No comparten palabras de perdón a quienes lo critican expresadas por el alcalde de San Pedro de la Paz en una Parroquia de su comuna

Si bien es cierto que no tengo ningún derecho a juzgar las acciones de los demás, ya que este juicio le corresponde a una entidad muy superior, en la cual creemos aunque el nombre que le demos sea de íntimo carácter, creo en el libre derecho a opinar, y en esta oportunidad no puedo sustraerme a este derecho, en función de haber estado presente en un evento cuyo objetivo era ratificar públicamente la decisión del Alcalde de nuestra Comuna San Pedro de la Paz, de nombrar a la Virgen “Nuestra Señora de la Candelaria” como PATRONA DE LA COMUNA. (Ver historia en: www.lacandelariasanpedro.tk )



Esta acción muy loable para los que somos creyentes católicos y veneramos a la Virgen, es una advocación mariana, una alusión mística, un nombramiento (en todas sus diferentes versiones a través de los diferentes movimientos católicos existentes) y un símbolo y señal de la necesidad de dar soporte espiritual a la sociedad civil. Elegir a la Virgen como Patrona es nombrarla Reina de un territorio, consagrarse a Ella y dedicarse a su servicio y ha sido una práctica constante tanto para las personas a título individual como para los grupos, comunidades y naciones. Que sea nuestra patrona implica también ensanchar nuestra actitud mental orientándonos a estar conscientes de la noción de Dios y del hecho concreto de que El está presente en forma permanente en nuestras vidas, aceptando que la Virgen es co redentora y es un camino para llegar hasta El. Es aceptar su guía, su acogida, su apoyo y su entrega y es poner a su disposición nuestras mentes y corazones para actuar moral y éticamente en forma responsable hacia nuestros coterráneos.


Para los católicos esto se transforma en un hito de gran importancia. Y se agradece profundamente, en primer lugar a Dios por dar una señal más de su voluntad, en segundo lugar al Alcalde por su generosidad que implica a su vez una responsabilidad, no sólo con los católicos, y también una deuda con las otras doctrinas religiosas existentes que sin duda reclamarán también un espacio y con todo derecho, y en tercer lugar a la Iglesia Católica, que somos todos los practicantes católicos que celebramos con júbilo esta iniciativa y a su vez, regalo.


Pero quiero referirme también a una situación que no dejó de causarme asombro y de alguna manera espanto, por decir lo menos.


La Iglesia Católica es universal. La palabra iglesia viene de la palabra griega “Ekklesia” que significa “una asamblea” o “una convocatoria” La raíz del significado de “iglesia” no es un edificio, sino la gente, entonces al referirme a ella, no me refiero en particular a su jerarquía, sino a su concepto base, La acepción más frecuente de la palabra iglesia está referida al conjunto o congregación de los fieles cristianos, ya sea de modo total o particular. es.wikipedia.org/wiki/Iglesia Al ser universal, cada santuario, edificio, templo, es una representación física de un lugar común de encuentro, al ser universal cada púlpito en el cual el sacerdote desarrolla su homilía lo es también, nos reunimos todos universalmente para escuchar en cada oportunidad las mismas lecturas y el mismo evangelio, una misma homilía en función de la lectura correspondiente.


Hoy coincidentemente se celebró, en el Templo Votivo de Maipú, una misa con motivo del Bicentenario, y a través de Monseñor Francisco Javier Errázuriz la Jerarquía Eclesiástica pidió perdón por vulnerar la dignidad de los más pequeños, pidió perdón por los males causados a la sociedad y que se contradicen con la misión de amor de nuestra fe y con las enseñanzas de Jesús. Un gesto de humildad que debe ser reconocido a fin de permitir un avance en el desarrollo moral, ético y espiritual de la humanidad. Un gesto que si bien no repara los daños cometidos ni silenciarán jamás las voces de las víctimas, al menos es un gran paso de la jerarquía en demostrar que pueden y deben reconocer públicamente sus delitos a través de la historia. Ese púlpito universal, ese púlpito en el cual un sacerdote o ministro de la fe pide perdón público. Sin embargo, hoy en mi parroquia, ese mismo púlpito fue utilizado por el Alcalde. Y señalo sus mismas palabras al introducirse en la materia en la cual se enfocaría, que él inicialmente había pensado en escribir un texto estructurado pero finalmente cambió su parecer para dejar brotar de su boca las palabras que en ese momento surgieran de su corazón. Nos contó brevemente de su alegría por haber tenido la oportunidad de visitar Tierra Santa, Jerusalén, haber ingresado por la puerta principal para ver el Santo Sepulcro y agradecer la oportunidad de posar su mano en él. Nos contó también su visita al Muro de los Lamentos y sus esfuerzos por introducir entre las piedras que lo estructuran un papel con sus peticiones. Esta es una práctica muy usual de todos los cristianos cuando visitan el Muro de los Lamentos, de hecho tengo muchos amigos que han visitado dicho muro y han realizado la misma acción. Pero me cabe la duda si realmente saben que es lo que están haciendo…. Ya que la tradición de introducir un pequeño papel con una plegaria entre las rendijas del muro tiene varios siglos de antigüedad. Entre los rezos de los judíos se incluyen las fervientes súplicas a Dios para que vuelva a la tierra de Israel, el retorno de todos los exiliados judíos, la reconstrucción del templo (el tercero), y la llegada de la era mesiánica. Y no es menor señalar la dificultad de introducir el papel, ya que está completamente atiborrado de peticiones dirigidas a Dios. Es importante señalar también que el Muro de los Lamentos es el sitio más sagrado para el pueblo judío. Su nombre en hebreo significa simplemente "muro occidental". Es el último vestigio del Templo de Jerusalén, el edificio más sagrado del judaísmo. Los restos que aún quedan datan de la época de Herodes el Grande, quien mandó construir grandes muros de contención alrededor del Monte Moriá, en el año 37 a.C. ampliando la pequeña explanada sobre la cual fueron edificados el Primer y el Segundo Templo de Jerusalén, formando lo que hoy se conoce como la Explanada de las Mezquitas (por la tradición musulmana) o Explanada del Templo (por la tradición judeocristiana).


HASTA AHÍ TODO BIEN…. Cuando de pronto el discurso toma un giro inesperado, al menos para mi, la verdad es que no se que pensaron los demás presentes, ni me atreví a preguntarles….


Y el Alcalde comienza a decir que NOS QUIERE PERDONAR…


Perdonarnos públicamente por los agravios que le hemos hecho, por actuar en contra de él, por los daños que le hemos ocasionado, por hablar de él, por subir a internet dichos que vulneran su integridad, perdonar a sus propios empleados municipales por no trabajar como él desea….. ¿Perdonarnos? ¿Públicamente? Yo escuchaba estas palabras y se me venían a la mente una infinidad de ideas, imágenes, vivencias... Y también pensaba si estaba escuchando mal, si era un discurso producto de mi imaginación, hasta me pregunto ahora, mientras escribo estas palabras si estoy en lo correcto o estoy completamente enajenada y no logro entender el objetivo del perdonazo público.


A mi entender y de acuerdo a lo que me he informado históricamente, a lo que he estudiado, a lo que he investigado….


SÓLO DIOS TIENE EL PODER DE PERDONAR LOS PECADOS (Mc 2, 7) Unido al poder divino de juzgar, Jesucristo se atribuye y los Evangelistas (especialmente Juan) nos dan a conocer, el poder de perdonar los pecados. El poder divino de juzgar a cada uno y a todos -puesto de relieve especialmente en la descripción apocalíptica del juicio final- está en profunda conexión con la voluntad divina de salvar al hombre en Cristo y por medio de Cristo. El primer momento de realización de la salvación es el perdón de los pecados. Este poder pertenece sólo a Dios. Si Jesucristo -el Hijo del hombre- tiene el mismo poder quiere decir que Él es Dios, conforme a lo que el mismo ha dicho: “Yo y el Padre somos una sola cosa” (Jn 10, 30).


En los evangelios aparecen diversos versículos en dónde Jesús perdona los pecados del paralítico, de María Magdalena, otra mujer adúltera a la cual los hombres iban a lapidar…


En las palabras de Jesús podemos ver la reafirmación de su poder de perdonar los pecados y, por tanto, de la trascendencia de su Yo divino, cuando después de haber preguntado a la mujer: “¿Nadie te ha condenado?” y haber obtenido la respuesta: “Nadie, Señor”, declara: “Ni yo tampoco te condeno; vete y no peques más” (8, 10-11). En ese “ni yo tampoco” vibra el poder de juicio y de perdón que el Verbo tiene en comunión con el Padre y que ejerce en su encarnación humana para la salvación de cada uno de nosotros.


ES MAS… cuando ya en la cruz una de sus últimas palabras mientras mira a su alrededor es decirle al Padre: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen”…. En esta infinita misericordia del Padre, en el sacrificio de Cristo, Hijo de Dios y del hombre que murió por nosotros, en la obra del Espíritu Santo que, por medio del ministerio de la Iglesia, realizó continuamente en el mundo “el perdón de los pecados” (cf. Encíclica Dominum et Vivificantem), se apoya nuestra esperanza de salvación.


En función de este perdón, y a través del Espíritu Santo Jesús traspasa esta capacidad a sus apóstoles y a quienes les sucedan, es decir, los sacerdotes, quienes en representación de la comunidad de la iglesia y no en representación de Dios, ya que Dios conoce nuestras vidas en forma transversal y atemporal, sabe que pecamos en el pasado, pecamos en este momento y pecaremos en el futuro, el sacerdote es un testigo mudo que escucha y recibe la confesión de nuestras ofensas y pecados y son ellos quienes en forma íntima, es decir, en íntima conversación con ellos, los que nos otorgan el perdón.


Esta capacidad de juzgarnos y perdonar nuestros pecados es y sólo es atribuible a Dios. Nosotros como seres humanos realizamos a diario una solicitud muy ínfima al rezar el Padrenuestro pero decimos “…perdona nuestros pecados como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden…”.


Una cosa es situarse en el púlpito y pedir disculpas (en el mejor de los casos) públicas por los daños que uno le causa al prójimo, por el incumplimiento de los deberes, por las promesas falsas, por las mentiras para conseguir objetivos personales, por ofender verbalmente a los demás…. Y otra MUY DISTINTA es situarse en el mismo lugar para arrojarse la autoridad de PERDONAR PUBLICAMENTE con una arrogancia y soberbia fuera de todo límite.


El papa Benedicto XVI pide perdón al mundo y nuestro alcalde sube al púlpito y nos perdona. Si al menos hubiese pedido disculpas por no cumplir sus promesas de candidatura….


YO NO SOY NADIE PARA JUZGAR, NO SOY NADIE PARA PERDONAR, NO ME CORRESPONDE.


YO DEBO PEDIR PERDON Y DISCULPAS A QUIENES HE DAÑADO CON O SIN CONCIENCIA.


Y PUEDO DISCULPAR SI SOY CAPAZ DE GANARLE A MI EGO QUE ME HACE ZANCADILLAS CONSTANTEMENTE.


PERO… ¿PUEDO PARARME LIBREMENTE EN EL PúLPITO, EN UNA PLAZA, EN UNA ESQUINA, EN CUALQUIER LUGAR Y DECIRLE A LOS DEMAS …… “YO HOY VENGO A USTEDES A PERDONARLOS?????


DISCULPEN…PERO O ¿ESTOY FRANCAMENTE ENAJENADA O EL ALCALDE SE CREE DIOS?



Edith Nass K

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