Archivo: LA CUESTIÓN SOCIAL .
“El hecho histórico más importante en nuestro cambio de siglo fue “la cuestión social”. Las clases trabajadoras campesinas, mineras y salitreras; artesanos, operarios fabriles y elementos medios más modestos se vieron sometidos a una presión aplastante. Confluyeron sobre ella un sinnúmero de problemas (económicos, sanitarios y salud y especialmente morales) que les fueron haciendo insoportable la existencia. Ni la clase dirigente ni el régimen político supieron hallar solución a estos sufrimientos. Aun, dieron un espectáculo de frivolidad, pequeñez e ineficiencia que no podía sino agudizar el padecer y la irritación de los trabajadores.
Peor todavía estos fueron sacrificados en muchos aspectos, por ejemplo, la inflación, a esa ineficacia y liviandad y a intereses minoritarios. Por último los sufrientes usaron la violencia contra la sociedad y la sociedad le respondió con la represión ( Valparaíso, 1903; Santiago, 1905; Antofagasta, 1906; Iquique, 1907; Magallanes, 1919 y 1920).
Violencia y represión fueron el paso posterior en la ruptura definitiva de la unidad nacional. Llegó ahora el quiebre del consenso político y social.
Una enorme mayoría numérica-los trabajadores- perdió y con suficiente motivo el concepto de la solidaridad nacional y la confianza en el patrón, el cura y el “cacique” como consuelo y providencia de las desgracias. Esta actitud arrastró a sectores medios más pudientes-intelectuales, artistas, profesionales- pero autoindentificados con el pueblo. Atizaron la hoguera tanto el clima revolucionario que el mundo vivía, como la influencia ejercida por las doctrinas que alimentaban ese clima y por los agitadores chilenos y extranjeros que las difundían.
Y si bien, ante esto, reaccionaron los partidos tradicionales, la Iglesia y sectores afines y hasta personeros destacados de las clases dirigentes, estudiando la “cuestión social” para resolverla mediante la ley, tal movimiento fue tardío y exiguo. Tampoco aprovechó la innegable habilidad del establishment político para asimilar a los “partidos populares” y conquistarse sus líderes. De todos modos y desde los sangrientos motines recién indicados, la masa trabajadora ya no se sintió parte del régimen político, social, sino enemigo suyo.”
Gonzalo Vial: “Historia de Chile”, Santiago de Chile 1981, Tomo II, Volumen I, pp 496
Peor todavía estos fueron sacrificados en muchos aspectos, por ejemplo, la inflación, a esa ineficacia y liviandad y a intereses minoritarios. Por último los sufrientes usaron la violencia contra la sociedad y la sociedad le respondió con la represión ( Valparaíso, 1903; Santiago, 1905; Antofagasta, 1906; Iquique, 1907; Magallanes, 1919 y 1920).
Violencia y represión fueron el paso posterior en la ruptura definitiva de la unidad nacional. Llegó ahora el quiebre del consenso político y social.
Una enorme mayoría numérica-los trabajadores- perdió y con suficiente motivo el concepto de la solidaridad nacional y la confianza en el patrón, el cura y el “cacique” como consuelo y providencia de las desgracias. Esta actitud arrastró a sectores medios más pudientes-intelectuales, artistas, profesionales- pero autoindentificados con el pueblo. Atizaron la hoguera tanto el clima revolucionario que el mundo vivía, como la influencia ejercida por las doctrinas que alimentaban ese clima y por los agitadores chilenos y extranjeros que las difundían.
Y si bien, ante esto, reaccionaron los partidos tradicionales, la Iglesia y sectores afines y hasta personeros destacados de las clases dirigentes, estudiando la “cuestión social” para resolverla mediante la ley, tal movimiento fue tardío y exiguo. Tampoco aprovechó la innegable habilidad del establishment político para asimilar a los “partidos populares” y conquistarse sus líderes. De todos modos y desde los sangrientos motines recién indicados, la masa trabajadora ya no se sintió parte del régimen político, social, sino enemigo suyo.”
Gonzalo Vial: “Historia de Chile”, Santiago de Chile 1981, Tomo II, Volumen I, pp 496
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