e infecta a artrópodos chupadores de sangre, animales domésticos y salvajes y se encuentra en cadáveres de animales en descomposición. Los reservorios más generalizados de este microorganismo son las garrapatas, los conejos y ratas almizcleras.
Su transmisión al hombre se produce mediante la picadura de un artrópodo (garrapatas) o mediante el contacto directo con animales, fundamentalmente liebres y conejos infectados.
Aunque tiene distribución universal, es una enfermedad potencialmente grave que se presenta de manera natural en los Estados Unidos, fundamentalmente en la isla Martha´s Vineyard de la costa de Massachussets, en donde habitan una gran cantidad de conejos.
Debido a que los casos comunicados de la enfermedad están restringidos, hace que se considere una enfermedad rara.
¿Cómo se produce?
El mecanismo por el que se contagia la enfermedad en humanos es variado, aunque en la mayoría de los casos sucede por la picadura de una garrapata infectada o el contacto con un animal infectado. El consumo de carne o agua contaminada también puede ser vía de trasmisión de la enfermedad, así como la inhalación de aerosoles infecciosos mientras se cura un animal o se trabaja en un laboratorio. Las personas con más riesgo de contagio son los cazadores, el personal de laboratorio y las personas expuestas al contacto de garrapatas (veterinarios, granjeros).
El número de bacterias con capacidad infectante varía según el mecanismo de trasmisión. Así, con sólo exponerse a 10 bacterias inyectadas en piel intacta por una garrapata, podremos sufrir la enfermedad. Cuando se inhalan las bacterias a través de un aerosol o se ingieren por carne infectada, el número de microorganismos necesarios para causar la enfermedad aumenta (aproximadamente 50 unidades)
Normalmente, la mayor parte de los casos ocurren en verano, cuando hay una mayor posibilidad de entrar en contacto con animales infectados. En el caso de los cazadores, es durante el invierno cuando suelen tener más posibilidades, al coincidir en esta época los periodos de caza y así entrar en contacto con conejos enfermos.
La forma de infección más frecuente es la cutánea, mientras que la forma neumónica es la más grave, con una mortalidad que oscila en torno al 60% si no se instaura tratamiento inmediato.
Síntomas
Por lo general, los síntomas aparecen de 3 a 5 días después de entrar en contacto con la bacteria, pero pueden tardar hasta 14 días.
Entre los síntomas se incluyen: fiebre súbita, escalofríos, dolores de cabeza, diarrea, dolores musculares, dolor en las articulaciones, tos seca y debilidad progresiva.
Otros síntomas de la tularemia dependen de la manera en la que la persona entró en contacto con la bacteria, variando en su presentación clínica.
Turalemia ulceroglandular es la manifestación mas corriente y se caracteriza por el desarrollo inicial de una pápula dolorosa en la zona de la picadura de la garrapata cerca de un ganglio linfático. La pápula evoluciona hacía una úlcera de bordes elevados y necróticos.
Turalemia oculoglandular. Sucede cuando la contaminación es directamente sobre un ojo, debido a tocarse con los dedos o por exposición al agua o aerosoles contaminados. Aparece una conjuntivitis dolorosa y adenopatías regionales.
Turalemia glandular. Se manifiesta por la aparición de una adenopatía dolorosa sin asociarse a ulceración.
Turalemia tifoidea se presenta afectación sistémica generalizada afectando a múltiples órganos y acompañada de sepsis. Es la forma mas grave y presenta una elevada tasa de mortalidad ya que es la más difícil de reconocer. Las personas pueden contraer neumonía y presentar dolor en el pecho, esputo sangriento, experimentar dificultades para respirar y a veces hasta dejar de hacerlo.
Cuando la infección es causada por la ingestión de agua o alimentos contaminados se desarrolla una tularemia orofaríngea o gastrointestinal. Y si es por inhalación de aerosoles se denomina turalemia neumónica.
Tratamiento
El tratamiento debe instaurarse lo antes posible, ya que la enfermedad puede ser mortal si no se utilizan los antibióticos correctos.
■Generalmente es la estreptomicina el antibiótico de elección para el tratamiento de todas las formas de tularemia.
■La gentamicina se puede considerar una alternativa aceptable y el ciprofloxacino e imipenem están demostrando ser útiles en algunos pacientes.
■El cloramfenicol y la tetraciclina se asocian a cuadros de recaída.
El hecho de que la bacteria sea capaz de generar mecanismos de resistencia a penicilina y a algunas cefalosporinas, hace que estos antibióticos sean ineficaces.
Como profilaxis post-exposición, se recomienda el uso de doxiciclina o ciprofloxacino.
Diagnóstico
Hay que ser extremadamente cuidadoso con la manipulación de las muestras contaminadas por parte de los médicos y personal del laboratorio cuando se vaya a realizar el diagnóstico. Es fácil contagiarse de esta manera y para evitar la penetración de la bacteria a través de la piel intacta de manos y brazos o por inhalación de aerosoles, se recomienda el uso de guantes, mascarillas desechables, y realizar el procesamiento en campana para productos biopeligrosos.
Se utilizan pruebas de microscopia con anticuerpos específicos frente a la bacteria marcados con fluoresceína para detectar su presencia en los aspirados de adenopatías o de las úlceras. La tinción de Gram casi nunca es exitosa porque la bacteria es muy pequeña y se tiñe mal.
La realización de cultivos con medios suplementados con cisteína es una técnica sensible y específica.
Para confirmar el diagnóstico se utilizan pruebas de serología de titulación de anticuerpos, aunque como permanecen en sangre durante largos periodos de tiempo es difícil distinguir si son debidos a una enfermedad anterior o a una actual.
Prevención
Se debe evitar el contacto con los animales que sirven de reservorio de la bacteria, como son los conejos o las garrapatas. Se evitará manipular conejos enfermos sin protección, haciéndose imprescindible el uso de guantes cuando se examine y manipule al animal. Las medidas higienocosanitarias son imprescindibles especialmente después de manipular cadáveres de animales.
El uso de ropa y repelentes de insectos reduce el riesgo de exposición a través de picaduras.
El uso de vacunas atenuadas, aunque no completamente eficaces, es recomendado para las personas con alto riesgo de exposición a la bacteria, ya que en caso de infección disminuyen la gravedad.
Se debe consultar al médico al experimentar el primer síntoma de la enfermedad, especialmente si se sospecha tener debilitado el sistema inmunológico, ya que si se ha estado en contacto con la bacteria, se debe recibir tratamiento tan pronto como sea posible.
En caso de encontrar cualquier cambio en el comportamiento de las mascotas o ganado, o si presentan síntomas raros, se debe consultar a un veterinario.
fuente. http://www.saludalia.com
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