Volatilidad de precios de alimentos mantiene a pobres en situación de peligro
Más de 12 millones de personas necesitan ayuda humanitaria urgente en el Cuerno de África debido a la devastadora sequía y los conflictos, los desórdenes civiles y los desplazamientos en Somalia. La grave tasa de malnutrición en algunas zonas de este país supera el 40% entre los menores de 5 años. En ese sentido, la emergencia afecta a los más vulnerables. De los 3,7 millones de personas en situación crítica solo en esa nación, 3,2 millones sufren de necesidades urgentes y 2,8 millones de ellos se encuentran en el sur del país. Por otra parte, los precios internos de los alimentos se han elevado en la región; por ejemplo, los dos principales productos básicos, el sorgo rojo y el maíz blanco, subieron entre 30% y 240% en Somalia.
En julio de 2011, los precios mundiales de los alimentos se mantuvieron significativamente más altos que en julio de 2010 y cercanos a los niveles récord registrados en 2008, mientras que el Índice de precios de los alimentos del Banco Mundial aumentó en 33% el año pasado. En el período comprendido entre abril y julio de 2011, hubo un leve descenso en relación con el punto máximo del mes de febrero, aunque continúa la inestabilidad de algunos productos básicos como el arroz, el maíz y el trigo. Las perspectivas de la oferta mundial de alimentos han mostrado mejorías desde abril de 2011, pero sigue habiendo diversas fuentes de incertidumbre. Las provisiones mundiales continuarán extremadamente bajas, como en el caso del maíz con una relación reservas-consumo actualmente en 13%, la más baja desde comienzos de la década de 1970. Estos indicadores hacen que incluso una leve merma en la producción tenga efectos amplificados sobre los precios.
Los precios internos de los alimentos continúan con grandes fluctuaciones. Las variaciones anuales del maíz en los últimos 12 meses hasta junio de 2011 fluctuaron entre alzas de más de 100% en Kampala (Uganda) a bajas de 19% en Puerto Príncipe (Haití) y Ciudad de México. Algunos alimentos básicos aumentaron bruscamente su precio en América Central, América del Sur y África oriental. Por ejemplo, entre abril y junio de 2011 el maíz subió en 82% y 25% en República Dominicana y Colombia, respectivamente.
La vulnerabilidad ante esta carestía depende de una serie de factores específicos de cada país y el impacto puede variar de manera sustancial entre los grupos demográficos. Por consiguiente, una respuesta efectiva debe equilibrar las intervenciones de emergencia para los más vulnerables con iniciativas a más largo plazo, y diferenciar entre quienes se encuentran en riesgo grave y aquellos menos afectados. En ese sentido, se requiere un programa integrado que incluya temas como la agricultura, seguridad alimentaria, pobreza y clima. Además, la gestión de los riesgos a largo plazo requerirá del seguimiento regular de los precios.
Tendencias
En julio de 2011, los precios mundiales de los alimentos estaban considerablemente más altos que en el mismo mes de 2010. En promedio, el Índice de precios de los alimentos del Banco Mundial sigue superando en 33% al nivel del año anterior. Asimismo, el valor de una serie de productos básicos importantes es más alto que el de julio del año pasado, por ejemplo, el maíz (84%), el azúcar (62%), el trigo (55%) y el aceite de soja (47%). Los precios del crudo continúan 45% más elevados que hace un año y los fertilizantes subieron en 67% durante el mismo período.
Hubo una leve baja después del punto máximo de febrero de 2011, aunque sigue habiendo inestabilidad en algunos productos básicos. Después del tope alcanzado en febrero de 2011, el Índice de precios de los alimentos del Banco Mundial para el período abril a julio promedió 278,3 o alrededor del 5% por debajo del nivel de febrero (Gráfico 1). Esto va acompañado de leves descensos de los principales componentes del índice en julio, respecto de los promedios de febrero: cereales (1%), grasas y aceites (9%) y la categoría alimentaria “otros” (1%), que incluye carnes, frutas y azúcar Sin embargo, estos promedios ocultan la inestabilidad del período; por ejemplo, el maíz y el trigo bajaron sus precios en junio y luego aumentaron en la primera mitad de julio. Por su parte, el arroz se redujo entre febrero y mayo, pero a partir de entonces, aumentó de precio.
Desde la edición anterior de la Alerta sobre precios de los alimentos de abril de 2011, mejoraron las perspectivas de la oferta mundial de alimentos. El precio del trigo mostró una baja durante el último trimestre debido a la buena producción de invierno en Europa y Estados Unidos. Por otra parte, la mejor cosecha y el levantamiento de la prohibición de exportar el producto de la Federación de Rusia, junto con la suspensión de las cuotas de exportación de Ucrania, dinamizaron adicionalmente la oferta en los mercados internacionales. Asimismo, a pesar de las revisiones a la baja a la producción anticipada de maíz en Estados Unidos, debido a temperaturas inusualmente altas y escasas precipitaciones en julio en la región productora, se prevé que la producción mundial de cereales en 2011-12 superará en 3% la estimación para el período 2010-11 . También se esperan mejores resultados en Argentina y Brasil, donde los cultivos se vieron afectados de manera excepcional el año pasado por una sequía provocada por el fenómeno de La Niña.
No obstante, aún existen diversas fuentes de incertidumbre que llevan los precios en dirección opuesta. En primer lugar, las provisiones mundiales se mantienen extremadamente bajas. Por ejemplo, en el caso del maíz, la relación reservas-consumo alcanza hoy en día un 13%, la más baja desde comienzos de la década de 1970. Las reservas de trigo y arroz (elaborado) también continúan bastante por debajo de los niveles de fines de 1990 y comienzos de 2000. Si a ello sumamos el hecho que la materialización del rendimiento previsto depende de condiciones climáticas favorables en los principales países exportadores, el bajo nivel de las reservas ha generado una situación donde incluso pequeñas mermas en la producción pueden tener efectos amplificados sobre los precios . Otro factor que incrementa la potencial presión al alza sobre el precio del maíz es el desvío hacia la producción de biocombustibles. En los primeros cuatro meses del año, la demanda estadounidense de maíz para producir etanol aumentó en 8% respecto del mismo período el año pasado y esta tendencia se puede mantener debido a la incertidumbre que prevalece en el mercado energético .
En segundo lugar, los precios de productos básicos específicos, tales como los productos petrolíferos, el arroz y el azúcar, afectarán considerablemente la evolución de los precios mundiales de los alimentos en los meses venideros. En julio, los precios promedio del crudo (Brent) aumentaron en 10% respecto de los niveles observados en febrero. Las primeras dos semanas de agosto mostraron una tendencia a la baja, en parte debido a la creciente preocupación en torno a la economía mundial. Es probable que estos valores sigan inestables a corto plazo debido a dicha incertidumbre y a la situación política de Oriente Medio y Norte de África. En Brasil, la inquietud acerca de la producción de caña de azúcar, inferior a la prevista, generó un aumento de 29% en los precios del azúcar entre mayo y julio de 2011. Dado que el azúcar y los aceites vegetales en conjunto representan alrededor del 50% del Índice de precios de los alimentos del Banco Mundial, es probable que dicha inestabilidad tenga efectos inesperados sobre los precios de los alimentos en los próximos meses. Además, el reciente repunte del arroz, que aumentó en 11% durante el último trimestre, se desvía del descenso general percibido a partir de febrero y puede modificar este índice en el futuro inmediato.
Si bien los precios mundiales se han mantenido altos, sigue habiendo enormes fluctuaciones a nivel nacional. El traslado de los precios internacionales a precios internos es específico a los productos básicos y depende de múltiples factores propios de cada país, como el grado de integración de los mercados nacionales e internacionales, las condiciones de transporte y las políticas internas, por ejemplo, las tasas impositivas . Debido a estos elementos, los precios internos fluctúan bastante de un país a otro. Por ejemplo, en el período de 12 meses hasta junio de 2011, el maíz osciló entre alzas de 100% o más en los mercados de Kampala, Mogadiscio y Kigali hasta bajas de 19% en Puerto Príncipe y Ciudad México. Los precios internos del sorgo experimentaron incrementos anuales de hasta 180% en Somalia y reducciones de 37% en Jartum durante el año pasado. En el mismo período, los frijoles rojos aumentaron su precio en 130% en Honduras y disminuyeron en 11% en Guadalajara, México. Los precios del arroz experimentaron variaciones que registran aumentos de 25% en Colombia a bajas de 16% en los mercados brasileros, entre julio de 2010 y julio de 2011 .
Los precios nacionales de algunos alimentos básicos aumentaron bruscamente en América Central, América del Sur y África oriental. En esta última región, el precio del sorgo aumentó en 180% en Mogadiscio y el maíz registró alzas repentinas en Uganda (122%), Somalia (107%), Rwanda (104%) y Kenya (89%) el año pasado. Los precios del maíz y el trigo también subieron un 86% y 64%, respectivamente, en Etiopía en el mes de junio, en comparación con el año anterior. La carestía en esta región se debe principalmente a la pérdida de las cosechas ocasionada por una de las peores sequías en décadas, además de los conflictos y el desplazamiento en Somalia (consulte la sección siguiente). La disponibilidad de cereales en zonas específicas de Kenya, Etiopía y Somalia es muy baja y, junto con las restricciones a las exportaciones impuestas por los Gobiernos de Etiopía y Tanzanía, contribuye al alza de los precios en la región .
Los precios del maíz aumentaron en muchos países de América Central y América del Sur entre abril y junio de 2011, lo que responde al traspaso de los valores mundiales más altos en los trimestres anteriores y a la baja normal de la oferta local entre diferentes cosechas, además de la mayor demanda de maíz blanco producido en la región que ha reemplazado al maíz amarillo importado usado como alimento para el ganado . Las alzas más importantes se observan en República Dominicana (82%), Colombia (25%), Guatemala (23%) y Panamá (22%). En comparación con los niveles observados hace un año –en junio de 2010– el precio del maíz era significativamente más alto en República Dominicana (92%), Honduras (88%), Brasil (78%), Guatemala (77%) y Costa Rica (29%). En un intento por bajar los precios, Guatemala, por ejemplo, adoptó medidas para la importación de maíz blanco libre de impuestos desde junio a diciembre de 2011. En el caso de Honduras y Panamá, los frijoles, otro componente importante de la dieta local, aumentaron su valor en 130% y 60%, respectivamente, entre abril y julio de 2011. En Asia central, meridional y oriental, los precios internos del arroz y el trigo se mantuvieron estables o incluso bajaron en muchos mercados durante el trimestre que finalizó en junio. Sin embargo, en algunos países, los niveles continuaron significativamente más altos en comparación con el mismo punto el año pasado: el arroz siguió al alza en Pakistán (23%) y el valor del trigo se mantuvo alto en Kirguistán (81%), Georgia (38%), Sri Lanka (36%) y Mongolia (32%).
El alza sostenida del precio nacional de los alimentos ha contribuido de manera importante a la inflación general en varios países. En Etiopía, la inflación de los precios al consumidor subió a 38% en junio de 2011 (de un año a otro). Si bien influyó una serie de otros factores macroeconómicos, en particular la depreciación de la moneda etíope, el birr, que perdió 25% de su valor respecto del dólar estadounidense entre junio de 2010 y junio de 2011, la mayor parte de este aumento se debió al componente alimentario del índice de precios al consumidor (IPC), que se incrementó en 45% durante este período. Por otra parte, los precios de los alimentos fueron catalizadores decisivos de la inflación en China, donde los valores de la carne de cerdo, los camarones y el pescado registraron fuertes alzas en el último trimestre. La inflación de los precios de los alimentos en ese país alcanzó un 14,6% en el año anterior hasta junio de 2011. Algo similar ocurrió en Viet Nam (30,6%), pero a diferencia de China, el incremento no se debió a los cereales, sino más bien a productos locales como la carne, el pescado y las verduras. Tanto los factores relacionados con los mercados de la comida como los componentes macroeconómicos parecen haber desempeñado un rol crucial en la inflación de los alimentos de ambos países. No obstante, se espera que la inflación disminuya en un futuro cercano, a medida que mejore la oferta local y en el supuesto que se intensifique la política monetaria restrictiva para hacer frente a las vulnerabilidades macroeconómicas . La inflación de los alimentos aumenta progresivamente y se transmite a la inflación general, aunque en distintos grados, en países de América Central como Guatemala.
La crisis alimentaria y humanitaria en el Cuerno de África
Se calcula que más de 12 millones de personas necesitan ayuda humanitaria urgente en el Cuerno de África, según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCAH) . Todos los países de esta región –Somalia, Etiopía, Kenya y Djibouti– se han visto afectados, pero Somalia sufre las peores consecuencias. El número de personas gravemente aquejadas se estima en 4,8 millones en Etiopía, 3,7 millones en Somalia y Kenya y 165.000 en Djibouti. En el caso de Somalia, la falta de acceso a alimentos, la grave malnutrición y las enormes tasas de mortalidad motivaron a las Naciones Unidas a declarar oficialmente el estado de hambruna el 29 de julio de 2011 en dos regiones del sur: Bakool (zonas donde se vive de la agricultura y el pastoreo) y Bajo Shebelle (la totalidad del área). En agosto se declaró la hambruna en otros tres puntos: los distritos de Balcad y Cadale en Shabelle Medio y los asentamientos de desplazamiento interno en el corredor de Afgoye y Mogadiscio. La tasa global de malnutrición grave en algunas zonas supera el 40% entre los niños entre seis meses y 5 años de edad . Todas las demás regiones del sur se encuentran actualmente en estado de emergencia humanitaria, que es la etapa previa a la hambruna, y están en riesgo dadas las bajas expectativas de lluvias estacionales Gu (estación principal) y el acceso limitado de las organizaciones humanitarias. Otras zonas de preocupación en el Cuerno de África incluyen las regiones norte, sur y sudoriental de Etiopía, las regiones nordeste y sudoriental de Kenya y los campos de refugiados en Djibouti, Etiopía y Kenya. No se prevé que su actual estado de emergencia mejore a una situación de crisis (menos grave) antes de fines de 2011 .
Los precios nacionales de los alimentos se elevan en la región. El valor de los cereales en África oriental registró alzas desde febrero de 2011, tras las malas cosechas de la estación secundaria debido a la sequía. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) informa que estos precios aumentaron significativamente sus niveles de años anteriores y llegaron a cifras récord en Kenya, Etiopía y Somalia. Las expectativas negativas respecto del resultado de las cosechas de las estaciones principales de 2011, el aumento en los precios de los combustibles y el transporte y los altos precios internacionales del trigo importado aparentemente mantienen la carestía de los cereales . En Somalia, los precios de los cereales de producción local continúan aumentando en todas las regiones desde octubre de 2010 y superan ahora los niveles máximos alcanzados en 2008. Los valores de los dos productos básicos más importantes que se cultivan en la zona, el sorgo rojo y el maíz blanco, aumentaron de 30% a 240% y de 50% a 154%, respectivamente, en todas las regiones somalíes. Los productos importados como el arroz, el azúcar, la harina de trigo, el aceite vegetal y la gasolina, también están más caros que hace un año. En el caso del arroz, las alzas fueron más leves, entre 8% y 30% en los últimos 12 meses.
Como se esperaba, la inflación de los alimentos ha contribuido en gran medida al aumento en el costo de la vida en Somalia, además de deteriorar el poder adquisitivo de los consumidores. En junio de 2011, el IPC zonal aumentó en 6%–12% en las regiones sur, nordeste y central. Estas zonas experimentaron un alza de la inflación de 18% a 69% en comparación con junio de 2010. En el sur, la inflación escaló a niveles sin precedentes superando en 30% las máximas de 2008. No hubo cambios en el IPC del norte de Somalilandia, principalmente debido a la estabilidad de los precios de los cereales vinculada al buen nivel de oferta de 2010 .
Pero la hambruna no solo es resultado del repunte en los precios. El Gráfico 3 arroja luz sobre la carestía en algunas de las zonas más pobladas del país en las cuales se recopilan datos al respecto, comparando el alza de los alimentos básicos en Marka y Baidoa –zonas declaradas en estado de hambruna– con las fluctuaciones en Mogadiscio, una región que no sufre el flagelo. Los aumentos de precio no han sido sistemáticamente más altos en las zonas declaradas en estado de hambruna que en aquellas que no la padecen. El año pasado, el maíz blanco subió más en Mogadiscio que en Baidoa, mientras que el sorgo rojo experimentó más alzas en Mogadiscio que en Marka. Los incrementos de precio también variaron considerablemente entre los diversos productos básicos. Por ejemplo, tanto en el caso del sorgo como del maíz, el aumento anual en los precios nacionales superó el 100%, mientras que el valor del arroz importado subió en menos de 15%.
De hecho, las causas de la hambruna son muchas y persistentes, incluidos factores climáticos y provocados por el hombre. Es un hecho reconocido que el desastre se desencadenó por la prolongada sequía de las zonas áridas y semiáridas de la región. En Somalia, la falta de lluvias en Deyr (estación secundaria) entre octubre y diciembre de 2010 y una baja pronosticada en las precipitaciones durante Gu (estación principal) entre abril y junio de 2011, desembocaron en malas cosechas y pérdidas del ganado. No obstante, también influyeron otros factores. Somalia ha sufrido siete años de guerra civil y no cuenta con un gobierno central desde 1991. El Gobierno Federal de Transición, en funcionamiento desde 2004, no ejerce autoridad en todo el país. Además, otros elementos, como el desplazamiento, el malestar social, la piratería y la inestabilidad, contribuyeron a esta situación nefasta. Las crisis de la seguridad alimentaria han sido recurrentes en varias partes del país. Durante la conmoción más reciente de 2009, cerca de 3,2 millones de personas requirieron ayuda alimentaria debido al desplazamiento interno, los conflictos y la sequía . La misma combinación de causas es responsable de la actual catástrofe.
El desastre afectó a los más vulnerables. En Somalia, de 3,7 millones de personas en situación crítica, 3,2 millones sufren de necesidades urgentes y 2,8 millones de ellos se encuentran en el sur . Los agricultores pobres y las comunidades que viven de la agricultura y el pastoreo que carecen de reservas de cereales y no pueden comprar alimentos básicos se encuentran entre los grupos de la población más afectados, al igual que los desplazados, que no cuentan con una forma de sustento estable y enfrentan dificultades para acceder a comida. Casi 1,5 millones de somalíes son desplazados internamente, la mayoría de ellos en la región sur-central del país . Por otra parte, se estima que más de 800.000 refugiados viven fuera del país, la mayor parte en Kenya, la República del Yemen, Etiopía y Djibouti. Además, los pobres urbanos han visto gravemente mermado su poder adquisitivo y el acceso a alimentos tras el aumento del costo de la vida y los recortes salariales. En otras zonas del Cuerno de África, los más afectados son los pequeños pastores y agricultores, los desplazados y los pobres que viven en las ciudades.
Recuadro 1. Respuesta a la crisis
La devastadora sequía (que ha reducido la producción agrícola y acabado con el ganado), la carestía de los alimentos básicos y los conflictos y desplazamientos permanentes se han combinado para provocar una situación de emergencia humanitaria en África oriental. Ello ha aumentado la inseguridad alimentaria de más de 12 millones de personas y afecta sobre todo a los más vulnerables. La reunión de ministros realizada en Roma el 25 de julio de 2011, a solicitud de la presidencia francesa del Grupo de los 20 (G-20), se abocó a la crisis en el Cuerno de África y centró su atención en las necesidades urgentes de los más desvalidos. Con anterioridad, el Plan de acción sobre inestabilidad de los precios de los alimentos y agricultura del G-20 se refirió de manera específica a la necesidad de mejorar el acceso a alimentos seguros y nutritivos entre quienes más lo necesitan. Los altos niveles de los precios mundiales de los alimentos y el desastre humanitario que se registra en el Cuerno de África mostraron la urgencia de enfrentar los factores de largo plazo y estructurales que contribuyen a la inseguridad alimentaria, teniendo en cuenta el riesgo creciente de sequías recurrentes debido al cambio climático. Esta situación ha generado llamados para trabajar en pro de un enfoque más integrado que aborde la seguridad alimentaria, la pobreza y el fenómeno climático.
La reunión de emergencia que se realizó en Roma solicitó también recursos para las medidas que garantizarán la seguridad alimentaria a largo plazo en el Cuerno de África, incluidos gestión de conflictos, manejo de riesgos de desastre, acceso a salud y educación y mitigación y adaptación al cambio climático. El plan de respuesta del Banco Mundial destaca la necesidad de contar con mayor capacidad de adaptación a las sequías y recuperación del ganado y asistencia a los agricultores (en forma de transferencias en efectivo, semillas, fertilizantes y herramientas) para que reanuden los cultivos, además de programas que apoyen mejoras en materia de salud, nutrición, logística y agua y saneamiento. En concreto, se identificaron tres fases en los planes de respuesta para el Cuerno de Áfricaa: i) durante los primeros seis meses, llegar a los más vulnerables mejorando las redes de seguridad; ii) entre seis y 24 meses, centrarse en la recuperación económica mediante el restablecimiento de las formas de sustento, la producción agrícola y ganadera y la creación de capacidades de adaptación y preparación, y iii) después del segundo año, focalizarse en la capacidad de adaptación a las sequías, incluidas inversiones en cultivos resistentes a la falta de agua, instrumentos de financiamiento del riesgo y más inversiones en redes de protección social. De los recursos totales comprometidos hasta el momento (US$1.030 millones), US$870 millones se asignaron a gestiones de emergencia y el resto se destinó a objetivos de mediano y largo plazo. No obstante, se requieren más fondos para llenar la brecha estimada de US$1.450 millones a fin de conseguir los US$2.480 millones necesarios para financiar el programa completob.
a. “Drought in the Horn of Africa Response Plan” (Plan de respuesta a la sequía en el Cuerno de África), Hoja de datos básicos del Grupo del Banco Mundial, 28 de julio de 2011.
b. “Humanitarian Requirements for the Horn of Africa Drought; Djibouti, Ethiopia, Kenya, Somalia” (Necesidades humanitarias para enfrentar la sequía en el Cuerno de África; Djibouti, Etiopía, Kenya, Somalia), Naciones Unidas OCAH, julio de 2011.
Efectos distributivos de las crisis en los precios de los alimentos
En situaciones menos extremas que una hambruna, diferentes segmentos de la población de un país se ven afectados de manera distinta por un aumento en los precios de los alimentos. En Brasil, un estudio reciente del Banco Mundial (Ferreira y otros, 2011) estima que los pobres rurales, incluidos los trabajadores asalariados, perdieron menos debido a la carestía de 2008 que los grupos de ingreso mediano, quienes suelen ser consumidores netos de alimentos en las zonas urbanas. Por su parte, los ricos perdieron poco, ya que gastan una pequeña proporción de sus ingresos en alimentos. Ferreira y otros simulan que hasta un cuarto del incremento inicial en la pobreza extrema debido al alza en los precios podría haberse revertido por los beneficios que provienen de salarios más altos que se atribuyen a dicho aumento en los precios. Los programas sociales pueden ayudar a mitigar algunos de los efectos adversos sobre los más pobres. Por ejemplo, en Brasil, el incremento en las transferencias a niños a través de Bolsa Familia (un programa de transferencias monetarias condicionadas) y a beneficiarios del Beneficio de Prestacão Continuada (una pensión no contributiva en función de los medios de vida y prestaciones por discapacidad) pueden haber reducido la magnitud del impacto de la escalada de precios en la extrema pobreza .
Estos efectos dependen de factores que son propios de cada país y varían en consecuencia. El efecto adverso de la carestía de los alimentos sobre los consumidores netos puede mitigarse en la medida en que estos puedan reemplazarlos por alimentos más baratos, lo que a su vez depende de si el alza es permanente o inestable. Los productores netos de alimentos pueden beneficiarse con este incremento al conseguir un precio más alto por lo que venden en el mercado. Otros productores pueden aprovechar de cambiar sus cultivos a productos básicos cuyos precios están en alza, lo que podría ser más probable si, en lugar de estabilidad, hay una escalada en los precios. Los salarios también pueden aumentar después de un alza de los precios de los alimentos, en particular cuando el sector agrícola emplea trabajadores asalariados, lo que es más probable en las economías emergentes y avanzadas. Por último, si los Gobiernos utilizan redes de protección social para mitigar el impacto de la carestía, los beneficiarios de estos programas pueden ver que la pérdida inicial de su bienestar a causa del alza resulta parcialmente compensada. El grado en que esto sucede depende principalmente de la actual capacidad de las redes de seguridad y la calidad de los programas.
En última instancia, un programa integrado en materia de agricultura, seguridad alimentaria, pobreza y clima debe considerar todos los factores que son importantes para la vulnerabilidad a la carestía de los alimentos en un país, desde la capacidad de adaptación a las sequías hasta la disponibilidad de infraestructura y protección social para los más vulnerables. Una mejor comprensión de estos factores puede ser particularmente útil para identificar de manera apropiada a los países y a los segmentos de la población sujetos a riesgo más altos y permanentes de inseguridad alimentaria.
1. USDA, World Agriculture Supply and Demand Estimates, agosto de 2011.
2. Algunos países, como India, han tomado medidas destinadas a crear capacidad adicional de almacenamiento de cereales para alimento en el sector rural, incluidas subvenciones a almacenes y apoyo financiero a la inversión privada (Reseñas del país SMIA, FAO —India, mayo de 2011).
3. Administración de Información sobre Energía de Estados Unidos, Monthly Energy Review julio de 2011, tabla 10.3 Descripción general del etanol carburante.
4. Banco Mundial, Africa Pulse, tomo III, abril de 2011.
5. USAID, Price Watch, julio de 2011.
6. Ibíd.
7. Banco Mundial, Precios de los alimentos — Actualización Asia oriental y el Pacífico (EAP), julio de 2011.
8. Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCAH), Necesidades humanitarias para enfrentar la sequía en el Cuerno de África,julio de 2011.
9. La tasa global de malnutrición grave se define como el peso por la altura o el largo entre el percentil 70 y 79 de la distribución o entre las desviaciones estándar -3 y -2; menos de 12,5 centímetros de circunferencia braquial media-superior para niños de entre 6 y 59 meses (OMS, Management of Severe Malnutrition, 2003).
10. Unidad de Análisis de Seguridad Alimentaria y Nnutrición (FSNAU)/Sistema de Alerta Temprana para Casos de Hambruna (FEWSNET), “Somalia Dekadal Food Security and Nutrition Monitoring,” 25 de julio de 2011 (Anexo 1, página 6).
11. OCAH, Necesidades humanitarias para enfrentar la sequía en el Cuerno de África. 29 de julio de 2011.
12. FAO, Global Food Price Monitor, División de Comercio y Mercados, 8 de julio de 2011.
13. FSNAU, Somalia Quarterly Brief, “Focus on Post Gu Season Early Monitoring,” 20 de junio de 2011.
14. FAO, The State of Food Insecurity in the World (SOFI): Addressing Food Insecurity in Protracted Crises, 2010.
15. Unidad de Análisis de Seguridad Alimentaria y Nnutrición (FSNAU), Famine in Southern Somalia: Questions and Answers (http://www.fsnau.org/downloads/Famine-in-Southern-Somalia-Q%26A-July-2011.pdf , acceso 1 de agosto de 2011).
16. OCAH,Necesidades humanitarias para enfrentar la sequía en el Cuerno de África, julio de 2011.
17. F. H. G. Ferreira, A. Fruttero, P. Leite y L. Luchetti, “Alza de precios y el bienestar de los hogares”, Documento de trabajo sobre investigaciones relativas a políticas de desarrollo 5652, Banco Mundial, mayo de 2011.
18. Las transferencias por beneficiario por parte de Bolsa Familia y Beneficio de Prestacão Continuada aumentaron en 13% y 9%, respectivamente, en 2008, de acuerdo con los autores. Se estima que las transferencias redujeron el impacto sobre la pobreza extrema en 5%, lo cual es una subestimación, ya que las simulaciones no consideraron los aumentos en el número de beneficiarios (Ferreira, Fruttero, Leite y Luchetti 2011; consulte nota 17).
19. M. Ivanic, W. Martin y H. Zaman, “Estimación de los impactos a corto plazo en la pobreza del aumento repentino de los precios de los alimentos en 2010–11”, Documento de trabajo sobre investigaciones relativas a políticas de desarrollo 5633, Banco Mundial, abril de 2011.
20. Los 44 millones de personas pobres adicionales que resultaron del alza de los precios de los alimentos en el período 2010–11, según la estimación de Ivanic, Martin y Zaman (2011; consulte nota 19), tienen en cuenta los impactos positivos y negativos de dicha alza, de modo que el número final muestra el aumento neto en la pobreza. Dado que los precios mundiales de los alimentos no han experimentado repuntes en el último trimestre, no se esperan variaciones sustanciales en el número de pobres en el mundo.
21. J. Cuesta, S. Duryea, F. Jaramillo y M. Robles, “Efectos distributivos de la crisis de los precios de los alimentos en la región andina”, Journal of International Development 22 (7): 846–65.
fuente: Banco Mundial


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