La preparación del curanto es descrita por Vicente Pérez Rosales en su obra, Recuerdos del Pasado, señalando que
“En un agujero practicado en el suelo y lleno de piedras caldeadas allí mismo por el fuego, se apilaban el marisco, el pescado, la carne ( si la había), el queso y las papas, y sin más espera, tapado todo aquello con monstruosas hojas de Pangui, lo acababan de cubrir con adobes de champas y tierra , para impedir el escape del vapor. Un cuarto de hora después se veía a toda la familia, con su acompañamiento obligado de perros y cerdos, rodear aquel humeante cuerno de abundancia, en el cual cada uno, por su parte, metía la mano y comía, soplándose los dedos, hasta saciarse”.
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