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martes, 8 de noviembre de 2016

SAG levantó áreas reglamentadas por polilla del racimo de la vid en sectores rurales de Región del Bío Bío

Luego de verificar la ausencia, por seis ciclos biológicos,  de la polilla del racimo de la vid en sectores rurales de las comunas de Chillán, Bulnes y Quillón, el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) de Bío Bío levantó las áreas reglamentadas por la presencia de la plaga, beneficiando a 37 pequeños productores/as de uva y uno de arándanos.
En este sentido el director regional del SAG de Bío Bío, Jaime Peña Cabezón, informó que se trata de los sectores Quinchamalí de Chillán, Coltón de Bulnes y Queime de Quillón, con una superficie de 68,46 hectáreas de vid y 53 de arándanos, áreas en las que se aplicaron medidas para controlar y erradicar la plaga, entre las que se encuentra la instalación de emisores de confusión sexual, control químico y control del movimiento de uva, entre otras acciones.
“Esta es una muy buena noticia para la agricultura nacional, el trabajo conjunto del sector público y privado está comenzado a dar sus frutos, debemos  continuar con las acciones que estamos realizando para controlar esta plaga, especialmente las orientadas al sector urbano, zona en la cual es mayor la presencia de esta polilla en nuestra región”, dijo Jaime Peña.
Sobre la dispersión de la plaga en la región el directivo del SAG llamó a la comunidad regional a no  trasladar uva, leña de vid o restos de poda, sin la autorización del SAG, ya que ésta es una de las vías de mayor probabilidad de diseminación de la plaga.
A la fecha existen 81 áreas reglamentadas en las zonas rurales de la región, con una superficie de 4.257 hectáreas de vid, lo que representa el 30% de la superficie total de la región, involucrando a 1.676 productores de uva, mientras que en el caso de la producción de arándanos se encuentra reglamentada el 58% de la superficie total de la región, es decir, 2.156 hectáreas, las cuales pertenecen a 270 productores.

Esta plaga, originaria de Europa, ataca a los viñedos y su larva provoca un daño directo al alimentarse de los racimos, produciéndose una pudrición y deshidratación de las bayas, situación que hace disminuir la calidad del fruto y el rendimiento de la viña.