Isidora Díaz cumple su sueño y lleva el nombre de Osorno a la selección chilena de tenis de mesa
Isidora Díaz cumple su sueño y lleva el
nombre de Osorno a la selección chilena de tenis de mesa
Desde la Escuela Deportiva de Ovejería a clasificar al Sudamericano de
Paraguay, el camino de Isidora es más que una historia de talento: es un
testimonio de esfuerzo familiar, sueños cumplidos y el legado de una comunidad
que cree en la niñez.
En el corazón de Ovejería, en la Escuela Deportiva Municipal de Osorno
perteneciente al Daem, una niña de sonrisa amplia y mirada decidida está
escribiendo su propia historia. Isidora Díaz Carrasco, con solo nueve años,
logró lo impensado: convertirse en seleccionada nacional Sub-11 de tenis de
mesa, siendo la más joven del equipo que representará a Chile en el
Sudamericano de Paraguay en marzo de 2026.
"Estoy feliz porque lo disfruto y además logré alcanzar un sueño, una
meta que estaba dentro de mi cabeza", dice con la serenidad de quien sabe
lo que quiere. Isi, como le dicen con cariño, comenzó a jugar a los cinco años.
Acompañaba a su hermano mayor Damián (ahora de 14 años) a los entrenamientos,
recogía pelotitas y se divertía observando. Un día tomó una paleta y ya no la
soltó más.
Su entrenador, Hernán Ríos, recuerda ese momento con emoción. "Ella
acompañaba al hermano, y de a poco fue recogiendo pelotitas, se acercaba,
tomaba la paleta... y entendía todo con señas. Nunca hablamos mucho, nos
comunicábamos con gestos”. Su madre, Soledad Carrasco, agrega: “Desde los seis
años están juntos y hoy tienen una conexión única".
El reciente logro de Isidora no es casualidad. En el clasificatorio
nacional, superó etapas exigentes, remontó partidos imposibles y provocó un
triple empate que se resolvió a su favor por rendimiento. Con una mezcla de
talento, carácter y alegría, se ganó el respeto de sus rivales y del público.
"Le apasiona el tenis de mesa, se volvió loca con esto", dice su
padre, Ricardo Díaz.
TRABAJO DE CUNA
Pero detrás del triunfo, hay una historia de sacrificio familiar. Soledad y
Ricardo, sus padres, dejaron Santiago en busca de una vida más tranquila.
"No imaginamos que terminaríamos viviendo en gimnasios", bromean.
Ambos trabajan de forma independiente, lo que les permite acompañar a Isi y a
Damián, quien actualmente entrena en Brasil y sueña con alcanzar también la
selección nacional.
"Ha sido un camino largo, con muchas renuncias, pero es la alegría más
grande desde que llegamos al sur. Ellos sacrifican cumpleaños, fines de
semana... pero son felices. Hay niños que están en otras cosas, pero los
nuestros lo dan todo", cuenta Soledad.
Isidora no solo brilla en la cancha. Es una destacada alumna en la Escuela
Deportiva de Ovejería. "Siempre tiene promedio 6,9 y es la número uno de
su generación", dice su madre. "El colegio me ayuda mucho. Si tengo
que salir a entrenar temprano, me dan permiso. Me gusta matemáticas y
lenguaje", agrega Isi, que muestra una madurez que sorprende a todos.
Cuando se le pregunta qué le diría a alguien que comienza, su respuesta es
simple y poderosa: "Que entrene todos los días y que le guste. Si lo
disfruta, va a poder alcanzar sus sueños", remarca.
El entorno también ha sido clave. Este viernes 23, mientras se realiza en el
Club Llanquihue un curso de entrenadores Fechiteme con presencia nacional, su
historia inspira a los asistentes. El técnico José Luis Urrutia, encargado de
la selección adulta femenina, destaca el auge del tenis de mesa en el sur:
"Hoy, la mayoría de los seleccionados de menores provienen de esta zona.
Hernán Ríos ha sido fundamental en este crecimiento", admite Urrutia.
En este proceso también fue crucial el apoyo del fallecido profesor Alberto
Salinas, quien fuera encargado del Departamento Extraescolar del Daem Osorno.
Los padres de Isidora lo recuerdan con cariño y gratitud. "Él creyó en Isi
desde el principio, cuando recién comenzaba. Siempre estuvo pendiente y nos
ayudó muchísimo. Ese recuerdo lo guardamos como un tesoro", aseguran
Soledad y Ricardo.
La jornada de este viernes también contó con la presencia de Sofía Reyes,
jugadora de 15 años, seleccionada nacional y quien, pese a ser originaria de
Ancud y haber pasado a primero medio en su ciudad natal, ha desarrollado toda
su carrera deportiva en Osorno. Sofía entrena regularmente en el club local y,
cuando visita la ciudad, se hospeda en la casa de la familia de Isidora o con
amistades ligadas al tenis de mesa. Como dicen quienes la conocen: ancuditana
de nacimiento, osornina por adopción.
TODO POR EL DEPORTE
Desde que descubrieron el tenis de mesa, la vida de esta familia gira en
torno al deporte. El hermano mayor, Damián, entrena bajo un riguroso programa
en Rancagua y Brasil. A pesar de que los resultados no siempre llegan al ritmo
que quisiera, su compromiso es absoluto. "Damián se esfuerza muchísimo, es
muy disciplinado, pero compite contra casi 90 niños. La Isi, en cambio, compite
con 20. Son procesos distintos, pero igual de valiosos", reflexiona su
madre.
Los desafíos no han sido solo deportivos. También ha sido necesario mantener
el equilibrio emocional entre los hermanos, gestionar los afectos y fortalecer
los vínculos. "Somos muy apegados como familia. Estar separados es duro,
pero sabemos que es parte del camino. Isi y Dami se apoyan mucho, cada uno en
su estilo", explica Ricardo.
El trabajo que realiza Ríos en el Club de Tenis de Mesa Osorno ha sido
reconocido a nivel nacional. Gracias a este tipo de proyectos, a las gestiones
de entrenadores y al respaldo del Daem, Osorno hoy es potencia en esta
disciplina. Y figuras como Isidora son la mejor muestra de lo que se puede
lograr con convicción, constancia y comunidad.
La historia de Isidora Díaz no termina en su clasificación a Paraguay. Más
bien, allí comienza un nuevo capítulo. Como dice su entrenador, "no hay
que apurar el proceso. Primero son niños. Tienen que disfrutar del deporte,
aprender a perder, a ganar, a crecer en lo personal", recalca Ríos.
Y eso, Isidora lo tiene claro. Porque a sus nueve años, con su paleta en la
mano, su buzo de la selección chilena y una sonrisa que contagia, representa no
solo el futuro del tenis de mesa chileno, sino también la certeza de que los
sueños, cuando se acompañan con amor, compromiso y alegría, pueden volar alto
desde cualquier rincón del sur de Chile.
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