RESCATANDO DEL OLVIDO A “MUCKI” :DORA MAGDALENA MARÍA KOEPPEN MAISAN LA PRIMERA AUXILIAR DE VUELO DE LAN CHILE
RESCATANDO DEL OLVIDO A “MUCKI” :DORA
MAGDALENA MARÍA KOEPPEN MAISAN LA
PRIMERA AUXILIAR DE VUELO DE LAN CHILE
Agradecemos al Museo Nacional Aeronáutico y del
Espacio, por autorizarnos a publicar este artículo, que es muy interesante , porque recoge la vida de una
olvidada figura del pasado en la historia de la aviación chilena: Dora
Magdalena María Koeppen Maisan, más conocida como “Mucki”, protagonista de un
hecho histórico y que “En su memoria, el Instituto de Investigaciones Histórico
Aeronáuticas de Chile estableció el 7 de octubre como el “Día de la Auxiliar de
Vuelo”, el que poco después Lan-Chile instituyera como “Día del Tripulante de
Cabina” de la empresa”.
Que tengan un buen día domingo. Un abrazo
DOCUMENTO N° 1 “MUCKI”
Por Sergio Barriga Kreft, Instituto de
Investigaciones, Histórico Aeronáuticas de Chile
Nacida en Antofagasta el 21 de Enero de 1918 en el hogar formado por Hermann
Gustavo Koeppen y Dora Luisa Maisan de Koeppen, cuando contaba con dos años de
edad Dora Magdalena María Koeppen Maisan tuvo la desgracia de perder a su padre.
Su madre viuda se trasladó entonces a Comuy en
las cercanías de Temuco, donde el 30 de Enero de 1921 la pequeña Dora fue
bautizada según el rito de la Iglesia Evangélica Luterana, siendo sus padrinos
Rudolf Maisan y Wilhelmine Lühr.
En 1928 su madre casó en segundas nupcias con
Guillermo Schoneweg Sowitzky, ingeniero titulado en Alemania, quien se
desempeñaba como profesor en la Escuela Industrial de Temuco. Por ello, durante
un tiempo, llevó el apellido de su padrastro, retomando posteriormente el de su
progenitor.
Su interés por los aviones se fue despertando
poco a poco al leer libros y artículos técnicos relacionados con la aviación,
los que aquel traía para sus alumnos y con los cuales ellos fabricaban pequeñas
maquetas de los aparatos en aquel tiempo en uso.
Por ello, tras rendir satisfactoriamente su bachillerato
en matemáticas, sus preferencias se orientaron a una carrera relacionada con la
aviación, meta que no pudo concretar debido a que en aquellos años en nuestro
país las mujeres aún no tenían acceso a dicha actividad en forma profesional.
Sin desanimarse, al contar con la edad
necesaria, en 1939 ingresó al Club Aéreo de Temuco, el segundo más antiguo en
el país, fundado en 1929 y que producto de la grave crisis de los años treinta
había caído en una profunda recesión que lo tuvo al borde de su disolución.
Junto a ella lo hicieron poco después otras dos
damas, María González Parodi, esposa del Teniente 1º René González Rojas e
Irene Paetz Stockmeyer, todas las cuales serían grandes aviadoras y dejarían un
lindo recuerdo de su paso por las alas chilenas.
Afortunadamente para ellas, ese año había sido
nombrado Comandante de la Segunda Brigada Aérea y Jefe de la Cuarta Zona Aérea,
con asiento en Temuco, el entonces Comandante de Grupo (RA) Manuel Tovarias
Arroyo, quien de acuerdo a las disposiciones reglamentarias vigentes, asumió
también la presidencia del club, reorganizó la entidad alada de La Frontera,
tramitó su personalidad jurídica y le dio el impulso necesario, rescatándola
del estado de postración en que se encontraba.
Quiso el destino que ese mismo año, fuera
nombrado comandante del Grupo de Aviación Nº3, también con asiento en Temuco,
el Comandante de Escuadrilla (RA) Mario Barros Ortiz y como oficial de la
unidad el Teniente 1º (RA) René González Rojas, quienes secundaron con
entusiasmo al Comandante Tovarías en su labor en pro del fomento de la aviación
civil deportiva, incentivando el ingreso
de mujeres al club aéreo.
Recordemos que allí, en 1929, se había formado
la segunda mujer piloto de Chile, Viola Blackburn Melin, quien fuera una
reconocida y entusiasta aviadora, destacándose por sus condiciones de pilotaje,
participando en numerosos campeonatos y raids, donde obtuvo siempre los
primeros lugares. Casada posteriormente con Peter Norman, ciudadano inglés, se
fue a vivir a Inglaterra, país donde falleció en 1969.
Fue así como bajo la atenta mirada de sus
instructores, primero el Comandante Mario Barros y luego los Tenientes Alfredo
Carrere Lizasoaín y René González, en los únicos aviones del club, dos gastados
De Havilland Gipsy Moth, sobrantes de la época del correo aéreo, las tres
jóvenes fueron adentrándose en el arte de volar.
Lamentablemente, el Teniente Carrere y su
alumno Rafael Hodges Neira, perderían la vida el 5 de octubre de ese año, al
estrellarse en Maquehue uno de esos biplanos, con lo cual la escasa dotación se
redujo a un solo avión.
Al decir de María González, era común que de
cada dos vuelos, uno terminara en emergencia por falla de su gastado motor.
Esto ya no sorprendía a las alumnas, que se acostumbraron a volar atentas al
funcionamiento del motor, teniendo siempre a la vista un potrero donde
aterrizar y permanecer ahí en espera que desde la Base Maquehue las vinieran a
auxiliar.
No obstante, la instrucción siguió su curso
hasta que el 3 de febrero de 1940 Dora Koeppen fue la primera de ellas en
obtener su brevet de piloto.
Ese día, “Mucki”, ( así lo escribía ella,
aunque en la mayoría de los artículos de la época se la denominaba “Mucky”),
como cariñosamente era llamada desde pequeña, se presentó ante la comisión
nombrada por el Club Aéreo de Chile, la que estaba integraba por el Comandante
de Grupo (RA) Carlos Montecino Asenjo, quien en el intertanto había asumido la
presidencia del Club Aéreo de Temuco, el Comandante de Escuadrilla (RA) Mario
Barros Ortiz, vicepresidente del Club y el director de esta entidad Señor
Hernán Ciudad V.
Completaba la comisión el Teniente González,
designado por la Dirección de Aeronáutica.
Constituyendo este hecho todo un acontecimiento
en la ciudad de La Frontera, lo más representativo de la sociedad local se dio
cita en la Base Aérea Maquehue, contándose entre otros al Prefecto de
Carabineros, Coronel don Egidio Moscoso Ayar y al Auditor General de
Aeronáutica Comodoro Edelberto Alcaíno Quijada.
En aquella oportunidad, Mucki rindió un
brillante examen, demostrando especial pericia en los “ochos flojos”, virajes
escarpados y aterrizajes de precisión.
Al término del mismo fue agasajada con un
cocktail en el casino de oficiales del Grupo de Aviación Nº 3, durante el cual
se leyó el Acta de Examen levantada por la Comisión Examinadora y que
establecía:
“En Maquehue, a tres días del mes de febrero de
mil novecientos cuarenta, en cumplimiento a la autorización dada por radio
S/Número, de fecha 30 de enero del año en curso, del Club Aéreo de Chile, se
reunió la Comisión Examinadora compuesta por el presidente del club, Comandante
de Grupo don Carlos Montecino, que la presidió, por el vicepresidente,
Comandante de Escuadrilla don Mario Barros 0. y el director señor Hernán
Ciudad, actuando como delegado de la Dirección de Aeronáutica, el designado en
propiedad, Teniente 1º Sr. René González R., y se procedió a tomar examen para
optar al título de piloto de turismo, a la señorita Dora Koeppen Maisan, de
acuerdo con los Estatutos del Club Aéreo de Chile Pág. N° 32, Art. letras a),
b) y c), habiendo obtenido el siguiente resultado:
1.- Pruebas prácticas de vuelo, aprobada (9)
2.- Conocimientos generales, aprobada (8)
3.- Conocimientos técnicos, aprobada (8)
En la tarde de ese día, Mucki ofreció un picnic
en los alrededores de la Base al personal de suboficiales del Grupo de Aviación
Nº 3, agradeciendo a nombre de los mecánicos el Suboficial Eleodoro Sandoval.
Desde aquel entonces, por años su vida estaría
ligada a las alas de la patria.
Por esos avatares del destino, ese mismo día
después del examen, otro socio del club salió a volar en el único Gipsy Moth
existente y queriendo demostrar sus habilidades de piloto terminó estrellado en
una quinta aledaña a la Avenida Alemania de Temuco, lo que causó la destrucción
total del aparato.
Con ello, el club quedó sin material de vuelo,
lo que junto con la destinación a Santiago del Teniente René González y su
esposa, motivó a las otras dos muchachas a trasladarse también a vivir a
Santiago e ingresar las tres al Club Aéreo de Chile, donde tanto Irene Paetz
como María González completaron su instrucción de vuelo, destacándose todas por
su entusiasmo y capacidad, participando en cuanto raid o vuelo de importancia
efectuara la entidad de las alas deportivas.
Asimismo, velando por su sustento, Dora Koeppen
entró a trabajar a la National Cash como secretaria del gerente de la empresa,
e Irene Paetz a la Caja de Crédito Minero.
Se acostumbraba por aquellos años, plena época
de la Segunda Guerra Mundial, que en los aviones de la línea aérea
norteamericana PANAGRA, a su paso por territorio nacional, integrara la tripulación
en calidad de “Oficial de Ruta”, un aviador chileno, el que debía verificar que
en todo momento la tripulación se ajustara al plan de vuelo aprobado por la
autoridad aeronáutica nacional.
Por sus condiciones de piloto, Mucki tuvo el
honor de ser designada como la primera mujer que cumpliera dicha tarea.
El 7 de julio de 1941 en un Douglas DC-3 de
PANAGRA le correspondió hacer el tramo Santiago- Antofagasta.
Su arribo a su ciudad natal fue recibido con
especiales muestras de simpatía, mereciendo destacada cobertura en El Mercurio
de Antofagasta.
Por su parte el directorio del Club Aéreo de
Antofagasta, por entonces en formación, con su presidente a la cabeza, el
Capitán de Bandada (RA) Alfonso Scheihing Ritter, le ofreció una espléndida
manifestación en la Quinta Cassale.
Al día siguiente, una vez más como Oficial de
Ruta, embarcaba en el
avión de itinerario que venía desde los Estados
Unidos, retornando a Santiago.
Ella no olvidaría a sus camaradas del aire
antofagastinos.
Fue ese mismo año de 1941, en que dado el
estado de postración en que se encontraba la aviación deportiva nacional, a
instancias del Club Aéreo de Chile, el Presidente de la República don Pedro
Aguirre Cerda, dispuso que la tradicional colecta que anualmente para el
natalicio de O´Higgins se realizaba con fines benéficos, ese año estuviera
destinada a allegar fondos para las alas deportivas.
Queriendo que tuviera un nombre netamente
aeronáutico, el 20 de agosto se llamó a la generosidad ciudadana bajo el lema
“Alas para Chile”, la que fue más conocida como Campaña Alas para Chile, por el
sinnúmero de actividades que en el marco de ella ese año se realizaron.
Si la comparamos con algo similar a nuestra
época, diríamos que fue una Teletón en beneficio de los clubes aéreos.
Actividad en la cual dentro de sus más
entusiastas impulsores se encontraban Mucki, Irene Paetz y María González,
quienes sin descanso trabajaron junto al Capitán Enrique Flores Álvarez, nervio
y motor de la cruzada, al Comandante de Lan Arturo Prado Orozco, “El tata
Prado”, como cariñosamente se le conocía en el ámbito aeronáutico, a Antonio
Marín Cuartero, autor del lema de la campaña, a Rolando Ahumada Fernández, a
Alberto Morera, los hermanos Valdovinos, a Clodomiro Figueroa, a Raúl Fabres Pinto,
a Eugenio Covacevic C. y a tantos otros grandes de la aviación nacional ya
desaparecidos, logrando un éxito como ni ellos mismos vislumbraron cuando
dieron inicio a la misma, obteniendo entre otras cosas la entrega a los clubes
aéreos de 150 aviones nuevos.
Un año después, aún bajo el impulso de Alas
para Chile, el 6 de diciembre de 1942, junto a la puerta de acceso al
Aeropuerto Los Cerrillos, se procedía a inaugurar un monolito en memoria de
César Copetta Brossio. Primer aviador que en 1910 volara en Chile y que
precisamente en ese mismo lugar perdiera su vida el 27 de octubre de 1940 en un
lamentable accidente de aviación.
Como parte del acto recordatorio se contemplaba
una misa de campaña oficiada por el capellán de la Fuerza Aérea Romelio Carreño
Atenas y el lanzamiento de una ofrenda floral sobre el monolito, desde un avión
del Club Aéreo de Chile
Misión que fuera encomendada a Mucki,
acompañada del socio del club Rolando Ahumada Fernández, el recordado “Rolito”
Ahumada.
En el instante mismo en que el Teniente René
González, Secretario del Club y el Adicto Aéreo a la Embajada de Francia en
Chile, Coronel Mirizón, procedían a descubrir el monolito que se encontraba
engalanado con las banderas de Chile y Francia, el ramo de flores caía sobre
él.
Tal demostración de pericia, por su significado
y emotividad, impresionó hondamente a los asistentes.
Posteriormente todos se trasladaron a la sede
del Club Aéreo de Chile ubicada en el costado sur del aeropuerto, donde
mientras la banda de la Fuerza Aérea interpretaba el himno de la aviación
civil, se concedió a Dora Koeppen el honor de izar por vez primera en Chile, en
el mástil de la entidad, un hermoso gallardete triangular dividido en dos
campos, azul y blanco, luciendo al medio una estrella blanca, un cóndor con sus
alas extendidas y la frase “Club Aéreo de Chile”.
En una entusiasta improvisación, el Teniente
González indicó que el azul representaba el cielo patrio, el blanco las nieves
eternas de la cordillera y el cóndor las ansias de espacio y de dominio de esas
montañas de todos los aviadores chilenos.
Gallardete que durante años fuera el emblema
oficial que representaba sin excepción a todos los clubes aéreos del país y que
lamentablemente, con el transcurso del tiempo caería en el más completo olvido,
confeccionando cada entidad el suyo propio.
Una muchacha tan famosa no podía pasar
desapercibida para el célebre pintor húngaro Ladislado Cseney, aeromodelista de
renombre y gran amigo de los aviadores civiles.
Lazlo Cseney como acostumbraban llamarlo, llevó
la imagen de Mucki a la tela, plasmándola en un cuadro que mereció elogiosos
comentarios de los críticos de arte y del público asistente a las exposiciones
del Salón Nacional, donde obtuvo el premio Club de la Unión y de la Sala Banco
de Chile.
De ello quedó recuerdo también en el Noticiario
Chileno I.C.E. Nº79 que con maestría filmaran Luis Caroca y Ricardo Younis.
Se cuenta, aunque ello nunca pudo ser
confirmado, que durante años aquella pintura engalanó el salón del casino de
oficiales del Grupo de Aviación Nº 3 en Temuco.
En la actualidad, una copia de ella está en
poder de la familia.
Hoy en día se considera algo normal que toda
línea aérea de cierta importancia incluya dentro de su tripulación de cabina a
dos o más hostesses, cuya presencia dentro del avión contribuye a hacer más
agradable el viaje, proporcionando tranquilidad y bienestar a los pasajeros.
¿Qué hombre, que se precie de tal, se atreverá
a demostrar temor, aunque el avión se zarandee por efectos de la turbulencia,
si una simpática hostess con su mejor sonrisa le pide que abroche su cinturón
de seguridad?.
Junto con nacer el concepto de “su majestad el
pasajero”, las principales empresas aéreas del mundo contrataron bellas y
atractivas jóvenes para que desempeñaran tal labor. Fue aquella una medida
psicológica y a la vez práctica.
Psicológica, por cuanto si el público veía a
aquellas muchachas subir sonrientes a los aviones, significaba que el
transporte aéreo era algo seguro y de no temer.
Práctica, por cuanto los pilotos, el ingeniero
de vuelo y el radiotelegrafista podían dedicarse a sus tareas específicas,
desligándose de la atención de los pasajeros.
En nuestro país, con la llegada en la década
del treinta de los trimotores Ford de Línea Aérea Nacional, se estableció como
norma el entregar durante el vuelo a cada pasajero una pequeña caja de cartón
conteniendo una presa de pollo, un huevo duro, unos sandwiches y una fruta.
Ello ayudaba a hacer menos tediosos los largos
vuelos sobre el territorio nacional en aquellos lentos aviones de aluminio
corrugado.
Encargados de repartir estas cajitas eran los
copilotos o los mecánicos de a bordo.
Sin embargo, aquel gesto amable no siempre fue
bien comprendido y en más de una ocasión un nervioso y airado pasajero descargó
sus iras en el copiloto, gritándole que regresara a la cabina a tomar el
control del avión, en vez de andar repartiendo cajitas de cartón.
Simpáticas anécdotas de una época en que
comenzaba a escribirse la historia del transporte aéreo comercial en nuestra
patria.
A mediados de 1943, la Línea Aérea Nacional,
producto del Lend Lease Act de los Estados Unidos de Norteamérica, incorporó a
su flota tres modernos aviones Lockheed Lodestar C-60, lo que obligó a
reorganizar su Servicio de Transporte, creándose a instancias del Comodoro
Rafael Sáenz Salazar, a la sazón al mando de la empresa, el Servicio de
Auxiliares a Bordo.
Para tal efecto, asesorado por don Ignacio
Rodríguez, don Guillermo Piola de la Puente y del periodista Ernesto Silva
Román, todos altos ejecutivos de la empresa estatal, se abocaron a buscar una
joven que gustara de la aviación y tuviera el temple y carácter para desempeñar
tales funciones. Si ello daba buenos resultados, el nuevo servicio sería una
realidad.
Buscando y consultando opiniones en el ámbito
aeronáutico, sus preferencias se orientaron por Dora Koeppen, quien se
desempeñaba en el área de contabilidad del Club Aéreo de Chile.
Piloto con 250 horas de vuelo registradas en su
bitácora, al igual que Irene Paetz, era una reconocida acróbata del aire,
admiradora del comandante de LAN Jorge Verdugo Correa y del destacado aviador
civil Aladino Azzari López, amante de las flores que cultivaba con deleite y
entusiasta de la música de Wagner, era poseedora de una cultura superior.
La selección estaba hecha y el 15 de Septiembre
de ese año, con un sueldo de $ 1.560 mensuales, Mucki fue contratada como la
primera auxiliar de vuelo de LAN, u hostess como se las denomina
internacionalmente, dándose inicio a su preparación como tal.
En el intertanto, el 18 de Septiembre de 1943,
un Lodestar a los mandos de los comandantes César Lavín Toro y Héctor
Lopehandía Collado, realizaba el vuelo inaugural del nuevo material hacia
Antofagasta, efectuando el trayecto en poco más de tres horas, el que más
adelante se extendería hasta Arica con escala en Iquique. A su regreso, el día
19, sin estar programado y por propia iniciativa, los pilotos sobrevolaron a
baja altura la elipse del parque Cousiño durante la parada militar, como homenaje
de la aviación comercial chilena a las Glorias del Ejército. Gesto que fue muy
bien comprendido por las autoridades y público asistente al desfile, quienes
pudieron apreciar las características del nuevo material de vuelo de la línea
aérea nacional.
El 7 de Octubre de 1943, LAN finalmente daba
inicio oficial al Servicio de Auxiliares a Bordo, con Mucki como tripulante del
Lodestar de itinerario que al mando del comandante Alfonso Cuadrado Merino
cubría la ruta Santiago-Antofagasta.
A pesar de lo importancia que ello investía
para la aviación chilena, en general la prensa nacional fue más bien parca en
sus elogios, excepto el diario La Nación del 9 de Septiembre y una revista de
circulación nacional, que resaltaron la general complacencia de los pasajeros
por este nuevo servicio, alabando las bondades del excelente buffet servido en
vuelo y las gentiles atenciones de la auxiliar de vuelo.
Pronto ella se ganó el aprecio y la confianza
de los pilotos de la empresa. De espíritu alegre y jovial cumplía en forma
excelente su labor, atendiendo a los pasajeros. Atenta a solucionar cualquier
detalle y a satisfacer sus deseos, ya fuera una bebida, un analgésico, un juego
de cartas, o responder sus inquietudes, regularmente llegaba hasta la cabina a
inquirir detalles del vuelo, los que comunicaba a los pasajeros.
Asimismo, al igual que los pilotos, debió
aprenderse al detalle los nombres de todos los cerros y puntos importantes de
la ruta al norte y a interiorizarse del informe meteorológico antes de cada vuelo.
De gran presencia de ánimo, contribuía a calmar los espíritus cuando las
condiciones meteorológicas se tornaban
un tanto adversas.
Al decir de los antiguos pilotos de LAN, su
incorporación a los servicios de la empresa fue todo un acierto.
A comienzos de 1944, un violento sismo destruyó
la ciudad de San Juan en Argentina, y la Línea Aérea Nacional, por disposición
del Supremo Gobierno puso su flota de aviones Lodestar C-60 al servicio de las
autoridades del país trasandino, para ir en auxilio de los damnificados.
Al mando del comandante Eduardo Lazo Preuss, el
Lodestar 503 se preparó para iniciar vuelo desde Santiago a Mendoza. Integraban
también la tripulación, el copiloto Eduardo von Bischoffshausen, Mucki como
auxiliar de vuelo y el mecánico Fernando Mella Ulloa, quienes estaban
conscientes de la responsabilidad que se les encomendaba.
No obstante, al momento de subir al avión se le
comunicó que por disposición superior, debía ceder su puesto al consejero de la
empresa, Alberto Cumplido Ducos, quedando ella en Los Cerrillos, viendo con
pesar como el bimotor enfilaba hacia la cordillera rumbo a la Argentina.
Sin comprenderlo, el destino había querido
cambiar su suerte.
El 20 de Enero, el Lodestar 503 al despegar
desde Mendoza a San Juan transportando la ayuda solidaria, al parecer por
problemas de estiba de la carga, se precipitó a tierra falleciendo todos sus
ocupantes. Accidente que causó hondo pesar tanto en Chile como en Argentina, al
ofrendar los tripulantes sus vidas en aras de la hermandad entre ambas
naciones.
Por aquel entonces, como primeros resultados de
la célebre Campaña Alas para Chile se encontraba en pleno proceso la
distribución de 30 aviones Aeronca modelo L-3B con motor de 65 HP, adquiridos
para los clubes aéreos.
Uno de ellos, el CC-33 había sido asignado el
año anterior al recientemente creado Club Aéreo de Antofagasta, el que esperaba
con impaciencia su entrega para iniciar la formación de sus primeros pilotos.
Encargado de trasladar en vuelo el pequeño monomotor
hasta la nortina ciudad fue el Subteniente de la Fuerza Aérea Ricardo Berardi,
quien el 11 de octubre de 1943, por una falla de motor mientras volaba entre La
Serena y Vallenar se vio obligado a aterrizar de emergencia en la quebrada de
Pajonales en las cercanías de Domeyko.
A consecuencias de ello, el piloto resultó
herido de mediana gravedad y el avión destruido casi por completo.
Ello motivó a que la Dirección de Aeronáutica
asignara otra aeronave similar a la nortina entidad, encontrándose con la
dificultad que no hubo interés entre los pilotos civiles en trasladar el avión
al norte en vista de lo sucedido al oficial de la Fuerza Aérea y por una ruta
tan larga y carente de los recursos más elementales.
En conocimiento de ello y motivada por sus
ansias de aventura y amor al vuelo, Mucki se ofreció para trasladar hasta
Antofagasta el flamante Aeronca.
Por comunicación dirigida al Jefe del
Departamento de Operaciones de LAN, con fecha 7 de Marzo, solicitó cuatro días
de permiso para ausentarse del servicio. Al día siguiente, por Orden de
Servicio Nº286 firmada por el Vicepresidente Ejecutivo Accidental de Línea
Aérea Nacional, don Guillermo Piola de la Puente, ese permiso le fue concedido.
En tres días y haciendo escalas en Quintero,
Ovalle, La Serena, Copiapó y Taltal, el lento Aeronca matrícula CC-XAD Nº CC-32
llegó a Antofagasta, donde los socios del club aéreo la recibieron como heroína
colmándola de atenciones.
Recordaba ella con simpatía, que el día 9 de
Marzo antes de partir, mientras desayunaba en el casino del aeropuerto Los
Cerrillos, junto a los pilotos de LAN que se aprestaban a realizar los vuelos
de itinerario, en medio de las bromas y consejos, el comandante Hernán Mujica
Bordalí le había dicho: “...mira Mucki, ándate bajito y despacito... así
llegarás”.
Su último recuerdo de la partida, fue cuando ya
en el aire, al pasar frente al edificio terminal del aeropuerto, vio al jefe
del campo aéreo el Comodoro Manuel Francke Mariotti agitando sus manos en señal
de despedida.
Con la recepción del avión, el Club Aéreo de
Antofagasta pudo finalmente dar inicio a sus actividades y pronto estuvo en
condiciones de brevetar a sus primeros pilotos.
El viaje de ese pequeño monomotor amarillo de
tela, concitó enorme interés periodístico y fue objeto de gran cobertura en la
prensa nacional. Incluso la Viña Concha y Toro, embotelladores autorizados de
Coca-Cola dio publicidad a un aviso de la popular bebida, con la imagen de
Mucki, haciéndole reclame al término de aquel raid en que había desafiado a la
montaña, al mar y al desierto.
Aviso que tiempo después fue modificado,
cambiando la imagen de Mucki por el de una mujer en tenida de piloto de combate
de la Segunda Guerra Mundial.
A su regreso a Santiago la superioridad de LAN
la recibió con un cocktail en el casino del Aeropuerto Los Cerrillos y dispuso
dejar constancia del vuelo en la hoja de vida de la auxiliar.
El abogado Carlos Mondaca, integrante del
famoso conjunto Los Cuatro Huasos, fue uno de los que leyeron todo lo relativo
a este vuelo y lleno de asombro se dijo: “¡Tengo que conocer a esa muchacha!”.
No imaginaba que sus deseos pronto se verían
cumplidos.
Al poco tiempo le correspondió realizar un
viaje a Iquique preparando la campaña del candidato a diputado por Tarapacá,
Luis Undurraga Correa y para tal efecto utilizó los servicios de LAN.
Cuál no sería su sorpresa cuando al subir al
avión comprobó que la auxiliar de vuelo no era otra que Mucki.
En un viaje tan largo pronto trabó amistad con
ella y luego le enseñó la letra de aquella canción tan de moda en esa época,
“Yo vi un león”. Al llegar al aeródromo de Cavancha en Iquique, ante el asombro
y sonrisas del resto de los pasajeros, Carlos Mondaca y Mucki cantaban a dúo
“tenía cola de león, pero no era león”.
Mientras permaneció en Iquique, cada vez que a
ella correspondía la ruta Santiago-Arica le llevaba de regalo los diarios de la
capital, los que Mondaca y sus correligionarios leían con avidez.
Ya de regreso en Santiago, nació entre ellos un
romance y juntos combinaban almuerzos en El Crillón, con vuelos los fines de
semana en un biplano Fleet del Club Aéreo de Chile que Mucki piloteaba.
Los domingos, generalmente iban en el avión a
almorzar al fundo Carmen Bajo en Melipilla, donde se había filmado parte de la
película “Flor del Carmen”, en la cual Carlos Mondaca había sido primer actor
junto a la actriz Kika.
Como el biplano no tenía partida automática,
ella le había enseñado a lanzar la hélice y así juntos disfrutaban de
agradables vuelos, continuando en las tardes a Rancagua donde tomaban onces.
El 28 de Abril de 1945, contrajeron matrimonio
y siguiendo las regulaciones vigentes en ese entonces que establecían que las
auxiliares de vuelo debían ser solteras, el 31 de Mayo Dora Koeppen Maisan muy
a su pesar, debió dejar de prestar servicios en la Línea Aérea Nacional.
Al momento de su partida una conceptuosa nota
del Vicepresidente Ejecutivo, Comodoro del Aire Rafael Sáenz Salazar, “Junto
con lamentar muy de veras su alejamiento y agradeciéndole altamente su
cooperación abnegada y entusiasta”, hacía votos de prosperidad en su nuevo
estado civil.
En el intertanto, en 1944 la Línea Aérea
Nacional, dado el éxito que había tenido el ingreso de Mucki a la empresa,
había contratado también como auxiliares de vuelo a las señoritas Gabriela Lira
Groft y María Palacios P., las que tras un corto entrenamiento, se integraron al
Servicio de Auxiliares a Bordo.-
Interesante es recalcar esto, dado que muchos
años más tarde, personas que sin aportar antecedente alguno, se han permitido
afirmar que aquellas fueron las primeras auxiliares de vuelo que tuvo LAN y que
el paso de Mucki por la empresa, de un año y ocho meses como auxiliar de vuelo,
fue algo circunstancial y de muy corta duración.
El autor de este trabajo, mientras trabajó en
la Asesoría Histórica de Lan-Chile, tuvo acceso a toda la documentación
histórica de la compañía y puede dar fe de que lo que aquí se menciona se
ajusta estrictamente a la realidad.
Lamentablemente ya privatizada la empresa,
cuando el suscrito quiso volver a revisar los archivos históricos, oficialmente
se le respondió que todo aquel material había sido entregado a la Corfo,
corporación donde en ese entonces nunca pudo ser ubicado, perdiéndose todo rastro
de algo que era patrimonio de la aviación chilena toda.
Años más tarde, en la prensa se mencionó el
caso de una persona que decía haber encontrado abandonados en una bodega
documentos históricos relacionados con la aviación comercial nacional.
Tal vez sean ellos los que en su oportunidad se
extraviaron, lo que nos lleva a insistir una vez más en el cuidado que hay que
tener en la preservación del acervo histórico aeronáutico de la nación, cosa a
la que por desgracia son muy pocos los que otorgan la debida atención.
Tras su retiro de LAN, Mucki entró a trabajar a
“Turismo Cocha”, empresa de turismo, sucesora de la denominada Compañía Chilena
de Aviación (COCHA), de la cual tomó el nombre. Entidad creada a mediados de
los años cuarenta para armar los Fairchild PT-19 adquiridos también como
resultado de la Campaña Alas para Chile. Y como el volar se había tornado caro
debido al término de las subvenciones estatales, paulatinamente se tuvo que ir
alejando del Club Aéreo de Chile, debiendo otorgar preocupación preferente a la
mantención de su pequeño hijo Alfonso, lo que motivó que a medida que pasaran
los años su recuerdo se fuera diluyendo en la aviación chilena, su nombre
desapareciera de las páginas de diarios y revistas y ya no fuera más presencia
destacada en los festivales aéreos.
El 16 de Marzo de 1962, a los 44
años de edad, aún en la plenitud de su vida, a raíz de complicaciones surgidas
de la que se estimaba una sencilla operación a que fuera sometida, falleció en
Santiago, llenando de dolor a todos quienes de verdad la conocieron, respetaron
y quisieron.
Lamentablemente, a sus sencillos funerales
realizados en el Cementerio General de Santiago fueron muy pocos los camaradas
aviadores que la acompañaron hasta su última morada, lo que demuestra lo
efímera que es la fama y como alguien dijera “Cuan pronto llega el olvido”.
La “mascota del Club Aéreo de Chile”, como
también afectuosamente por años fuera conocida, no escapó a aquel sino.
En su memoria, el Instituto de Investigaciones
Histórico Aeronáuticas de Chile estableció el 7 de octubre como el “Día de la
Auxiliar de Vuelo”, el que poco después Lan-Chile instituyera como “Día del
Tripulante de Cabina” de la empresa.
Por su parte, desde el 2003 la Federación Aérea
de Chile, anualmente otorga a un aviador
nacional destacado, la Condecoración Orden al Mérito de la Aviación Deportiva
Chilena y cuando aquella recae en una dama, se entrega en el grado de “Orden al
Mérito Dora Koeppen Maisan”.
Todas estas actitudes han venido en parte a
reparar la injusticia cometida con su memoria.
Fuente: Barriga Kreft, Sergio: “Mucki”, Museo
Nacional Aeronáutico y del Espacio, Boletín N°12, julio 2013, Santiago de
Chile, pp 36-43
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DOCUMENTO N° 2: PRIMERA AUXILIAR DE VUELO DE LAN CHILE : DORA KOEPPEN
Con la incorporación de los aviones Lodestar, Rafael Sáenz vicepresidente de
Línea Aérea Nacional dispuso crear el Servicio de Auxiliares de a Bordo de la compañía,
contratándose luego de una exhaustiva selección, el 15 de septiembre de ese año
y con un sueldo de $1560 mensuales a la primera auxiliar de vuelo.
Fue ella la señorita Dora Koeppen Maisan,
cariñosamente conocida en el ambiente aeronáutico como “Mucki”, quien además
era piloto. Entusiasta muchacha que, habiendo dado término a su preparación
como tal, dio comienzo a su trabajo el 7 de octubre de 1943, en el Lodestar de
itinerario que a los mandos del comandante Alfonso Cuadrado Merino cubrió la ruta
Santiago-Antofagasta.
Al decir de los antiguos pilotos de LAN, su
incorporación a los servicios de la empresa fue todo un acierto.
Atenta a solucionar cualquier detalle y a
satisfacer los deseos de los pasajeros, regularmente llegaba hasta la cabina a
inquirir detalles del vuelo, los que comunicaba a ellos. De gran presencia de
ánimo, contribuía a calmar los espíritus cuando las condiciones meteorológicas
se tornaban un tanto adversas.
Cabe mencionar que, con la creación de aquel
servicio, LAN fue pionera, ya que, si bien es cierto, la primera empresa aérea
en el mundo en crearlo había sido United Airlines en 1930, lo fue con
enfermeras cuya misión era atender a los pasajeros que durante un vuelo
llegaran a sentirse mal.
Fuente: Museo Nacional
Aeronáutico y del Espacio, Boletín N°16, julio 2017, Santiago de Chile, pp
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