EL OFICIAL DE RESERVA : UN PUENTE ENTRE LAS TRADICIONES MILITARES DE ALEMANIA Y CHILE
Por Gonzalo Valdés Lufi - Oficial de Reserva
Ejército
Cada 5 de septiembre, Chile conmemora el Día
del Reservista, fecha que recuerda la promulgación, el 5 de septiembre de 1900,
de la Ley N° 1.462 , que estableció el Servicio Militar Obligatorio (SMO) y
organizó las bases de reclutamiento, reemplazos y la reserva militar en Chile.
En vísperas de esa conmemoración, vale la pena detenerse en una coincidencia
que no es casual: el modelo chileno de oficial de reserva y el modelo alemán
—el ROA de la Bundeswehr— comparten una raíz histórica y una misma filosofía de
fondo, la del ciudadano que sostiene una doble vida, profesional y militar, al
servicio de su país.
Un parentesco histórico real
La cercanía no es sólo conceptual. Tras la
Guerra del Pacífico, el Ejército de Chile emprendió una profunda reforma
inspirada en el modelo prusiano-alemán, que dio origen entre 1885 y 1887 a
instituciones como la Academia de Guerra y la Escuela de Clases —antecesora de
la actual Escuela de Suboficiales—, en el marco de las reformas alemanas
incorporadas al Ejército después de esa guerra. Esa herencia prusiana explica,
en parte, por qué la lógica de formación de mando chilena y la alemana
—jerárquica, doctrinaria y centrada en el liderazgo de pequeñas unidades—
hablan hasta hoy un idioma tan similar.
Dos formas de nombrar al mismo
ciudadano-soldado
En la Bundeswehr, el aspirante a oficial de
reserva recibe la denominación ROA (Reserveoffizier-Anwärter), y una vez que
porta su grado fuera de servicio activo agrega a su rango la sigla d.R. (der
Reserve), distinción que solo se emplea en la correspondencia y no cuando el
reservista está efectivamente movilizado o en ejercicio, momento en el que es,
sencillamente, un soldado más. En Chile, el oficial de reserva vive una lógica
equivalente: es civil en su vida cotidiana y asume el mando solo cuando la instrucción,
el llamado o la movilización lo requieren, sin que ello reste seriedad a su
preparación ni a su responsabilidad de conducción.
El valor compartido: el civil que se forma para
conducir
Lo que realmente asemeja a ambos sistemas es su
convicción de fondo: un país no sostiene su defensa únicamente con su fuerza
permanente, sino con ciudadanos —ingenieros, profesores, comerciantes,
técnicos— capaces de asumir el mando de un pelotón o una escuadra cuando las
circunstancias lo exigen. Alemania ha profesionalizado esa figura dentro de una
fuerza compacta de voluntariado; Chile la sostiene sobre una tradición de
servicio militar y reserva movilizada. En ambos casos, el oficial de reserva es
la prueba de que el vínculo entre las Fuerzas Armadas y la sociedad civil no se
rompe con el término del servicio activo, sino que se transforma en un
compromiso permanente y silencioso.
Una fecha para reconocerlo
De cara a un nuevo 5 de septiembre, esta
comparación no es un ejercicio académico ocioso: es un recordatorio de que la
fortaleza de una reserva no se mide solo en número de efectivos, sino en la
calidad de la instrucción, la vigencia de sus conocimientos y el compromiso de
quienes, entre una vida civil y otra militar, eligen mantenerse preparados.
Chile, como Alemania, entendió tempranamente que ese ciudadano-soldado es un
activo estratégico que merece reconocimiento, formación continua y un lugar de
honor en la memoria institucional.
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