Consejo de Monumentos Nacionales aprueba declaratoria como monumento histórico del Conjunto de Guaneras de Mejillones

 Entre sus diversos valores y atributos, destaca la extracción de guano rojo de carácter fosilífero y la significancia como uno de los sistemas de explotación minera de alta relevancia para economía local como mundial, y por ser parte de la historia de Chile

Con el propósito de proteger los vestigios de la industria de extracción del guano en la Península de Mejillones, que operó desde la segunda mitad del siglo XIX y hasta 1975, el Consejo de Monumentos Nacionales (CMN) aprobó la solicitud de declaratoria como monumento nacional, en categoría de monumento histórico, del Conjunto de Guaneras de Mejillones, en la región de Antofagasta.

La solicitud incluye no solo el propio guano sino también el área de las estructuras más relevantes del conjunto de ruinas dispersas en la península, con una superficie aproximada de 269,88 hectáreas, en especial los vestigios correspondientes a infraestructura productiva, áreas de procesamiento y las evidencias de asentamientos laborales que vinculan el sitio de extracción con la costa, mediante diversos rasgos lineales.

El solicitante de la declaratoria y presidente del Consejo Patrimonial de Mejillones, Wilfredo Santoro, viajó a Santiago para asistir a la sesión en que se analizó el caso, el miércoles 28 de octubre, acompañado de representantes del municipio. “Este es el sueño de una comunidad, y tenemos el empeño de hacer notar un capítulo de la historia de Chile, y que tiene que ver con la integración del desierto de Atacama, donde la industria guanera fue fundamental para su poblamiento. Fue el motivo de la Guerra de Pacífico, que hoy nos permite contar con la gran minería del cobre, y todo partió por las guaneras de Mejillones, que es lo que queremos proteger”, explicó.

El subsecretario del Patrimonio Cultural y presidente del CMN, Emilio De la Cerda, valoró la decisión unánime que adoptó el Consejo. “Este conjunto conforma un testimonio excepcional del desarrollo extractivo costero del siglo XIX en el desierto de Atacama, y de la consolidación de políticas de Estado para la afirmación territorial y económica en el litoral norte. Esperamos trabajar con las autoridades locales para que los instrumentos de gestión territorial incorporen este sector en su conjunto”, explicó.

El encargado de Patrimonio de la Municipalidad de Mejillones, Felipe Catalán, manifestó que la declaratoria significa un insumo legal adicional para la protección de las guaneras y sus vestigios, y para potenciar el turismo patrimonial en la comuna.

La industria del guano

El guano, un fertilizante natural, fue el motor de una importante industria minera, que comenzó en 1842 y que incluso produjo un conflicto limítrofe, político y económico con Bolivia. En la zona hay dos tipos de guano: el blanco y el rojo. Aunque ambos son de origen orgánico y generado por el metabolismo de aves marinas pelágicas, el rojo -descubierto en 1863 por Juan López en el contorno del Morro de Mejillones- es mucho más antiguo, procedente de las fecas de aves desde el Plioceno – Pleistoceno, instalados en yacimientos cuantiosos y valiosos. Por lo mismo, es una unidad fosilífera, debido a la alta probabilidad de contener fósiles, en este caso, fragmentos óseos de esas aves prehistóricas.

Mucho después de la Guerra del Pacífico, en 1949 la Corfo y el Instituto de Economía Agrícola crearon la Sociedad Chilena de Fertilizantes (Sochif), para producir los abonos fosfatados necesarios para la agricultura nacional. En Mejillones, la empresa optó por extraer guano desde la cara poniente del Morro de Mejillones y bajarlo hacia Caleta Ño Robles. El producto era bajado mediante un andarivel hacia la planta ubicada poco antes de llegar a La Rinconada, donde también se construyó un muelle. Esta planta contó con un campamento independiente, que tuvo pulpería, policlínico y escuela. La Sochif cerró sus puertas en 1978.

Hoy se conservan vestigios materiales asociados a la actividad guanera, correspondientes a infraestructura productiva, y áreas de procesamiento que vinculan las covaderas con la costa, mediante diversos rasgos lineales. Las faenas extractivistas propiciaban la construcción de comunidad, formando parte de la memoria colectiva, erigidos en dos periodos históricos. El más reciente, SOCHIF, define costumbres y formas de vida acorde al contexto desértico-costero, que permean hasta el día de hoy en la identidad mejillonina.

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