VI PARTE Y FINAL: TERESA ADAMETZ: LA GRAN REFORMADORA DE LA EDUCACIÓN CHILENA

 





Foto gentileza  Revista "El Esfuerzo"


VI PARTE Y FINAL: TERESA ADAMETZ:  LA GRAN REFORMADORA DE LA EDUCACIÓN CHILENA

Por Félix Berger Mercado

La educación chilena en el siglo XIX era compleja.

Al respecto Raúl Vizcarra  Sarabia en un estudio titulado “La reforma alemana de la enseñanza primaria y normal de 1885”  indica que

“La segunda mitad del siglo pasado y muy especialmente la década del ochenta, significó para Chile un período de grandes transformaciones en el plano educacional: todo ello derivado de una serie de factores producidos en esa época, que en conjunto llevaron a las autoridades correspondiente a enmendar rumbos, en beneficio de la educación nacional. Por empezar, tenemos que el estado de la enseñanza en Chile, antes de la Guerra del Pacífico, era bastante deficiente, sobre todo la enseñanza primaria”

Menciona que  “Existía un déficit crónico de maestros titulados; es más, aún éstos no tenían la suficiente preparación. Los métodos de enseñanza no eran los más adecuados. La falta de locales escolares era francamente lamentable; lo mismo sucedía con los útiles, que los maestros debían usar en sus clases”.

Y asegura que en 1880, la enseñanza en Chile se había estancado”, puntualiza Vizcarra.

Por su parte, Ernesto Schiefelbein  en el libro “¿Por qué Chile es Chile?” del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, publicado en 2010, dice en su página 86  que  “Hacia el final de ese siglo interviene una nueva generación de educadores –que conoce experiencias europeas e introduce métodos pedagógicos de Francia y Alemania–, en que se destacan figuras como Valentín Letelier, Claudio Matte y José Abelardo Núñez. Se crean Escuelas Normales en Santiago, Chillán, La Serena y Valdivia con internados para los alumnos de otras ciudades y profesores alemanes y austriacos”

 

Al respecto en un estudio de Priscila Muena Zamorano “Maestras promotoras de los saberes científicos en la enseñanza femenina en Chile, 1870-1915”, publicado en la Revista de Humanidades de la Universidad Andrés Bello,  edición enero-junio de 2025 en la página 34, pie de página  expresa  que

 

“……..es con la llegada de las profesoras alemanas que se comenzaron a fundar escuelas de preceptoras en ciudades fuera de la capital: en 1885 se creó la Escuela Normal de Preceptoras de Concepción por María Frank, y en 1890 la Escuela Normal de Preceptoras de La Serena por Isabel Bongard. En 1911 ya había nueve escuelas normales de preceptoras, de las que seis estaban ubicadas en provincias: las ya nombradas de Concepción y La Serena, a las que se le sumaron las de Valparaíso, Talca, Puerto Montt y Angol (Walker 138 y 139). En casi todas ellas existió en los primeros años presencia de maestras germanas. En tanto, en 1885, la primera Escuela Normal de Preceptoras de Santiago pasó a manos de la maestra alemana Teresa Adametz. En 1889 egresó la primera generación de alumnas bajo la influencia alemana, “formadas en las severas disciplinas del deber y de las ciencias” (Walker 126). Si con la apertura de la primera escuela normal femenina liderada por las religiosas francesas se legitimó el rol educador de las mujeres, con la llegada de las pedagogas alemanas este papel se fortaleció y expandió”.

 

Pero ¿ Por qué es importante Teresa Adametz?

María Isabel Orellana Rivera, en el libro “Una mirada a la escuela chilena entre la lógica y la paradoja”, da la respuesta:

 

Esta educadora puso un especial énfasis en la aplicación de los conocimientos que aportaban la sicología y la teoría de la educación para despertar las facultades de los alumnos.

 

El libro de la Liga Chileno Alemana: “Los alemanes en Chile en su primer centenario”, precisa que al hacerse cargo Teresa Adametz, de la dirección de la Escuela Normal de Preceptoras de Santiago de Chile, “A poco andar, la referida Escuela era otra”.

Agregan que  “La nueva Directora alemana había implantado allí el sistema de Herbart. Entre otras innovaciones o reformas, la Directora, señorita Adametz, instaló anexo a la Escuela  Normal de Preceptoras, una Escuela de Aplicación, donde se hacían clases-modelo, y donde las normalistas iban a practicar, estrechamente controladas por sus profesoras alemanas” .

 

Sobre lo mismo,  Fernando Abarca Santibáñez, en su Tesis “Trayectoria de maestras escritoras en Chile durante la segunda mitad del siglo XIX” , para optar al título de Profesor de Historia y Ciencias Sociales, en la Universidad de Valparaíso,  sostiene que Adametz

“marcó un hito en la modernización del sistema educativo normalista”. Y que

“A su llegada a Chile, Adametz asumió la dirección de la Escuela Normal de Preceptoras de Santiago. Inmediatamente inició reformas significativas, incorporando asignaturas como metodología y psicología, mientras establecía la Escuela de Aplicación anexa para las prácticas pedagógicas de las normalistas. Bajo su dirección, el establecimiento inauguró un nuevo edificio en 1886, donde Teresa pronunció un discurso memorable sobre la importancia de enseñar no solo conocimientos teóricos, sino también la práctica de transmitirlos eficazmente”.

Mientras que en la Revista “El Esfuerzo” , medio de comunicación de las  exalumnas de la Escuela Normal Número 1 de Santiago, publicado el 1 de septiembre de 1917, aportan un dato interesante:

Bajo la dirección de la señorita Adametz se introdujo por primera vez la gimnasia en la educación femenina en Chile, con tanto acierto, que no se descuidó en ella la estética de los movimientos; condición indispensable a la cultura de la mujer.

 

Y en el libro “Actividades Femeninas” de 1928,  recuerdan que  Adametz,  “dedicaba enérgicos párrafos a la primacía de la práctica docente, concluyendo: ''Una Escuela Normal vale tanto cuanto valga su Escuela de Práctica" .”

 

Finalmente, tras 24 años de servicio al país, en 1908, Teresa Adametz regresó a Alemania. Falleció en 1917.

A continuación presentamos una serie de documentos que realzan aún más la figura de Teresa Adametz en su paso por Chile, del cual todos debemos estar agradecidos.

Eso es que tengan un buen día domingo

Un abrazo

 

 

DOCUMENTO N° 1:  RESEÑA TERESA ADAMETZ

Por Dra. Andrea Robles Parada

 fue una destacada pedagoga alemana que llegó a Chile contratada por el Gobierno para participar de la reforma de la enseñanza primaria y normalista. Nació en 1846 en Silesia, Alemania. Se tituló de maestra en 1864, desempeñándose como profesora de lengua y literatura alemana, geografía e historia y lengua extranjera. Se trasladó a Austria donde fue nombrada subdirectora del Instituto Imperial Hernals para hijas de oficiales del ejército. En ese puesto se encontraba cuando José Abelardo Núñez, comisionado por el Gobierno chileno, la contrató para participar de la reorganización de las escuelas normales.

En 1884 llegó a Chile, e inmediatamente se hizo cargo la Escuela Normal de Preceptoras de Santiago la que hasta ese momento era dirigida por las Religiosas del Sagrado Corazón. Una vez que asumió el cargo inició una profunda reforma para modernizar la formación de las preceptoras. Actualizó, acompañada en la subdirección por Guillermina von Kalchberg –otra pedagoga alemana que viajó a Chile–, la formación de las futuras maestras incorporando los estudios de la metodología de la enseñanza, pedagogía y psicología. Además, creó la Escuela de Aplicación anexa a la Escuela Normal con el fin de que las normalistas hicieran sus prácticas pedagógicas. Este establecimiento quedó bajo la dirección de Isabel Bering, pedagoga alemana que también fue contratada por José Abelardo Núñez, y que más tarde dirigió la Escuela Normal de La Serena. Esta modernización fue completada en 1886 con la inauguración del nuevo edificio de la Escuela Normal de Preceptoras. Con la presencia de las altas autoridades del país, Teresa Adametz leyó un importante discurso en que expuso la reforma pedagógica que estaba realizando en el establecimiento y sus fundamentos. En él señala: “No es, pues, la cantidad de conocimientos lo que hace al buen maestro o maestra, sino el poder de trasmitirlos con acierto i con buen resultado a los demás. Por esto nuestras alumnas deben aprender tanto teórica como prácticamente la manera de cumplir con su tarea futura de enseñar”.

 

En 1889 participó en el Primer Congreso Pedagógico celebrado en Santiago. En las actas del Congreso se consigna su intervención en la discusión sobre implementar la educación primaria obligatoria, los mecanismos de estimular la asistencia a clases, la incorporación de trabajos manuales en las escuelas primarias y de clases de gimnasia.

 

Dejó la dirección de la Escuela Normal de Preceptoras en 1891, al terminar su contrato. Tras esto se integró a la Comisión de Instrucción Primaria. En este puesto ofició como evaluadora en 1893 del Concurso de silabarios y libros de lecturas con que la Comisión buscaba fomentar la educación popular y los métodos pedagógicos. En 1895 se desempeñó como visitadora Extraordinaria de Escuelas de Niñas de Santiago y Valparaíso, redactando varios informes sobre la falta de preceptoras y las malas condiciones de las salas y sus consecuencias en la salud de las maestras y alumnas.

 

En 1896 fue contratada para organizar y dirigir el recién creado Liceo de Niñas Nº 2 de Santiago. En este establecimiento también procuró modernizar los cursos que tradicionalmente se enseñaban a las estudiantes secundarias, incorporando asignaturas científicas como física, química, higiene, además de gimnasia. Dirigió esta institución durante el transcurso de diez años, desempeñándose además como profesora de historia y geografía y cosmografía.

 

En 1908 Teresa Adametz se retiró de la enseñanza y regresó a su patria por motivos de salud. Se radicó en Silesia, Alemania, donde vivió sus últimos años de vida.

 

Teresa Adametz falleció en 1917.

 

FRAGMENTO DE «Discurso leído por la Directora de la Escuela Normal de Preceptoras de Santiago, señorita Teresa Adametz»

«Siendo el objeto de este establecimiento formar en el término de cuatro años maestras de niñas que se reciben, en su mayor parte, con escasa preparación, hemos comprendido que ante todo debían las nuevas alumnas disciplinarse, por medio de la comunicación con sus compañeras, que forman, según sus cursos anuales, pequeñas sociedades por el estilo de una familia, bajo la dirección de una de las profesoras que es su jefe, su madre.—Están de esta manera bajo todas las influencias benéficas de una vida de familia bien arreglada […].

Las escuelas normales de países en los cuales se trabaja ya desde hace tiempo en este terreno, tienen que ocuparse solamente en ensanchar y profundizar los conocimientos adquiridos durante ocho años de enseñanza en las escuelas que llamamos allí del pueblo, y en enseñar sobre esta base principalmente el tratamiento metodológico de ellos, es decir, la manera como se deben comunicar a los demás, en tanto que la Escuela Normal aquí, se ve forzada a principiar con los elementos de la enseñanza, lo que hace más larga y pesada la tarea tanto para las profesoras como para las alumnas. Estas últimas deben ser conducidas a cierto grado de cultura general, que las haga aptas para tomar parte en el trabajo intelectual de su propia patria y de la humanidad y que, en una palabra, forme de ellas personas cultas. Esto es tanto más necesario, cuanto que solamente el maestro culto en todo respecto puede trabajar de una manera verdaderamente benéfica para su país.»

 

Publicaciones de Teresa Adametz 

-        Teresa Adametz. “Discurso leído por la Directora de la Escuela Normal de Preceptoras de Santiago, señorita Teresa Adametz”. Inauguración del nuevo local de la Escuela Normal de Preceptoras de Santiago, Santiago: Imprenta Nacional, 1886.

-        Congreso Nacional Pedagógico. Resumen de las discusiones, actas y memorias presentados al Primer Congreso Pedagógico celebrado en Santiago de Chile en septiembre de 1889. Santiago: Imprenta Nacional, 1890.

-        Teresa Adametz. “Informe sobre las escuelas de niñas de Santiago presentado al señor Inspector Jeneral de Instrucción Primaria, por la Visitadora Estraordinaria de las mismas doña Teresa Adametz; Santiago, en febrero de 1896”. Revista de Instrucción Primaria, año 11, no. 3, 1896.

-        Prospecto del Liceo de Niñas Nº 2 de Santiago. Redactado en conformidad a los acuerdos de la Junta de Vigilancia. Santiago: Imprenta, Litografía y Encuadernación Barcelona, 1900.

Fuente: Vidas Maestras, 18 de marzo de 2024, https://vidasmaestras.cl/2024/03/18/teresa-adametz/

 

 

DOCUMENTO N° 2: LLEGADA DE TERESA ADAMETZ Y LAS  PROFESORAS ALEMANAS

 

En pie de página dice

“es con la llegada de las profesoras alemanas que se comenzaron a fundar escuelas de preceptoras en ciudades fuera de la capital: en 1885 se creó la Escuela Normal de Preceptoras de Concepción por María Frank, y en 1890 la Escuela Normal de Preceptoras de La Serena por Isabel Bongard.

En 1911 ya había nueve escuelas normales de preceptoras, de las que seis estaban ubicadas en provincias: las ya nombradas de Concepción y La Serena, a las que se le sumaron las de Valparaíso, Talca, Puerto Montt y Angol (Walker 138 y 139). En casi todas ellas existió en los primeros años presencia de maestras germanas.

En tanto, en 1885, la primera Escuela Normal de Preceptoras de Santiago pasó a manos de la maestra alemana Teresa Adametz. En 1889 egresó la primera generación de alumnas bajo la influencia alemana, “formadas en las severas disciplinas del deber y de las ciencias” (Walker 126). Si con la apertura de la primera escuela normal femenina liderada por las religiosas francesas se legitimó el rol educador de las mujeres, con la llegada de las pedagogas alemanas este papel se fortaleció y expandió”

 

Fuente: Muena Zamorano , Priscila:  “Maestras promotoras de los saberes científicos en la enseñanza femenina en Chile, 1870-1915”,    Revista Humanidades, N.º 51, Universidad Andrés Bello,  (Enero- Junio 2025), pp  34

 

DOCUMENTO N° 3: TERESA ADAMETZ Y LOS CAMBIOS EN LA ESCUELA DE PRECEPTORAS

Teresa Adametz, se hizo cargo, llegada a Chile, de la dirección de la Escuela Normal de Preceptoras de Santiago de Chile.

Junto con ella, entraron a integrar el cuerpo de profesoras de dicho establecimiento, llevado hasta entonces a la antigua, un grupo selecto de pedagogas alemanas, que formaban parte del elenco contratado por Núñez.

A poco andar, la referida Escuela era otra.

 La nueva Directora alemana había implantado allí el sistema de que ya hemos hablado en otra parte; el de Herbart. Entre otras innovaciones o reformas, la Directora, señorita Adametz, instaló anexo a la Escuela  Normal de Preceptoras, una Escuela de Aplicación, donde se hacían clases-modelo, y donde las normalistas iban a practicar, estrechamente controladas por sus profesoras alemanas .

Para mejor y más idónea información sobre este particular, cedemos la palabra a la señora Gertrudiz Muñoz de Ebensperger, actual y distinguida Directora de la Escuela Normal N.º 1 de Santiago, la primera Normal de Mujeres en la América-Latina.

Con ocasión del 90.º aniversario de la fundación de dicho plantel de enseñanza, se llevó  a cabo allí un solemne acto conmemorativo, durante cuyo desarrollo su Directora, la  expresada señora Muñoz de Ebensperger, pronunció un hermoso discurso, en uno de cuyos interesantes pasajes se expresó de esta manera:

 " Cinco años estuvo la señorita Adametz dirigiendo la Escuela. Terminado su contrato, se retiró temporalmente y tomó después la  Dirección del Liceo N .o 2 (de niñas) de Santiago

Fuente: Liga Chileno Alemana: “Los alemanes en Chile en su primer centenario”.  Editorial Liga Chileno-Alemana. Impresor: A. Miqueles T, Santiago de Chile, 1950, pp 191-192

 

 

DOCUMENTO N° 4: REGRESO DE TERESA ADAMETZ A ALEMANIA TRAS 24 AÑOS DE TRABAJO EN CHILE

 

LICEO DE NIÑAS NÚM 2

 

Con motivo  de la despedida de la exdirectora del Liceo Número 2, señorita Teresa Adametz, que regresa a su patria después de 24 años de activo servicio en pro de nuestro país, se ha llevado a efecto el domingo pasado una fiesta que resultó, como era de esperarlo, conmovedora, al par que espléndida.

Quizá algunos de los asistentes creyó  asistir  a una de tantas fiestas que se realizan en nuestra capital, y que, por desgracia, muchas veces se resienten de cierto estiramiento, de  cierta frialdad que muy bien pudiera compararse con alguna cortesana sonrisa de salón ….¡Cuánto se engañaron!

La señorita Adametz es persona de edad, cuenta cerca de sesenta años, y ha consagrado cerca de la mitad de su vida a la formación del alma  de una bandada numerosa de avecillas que con nombres de mujer fueron puestas a su cuidado por la solicitud de los padres. Muchas de esas pequeñas aves han crecido, han volado, ha colgar tal vez un nido nuevo en la misteriosa floresta de la vida, a quebrarse tal vez una ala  contra  algún engañoso cristal……

Mientras tanto, la forjadora de almas seguía abriendo su regazo cariñoso a nuevas generaciones , a nuevas avecitas, hijas de las primeras.

Hoy son todas ellas, todas sus discípulas agradecidas las que se reúnen en torno suyo. ¡Se va la maestra! ¿Le espera quizás la tibieza de un hogar que ella un día abandonó impulsada por su amor por la enseñanza? ¿Se encontrará quizás con que la ideal cuna de sus primeros años no responde a la imagen con que ella la soñó largamente durante su ausencia?

No lo sabemos. Pero tales preguntas debieron hacerse los circunstantes al acto que se llevó a efecto el domingo pasado, y por ello la despedida fue tan tierna.

Los diversos números del programa fueron ejecutados con lucidez por las jóvenes alumnas, con un entusiasmo, con una vehemencia que no la podía prestar sino un verdadero afecto por la festejada. Fue especialmente hermosos un cuadro alegórico en que se distinguieron por su belleza las señoritas Cristina Morandé Quiroga y Lidia Fernández Dávila.

El señor Suárez Mujica pronunció también un sentido discurso en el que hacía una pequeña historia de los servicios prestados al país por la señorita Adametz y un elogio a su delicadeza en el desempeño de sus funciones.

Respondió la exdirectora con palabras sencillas, pero nacida del corazón, agradeciendo tan cariñosa muestra  de simpatía y haciendo votos por la prosperidad del Liceo y de su cuerpo de profesores, asegurando ( y nadie podía dudar de sus palabras) “que no olvidaría jamás a todas y a cada una de sus alumnas”.

Y nosotros podemos agregar que tampoco se olvidará jamás por sus alumnas el gesto grave, bondadoso y sincero de la señorita Adametz, ni sus palabras temblorosas por la emoción dela  despedida. ¡Felicidades deseamos de todo corazón a la distinguida viajera!

 

Fuente: Revista Zig-Zag, Santiago de Chile, 17 de mayo de 1908

 

 

DOCUMENTO N° 5: JUSTO TRIBUTO (A LA MEMORIA DE LA EMINENTE PEDAGOGA SEÑORITA TERESA ADAMETZ )

Toca hoy a El Esfuerzo el honor de hacerse intérprete de los sentimientos de condolencia de algunos centenares de maestras chilenas de Instrucción Primaria ante la sensible noticia del fallecimiento en Alemania, de la eminente pedagoga, señorita Teresa Adametz, que implantó la reforma de los estudios de enseñanza primaria en la Escuela Normal N° 1 de Preceptoras de Santiago, el año 1885.

Por esa época llegaba a Chile la señorita Adametz con un magnífico cuerpo de profesoras de Alemania y Austria, compuesto de las señoritas Guillermina von Kalcheberg (hoy señora Froemel, visitadora de Liceos) Isabel Bering, Amelia Witowski, Julia Kolar, Emilia Adametz, Irma von Sarlay y María Sattler.

Todas contratadas por nuestro Gobierno para la enseñanza normal femenina y elegidas por el benemérito Inspector General de Instrucción Primaria de esa época, don José Abelardo Núñez, quién después de haber recorrido la América y Europa los países más adelantados en instrucción, se detuvo en Austria, para elegir como Directora de la citada Escuela Normal, a la señorita Adametz.

Esto bastaría para apreciar los altos méritos de tan distinguida maestra; pero hay mucho más que decir de la que supo corresponder con éxito halagador a las aspiraciones del ilustre Presidente don Domingo Santa María, que gobernaba nuestro país en ese tiempo.

Ardua tarea fue para la eminente Directora la innovación trascendental del ramo en un pueblo para ella extranjero, cuyo carácter altivo ella y su profesorado desconocían, y a cuyas alumnas no faltaban serias preocupaciones de doctrinas y de costumbres arraigadas.

Pero la constancia, el tino y habilidad de la noble maestra, obtuvo en breve tiempo un triunfo completo. Las jóvenes que, atraídas por la novedad de la reforma, acudieron a formarse maestras primarias bajo su dirección, recibieron con entusiasmo sus enseñanzas y su educación austera, con sumisión y cariño.

El método razonado de la nueva enseñanza, hizo que las alumnas normalistas tomaran el estudio con pasión, despertando en ellas el anhelo de saber más  y más en todas las asignaturas que se cursaban en el establecimiento, dirigido

por la señorita Adametz; lo que en efecto han hecho gran número de ellas.

La enseñanza de la Escuela Normal de esa época fue casi completa. Y si no lo fue del todo, se debió sin duda, a la deficiente preparación que llevaban muchas alumnas.

Allí se cultivó, desde el simple ramo de trabajo manual utilitario, hasta la delicada labor artística en tejidos y bordados. En cuanto a las letras y enseñanza del idioma patrio, supo elegir la ilustre Directora una competente profesora de castellano, la señorita Natalia Carvacho quien despertó el gusto por la Literatura, tan indispensable a una maestra de instrucción, como la Higiene a la vida doméstica.

Bajo la dirección de la señorita Adametz se introdujo por primera vez la gimnasia en la educación femenina en Chile, con tanto acierto, que no se descuidó en ella la estética de los movimientos; condición indispensable a la cultura de la mujer.

Otra de las notas culminantes que dio la señorita Adametz a la enseñanza normal fue la instrucción musical, trasportando de su país, la patria clásica de ese arte divino, las melodías inimitables de Mendelssohn, Schubert, Hyden y otros en los cantos escolares, dirigidos por el eminente maestro don Bernardo Göhler.

Tal fue en resumen, la obra de tan ilustre Directora en la Escuela Normal N° 1 de Preceptoras de Santiago.

Lleguen hasta su tumba estos sinceros recuerdos. ¿Por qué no los estampamos estando ella en vida? Acaso hubiera sido la más bella ofrenda a su labor de maestra eminente y venerada.

Hoy bendigamos su memoria y trabajemos por conservar su nombre en alguna institución, como un timbre de orgullo para las que fueron sus discípulas.

Fuente: Revista “El Esfuerzo” N° 36,  Exalumnas de la Escuela Normal Número 1 de Santiago, Imprenta Cervantes, Santiago de Chile, 1 de septiembre de 1917, pp 2-3

 

 

DOCUMENTO N° 6: EXTRACTO TESIS DE FERNANDO ABARCA SANTIBÁÑEZ , PARA OPTAR AL TÍTULO DE PROFESOR DE HISTORIA Y CIENCIAS SOCIALES EN LA UNIVERSIDAD DE VALPARAÍSO TITULADA  “TRAYECTORIA DE MAESTRAS ESCRITORAS EN CHILE DURANTE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX”

“TERESA ADAMETZ MARCÓ UN HITO EN LA MODERNIZACIÓN DEL SISTEMA EDUCATIVO NORMALISTA”.

“………….fue una destacada pedagoga cuya contribución a la educación chilena marcó un hito en la modernización del sistema educativo normalista. Desde joven demostró su vocación por la enseñanza, obteniendo su título de maestra en 1864. Durante sus primeros años como docente, se especializó en lengua y literatura alemana, geografía, historia y lenguas extranjeras, disciplinas que enseñó con gran rigor. Su talento la llevó a ocupar el cargo de subdirectora del Instituto Imperial Hernals en Austria, un establecimiento exclusivo para hijas de oficiales del ejército.

En 1884, José Abelardo Núñez, comisionado por el Gobierno chileno para reformar la educación primaria y normalista, la contrató como parte del equipo de pedagogas europeas destinadas a modernizar las escuelas normales.

A su llegada a Chile, Adametz asumió la dirección de la Escuela Normal de Preceptoras de Santiago, previamente administrada por las Religiosas del Sagrado Corazón. Inmediatamente inició reformas significativas, incorporando asignaturas como metodología y psicología, mientras establecía la Escuela de Aplicación anexa para las prácticas pedagógicas de las normalistas. Bajo su dirección, el establecimiento inauguró un nuevo edificio en 1886, donde Teresa pronunció un discurso memorable sobre la importancia de enseñar no solo conocimientos teóricos, sino también la práctica de transmitirlos eficazmente.

En 1889, Adametz participó en el Primer Congreso Pedagógico de Santiago, donde debatió temas como la obligatoriedad de la educación primaria, la inclusión de gimnasia y trabajos manuales en los programas, y estrategias para aumentar la asistencia escolar. Más tarde, desempeñó roles como visitadora extraordinaria de escuelas y directora del Liceo de Niñas N°2 de Santiago, donde continuó incorporando asignaturas científicas y deportivas, desafiando los tradicionales enfoques educativos.

Tras retirarse en 1908 por motivos de salud, regresó a su tierra natal, donde vivió sus últimos años. Teresa Adametz falleció en 1917, dejando una huella imborrable en la educación chilena debido a los aportes renovadores que sentaron las bases de una nueva pedagogía. Su capacidad para implementar cambios marcó un antes y un después en la formación de maestras. Su participación en la esfera pública y su compromiso con la enseñanza consolidaron su legado como una de las más grandes profesoras en Chile.

Aunque sus últimos años transcurrieron lejos de Chile, su impacto aún perdura como un modelo de visión y liderazgo educativo.

 

Biografía de Teresa Adametz

Teresa Adametz fue una destacada pedagoga alemana que llegó a Chile contratada por el Gobierno para participar de la reforma de la enseñanza primaria y normalista. Nació en 1846 en Silesia, Alemania. Se tituló de maestra en 1864, desempeñándose como profesora de lengua y literatura alemana, geografía e historia y lengua extranjera. Se trasladó a Austria donde fue nombrada subdirectora del Instituto Imperial Hernals para hijas de oficiales del ejército.

 En ese puesto se encontraba cuando José Abelardo Núñez, comisionado por el Gobierno chileno, la contrató para participar de la reorganización de las escuelas normales.

En 1884 llegó a Chile, e inmediatamente se hizo cargo la Escuela Normal de Preceptoras de Santiago la que hasta ese momento era dirigida por las Religiosas del Sagrado Corazón. Una vez que asumió el cargo inició una profunda reforma para modernizar la formación de las preceptoras. Actualizó, acompañada en la subdirección por Guillermina von Kalchberg –otra pedagoga alemana que viajó a Chile–, la formación de las futuras maestras incorporando los estudios de la metodología de la enseñanza, pedagogía y psicología.

Además, creó la Escuela de Aplicación anexa a la Escuela Normal con el fin de que las normalistas hicieran sus prácticas pedagógicas. Este establecimiento quedó bajo la dirección de Isabel Bering, pedagoga alemana que también fue contratada por José Abelardo Núñez, y que más tarde dirigió la Escuela Normal de La Serena. Esta modernización fue completada en 1886 con la inauguración del nuevo edificio de la Escuela Normal de Preceptoras. Con la presencia de las altas autoridades del país, Teresa Adametz leyó un importante discurso en que expuso la reforma pedagógica que estaba realizando en el establecimiento y sus fundamentos. En él señala: “No es, pues, la cantidad de conocimientos lo que hace al buen maestro o maestra, sino el poder de transmitirlos con acierto y con buen resultado a los demás. Por esto nuestras alumnas deben aprender tanto teórica como prácticamente la manera de cumplir con su tarea futura de enseñar”.

En 1889 participó en el Primer Congreso Pedagógico celebrado en Santiago. En las actas del Congreso se consigna su intervención en la discusión sobre implementar la educación primaria obligatoria, los mecanismos de estimular la asistencia a clases, la incorporación de trabajos manuales en las escuelas primarias y de clases de gimnasia. 

Dejó la dirección de la Escuela Normal de Preceptoras en 1891, al terminar su contrato. Tras esto se integró a la Comisión de Instrucción Primaria. En este puesto ofició como evaluadora en 1893 del Concurso de silabarios y libros de lecturas con que la Comisión buscaba fomentar la educación popular y los métodos pedagógicos.

 En 1895 se desempeñó como visitadora Extraordinaria de Escuelas de Niñas de Santiago y Valparaíso, redactando varios informes sobre la falta de preceptoras y las malas condiciones de las salas y sus consecuencias en la salud de las maestras y alumnas. 

En 1896 fue contratada para organizar y dirigir el recién creado Liceo de Niñas Nº 2 de Santiago. En este establecimiento también procuró modernizar los cursos que tradicionalmente se enseñaban a las estudiantes secundarias, incorporando asignaturas  científicas como física, química, higiene, además de gimnasia. Dirigió esta institución durante el transcurso de diez años, desempeñándose además como profesora de historia y geografía y cosmografía. 

En 1908 Teresa Adametz se retiró de la enseñanza y regresó a su patria por motivos de salud. Se radicó en Silesia, Alemania, donde vivió sus últimos años de vida. Teresa Adametz falleció en 1917.

Fuente: Abarca Santibáñez, Fernando: “Trayectoria de maestras escritoras en Chile durante la segunda mitad del siglo XIX” .Tesis para optar al título de Profesor de Historia y Ciencias Sociales y a los grados académicos de Licenciado en Historia y Licenciado en Educación. Facultad de Humanidades y educación .Instituto de Historia y Ciencias Sociales. Universidad de Valparaíso, Valparaíso, diciembre de 2024, pp 64-65.88-89

 

DOCUMENTO N° 7: TERESA ADAMETZ

Nació en 1846. Murió en 1917. Dirigió la Escuela desde 1885 a 1890

Oriunda de Silesia, residía en Austria y estaba al frente del Internado Imperial—colegio destinado a la educación de hijas de militares cuando resolvió su venida a Chile, solicitada por don José Abelardo Núñez. La directora reformadora tenía 39 años.

Terminado el contrato con nuestro Gobierno, dejó la profesión; pero más tarde sirvió algunos años como directora del Liceo N° 2. En 1908 se fue, jubilada, a Europa.

En el notable discurso que leyó en la inauguraron del año escolar de 1886, en presencia del Excmo. Sr- Santa María, la Srta. Adametz, al marcar las características de un instituto para maestras, señalaba el derrotero de su futura labor: "cultivar hábitos de orden y limpieza", "atender al mejoramiento físico", "conducir a cierto grado de cultura general", "procurara las alumnas los medios para perfeccionarse en su inteligencia y en su saber por su propio estudio después de salida de la Escuela", "preparar a la normalista para que sea firme como una roca en el cumplimiento de su debe; así como dulce y maternal para con los pequeñuelos" .

Exponía, asimismo, ideas generales sobre problemas que aún hoy preocupan a tales establecimientos: la selección del alumnado, para evitar el subido porcentaje de fracasos, y la consiguiente pérdida de tiempo, energía y dinero.

Hacía consideraciones interesantes sobre la importancia del dibujo, el canto, trabajos de cestería y tejidos a máquina. Lamentaba la "falta de un terreno suficiente en el cual sería posible enseñar, prácticamente algo del cultivo de las flores, legumbres, etc."

Y dedicaba enérgicos párrafos a la primacía de la práctica docente, concluyendo: ''Una Escuela Normal vale tanto cuanto valga su Escuela de Práctica" .

Todas estas ideas informaron su actuación. Dice Muñoz Hermosilla: "La cultura dada a las normalistas bajo la celosa atención de esta directora, ha servido de norma". En verdad, si en la Escuela Normal de Hombres, organizada más de medio siglo antes con miras sabias, dentro del ambiente de la época, la reforma del año 85 se señaló por éxitos en el camino del aprendizaje, en la Escuela para Mujeres, la labor de la señorita Adametz fue de "formación", ya que el período en que la dirigieron las Religiosas del Sagrado Corazón, puede considerarse como un ensayo.

Fuente: Actividades Femeninas en Chile , Imprenta y Litografía La Ilustración, Santiago de Chile, 1928, pp  145-146

 

DOCUMENTO N° 8: TERESA ADAMETZ Y LA ESCUELA NORMAL DE PRECEPTORAS

En 1886 el establecimiento inaugura un nuevo edificio en calle Compañía Nº 3150, el que, a la postre, se convertiría en un modelo de arquitectura escolar, pionero para su época. Este hito del diseño arquitectónico marca el inicio de la instauración del modelo educativo alemán, proyecto a cargo de Teresa Adametz. Esta educadora puso un especial énfasis en la aplicación de los conocimientos que aportaban la sicología y la teoría de la educación para despertar las facultades de los alumnos.

Generalmente, las postulantes eran de origen muy humilde, por lo que el trabajo docente femenino se constituyó, para estas mujeres, en una atractiva alternativa para generar ingresos, siempre necesarios en el hogar de origen.

El fiel reflejo de esta realidad son las palabras que dirigió Teresa Adametz a las alumnas de la Escuela Normal con motivo de la inauguración del nuevo edificio: “No olviden jamás, hijas mías, las modestas habitaciones en las cuales han nacido, ni los hogares humildes en los cuales la mayor parte de ustedes irán después a pasar su vida. No olviden que todo lo que se les proporciona aquí: casa, alimento, educación, es un préstamo que ustedes reciben de sus conciudadanos, i que sólo pueden pagar semejante deuda haciendo lo que de ustedes se espera: primero, buenas alumnas de esta Escuela, i después buenas maestras del pueblo”.

 Durante todos sus años de labor educacional este establecimiento mantuvo su carácter laico y su sistema gratuito de internado y medio pupilaje

 

Fuente: Orellana Rivera, María Isabel: “Una mirada a la escuela chilena entre la lógica y la paradoja”, Primera edición Imprenta Salesianos,  Santiago de Chile, febrero de 2010, pp 133 y 136

Nota de Grafelbergnoticias: El título es nuestro

 

DOCUMENTO N° 9:  INAUGURACIÓN NUEVO LOCAL DE LA ESCUELA NORMAL DE PRECEPTORAS: DISCURSO DE TERESA ADAMETZ, DIRECTORA

DISCURSO

Leído por la Directora de la Escuela Normalde Preceptoras de Santiago, señorita Teresa Adametz

Excelentísimo Señor:

Señoras y Señores:

Es un gran día el que hoy celebramos: la obra, preparada de algún tiempo atrás, que se inició de una manera modesta i casi oculta hace poco más de un año, sale hoy a luz y recibe la publicidad en medio de este imponente concurso.

 

La Escuela Normal de Preceptoras de Santiago reformada, entra a ocupar este edificio destinado para ella, y el Jefe Supremo de la República honra con su presencia la inauguración solemne del establecimiento, que debe a su iniciativa la forma actual de su existencia. Este vasto edificio reúne en sus salas espaciosas, en que abundan el aire i la luz, todo lo que la escuela moderna exige para el desarrollo favorable del cuerpo y de la inteligencia. No muchas ciudades, ni en el antiguo, ni en el nuevo continente, podrán gloriarse de poseer para el mismo destino un local tan ricamente provisto de todo lo necesario como el edificio que el Gobierno de este país ha destinado a su pueblo.

Esto prueba la grande importancia que atribuye al destino del establecimiento y las esperanzas que en él cifra tan ilustrado Gobierno. Esto también es un poderoso estímulo para las obreras que van a ocupar semejante taller, y me impone el deber de manifestar en qué consiste la tarea de esta escuela y cuál debe ser para corresponder a lo que de ella se espera, así como las ideas y propósitos que nosotras, las maestras alemanas, hemos traído a este país y lo que hemos hecho hasta hoy.

I

Siendo el objeto de este establecimiento formar en el término de cuatro años maestras de niñas que se reciben, en su mayor parte, con escasa preparación, hemos comprendido que ante todo debían las nuevas alumnas disciplinarse, por medio de la comunicación con sus compañeras, que forman, según sus cursos anuales, pequeñas sociedades por el estilo de una familia, bajo la dirección de una de las profesoras que es su jefe, su madre.

Están de esta manera bajo todas las influencias benéficas de una vida de familia bien arreglada: hay orden y limpieza en todo lo que las rodea, arreglo sistemático en todas sus ocupaciones, consideración y legalidad en sus relaciones con las demás. Aprenden a vivir en el fiel cumplimiento de sus deberes, ennobleciendo sus ideas y sentimientos en la práctica de la veracidad y de la probidad. Si cumplen bien con sus deberes como ciudadanos de este pequeño estado de la escuela, participan de todos los derechos de sus miembros; abusando de tales derechos, los pierden. Así llegan a comprender y apreciar aquí el derecho y la justicia, como modelo de las de su país, como la de toda la sociedad humana; y educadas de esta manera confiamos que tales nociones de civismo prepararán convenientemente a las que más tarde tendrán que educar a, la generación futura de los ciudadanos.

Bajo tales influencias se eleva el espíritu de nuestras alumnas a un grado de cultura más alto y al mismo tiempo se atiende con especial cuidado a su mejoramiento físico que, por lo general, ha sido formado sin método alguno higiénico.

En segundo lugar estas alumnas que entran con una preparación que se limita en su mayor parte a un material grabado de manera puramente maquinal en la memoria, no en la inteligencia, deben recibir los conocimientos necesarios para su futuro trabajo. Para esto es necesario reaccionar contra aquel mecanismo del estudio y hacer entrar la comprensión a la inteligencia por medio de la intuición, influyendo en las facultades perceptivas.

Siguiendo el precepto del sabio Plinio multum non multa, nos esforzamos en dirigir la enseñanza, no con relación a gran número de conocimientos, sino a que todo debe tender al fin de conducirlas a un raciocinio claro y a procurarles el medio para perfeccionarse en su inteligencia y en su saber, por su propio estudio, después de su salida de esta escuela. En este sentido el mecanismo del desarrollo forzado de la memoria que se practica con preferencia en Chile, es un obstáculo para el adelanto independiente del espíritu después de los años de estudio en los establecimientos do educación.

Las escuelas normales de países en los cuales se trabaja ya desde hace tiempo en este terreno, tienen que ocuparse solamente en ensanchar y profundizar los conocimientos adquiridos durante ocho años de enseñanza en las escuelas que llamamos allí del pueblo, y en enseñar sobre esta base principalmente el tratamiento metodológico de ellos, es decir, la manera como se deben comunicar a los demás, en tanto que la Escuela Normal aquí, se ve forzada a principiar con los elementos de la enseñanza, lo que hace más larga y pesada la tarea tanto para las profesoras como para las alumnas. Estas últimas deben ser conducidas a cierto grado de cultura general, que las haga aptas para tomar parte en el trabajo intelectual de su propia patria y de la humanidad y que, en una palabra, forme de ellas personas cultas. Esto es tanto más necesario, cuanto que solamente el maestro culto en todo respecto puede trabajar de una manera verdaderamente benéfica para su país.

En tercer lugar, la Escuela Normal debe dar a sus alumnas la formación pedagógica, es decir, debe enseñarles a despertar las tiernas inteligencias confiadas a su cuidado, y desarrollarlas por el mejor método posible. Es de admirar que la indispensable necesidad de esta formación pedagógica y metodológica de los maestros no se comprenda todavía lo bastante en todas partes.

Todo obrero se ejercita primero en el manejo de los útiles de su oficio antes de ponerse a trabajar una obra completa. Desperdicia material durante este aprendizaje i necesítala años de constante práctica i ejercicio para llegar a hacerse un artesano diestro como son los que saben emplear de la mejor manera el material dado, y  de cuyas manos la materia bruta e informe sale ennoblecida y trasformada en algún objeto de utilidad o de arte.

Entre tanto, aquel obrero que debe trasformar por completo y llevar a su mayor grado de perfeccionamiento el material más noble de la creación, al hombre mismo en todas sus cualidades corporales, intelectuales y  morales, ese obrero a quien los padres confían sus tesoros más preciados, sus hijos, ¿no necesitará de una preparación especial para realizar con acierto tan difícil i delicado trabajo?

No es, pues, la cantidad de conocimientos lo que hace al buen maestro o maestra, sino el poder de trasmitirlos con acierto i con buen resultado a los demás. Por esto nuestras alumnas deben aprender tanto teórica como prácticamente la manera de cumplir con su tarea futura de enseñar.

La preparación teórica consiste en la comprensión de los elementos de la psicología y  de los principios fundamentales de la educación, que es la

pedagogía en su sentido más estricto, de los de la enseñanza en particular, que es la metodología general, y de la teoría de la enseñanza especial de cada ramo primario que se facilita por medio del ejercicio continuado y la asistencia a las clases de nuestra escuela de práctica.

Sin conocimientos de esta clase se puede conseguir cierta destreza, cierta rutina en la persona docente, pero nunca un trabajo razonado y que pueda por tanto despertar y desarrollar todas las facultades.

El complemento de la tarea de la maestra es la educación moral en su más lato sentido y con ella la de todos los ejemplos i estímulos que tiendan a despertar en el educando el patriotismo y el civismo, haciéndole un miembro útil de la sociedad.

Todo esto hace que la alumna normalista deba recibir una educación tal que la prepare, no solo a la lucha de la vida, sino a ser para sus futuras discípulas un ejemplo y modelo de cuanto haya de más probo y respetable, y que, persuadida de la nobleza de su misión, sea firme como una roca en el cumplimiento de su deber y en la defensa de su honor, así como dulce y  maternal para con los pequeñuelos confiados a su cuidado.

A la realización de semejante ideal se han consagrado y se consagrarán nuestros esfuerzos; pero no puedo ocultar, Excmo. Señor, las graves dificultades que para ello encontramos en aquellas alumnas que entran a la Escuela Normal no con el mismo anhelo de obtener una educación completa y con el deseo de trabajar por el bien público, sino porque sus padres o tutores consideran este establecimiento como un medio de procurarles, sin gastos, los medios de tener una posición rentada, pero sin tomar en cuenta la vocación ni sus aptitudes intelectuales o físicas para la nobilísima e importante misión para la cual se preparan aquí.

Trabajando hasta donde nos ha sido posible contra estas condiciones desfavorables, creemos que la Escuela Normal debe ser para todas sus discípulas una patria intelectual, una fuente de estímulo pedagógico en la cual puedan buscar consejo y ayuda para sus trabajos, sea dentro o fuera de ella.

Las profesoras de la Escuela Normal y las maestras que se hayan formado en ella, debemos formar un mismo cuerpo cuya vida sea el anhelo y el entusiasmo por nuestra santa tarea.

II

¿Qué se ha hecho hasta ahora para preparar el camino a la realización  de tan elevados propósitos?

El Supremo Gobierno ha contratado en Europa el número necesario de maestras, ha hecho construir este hermoso edificio y ha dotado a la escuela de una colección bastante completa de material escolar.  Además cediendo a las indicaciones de las personas que han tomado a su cargo la supervigilancia y dirección del establecimiento, nombró una comisión examinadora compuesta del cuerpo docente de la escuela, bajo mi presidencia, para calificar los méritos de las que se presentaron a fines del año anterior como aspirantes al puesto de alumnas.

Doy a esta medida una grande importancia, porque teniendo nosotras únicamente la responsabilidad del éxito, nos corresponde la elección de las aspirantes que se deben admitir. Esa es la práctica observada en las escuelas normales de Alemania y de Austria de donde venimos. Las profesoras de este establecimiento que han dedicado al servicio de la enseñanza una buena parte de su vida, como yo misma que tengo una experiencia escolar de 21 años, no podrán menos de poner al servicio de esta elección la necesaria perspicacia y también un interés más especial en favor de las mismas aspirantes que el que pudiera tener cualquiera otra comisión examinadora, colocándonos nuestra misma condición de extranjeras en una situación de mayor imparcialidad.

 

La admisión de nuevas alumnas no requiere tanto un examen de conocimientos, como un juicio sobre la fuerza intelectual de la aspirante, de la impresión general que ella produce, de sus aptitudes para el preceptorado; un juicio esencialmente pedagógico para el cual solo están preparadas las personas que cultivan habitualmente el arte de enseñar.

La frecuente separación de alumnas por no estar suficientemente preparadas o por falta de disposición para el estudio, entraña males gravísimos y produce el desorden en los estudios. Por el contrario, si se deja a la comisión examinadora, formada por las profesoras de la escuela, la tarea de elegir las aspirantes según sus aptitudes corporales e intelectuales y tomando en cuenta todos los antecedentes favorables a la formación de una buena maestra, se haría muy raro el caso de la separación de una alumna y tanto las profesoras como sus discípulas trabajarán mejor y con menos dificultades asegurándose de esta manera resultados más satisfactorios.

De este modo el Gobierno nos ha apoyado concediéndonos el derecho pedido en este año, por lo menos para Santiago, habiendo tenido mucha parte en esta importante medida el señor Núñez que, como jefe inmediato, conoce y se empeña en remediar las necesidades del establecimiento y en facilitar las tareas de las profesoras.

Por nuestra parte, para cumplir con nuestra tarea, creo poder decir de mí y de mis compañeras de trabajo que hemos hecho cuanto estaba al alcance de nuestras fuerzas. Para vencer la enorme dificultad que presenta la tarea de enseñar en un idioma extranjero seis meses después de haber llegado al país, hemos necesitado un constante y asiduo trabajo para la preparación de nuestras lecciones a fin de hacernos comprender de las alumnas por medio de la enseñanza oral.

Del éxito alcanzado después de siete meses de enseñanza en el año anterior, según los exámenes que se rindieron en el mes de diciembre, se ha dado cuenta en un extenso artículo publicado en un diario de esta ciudad. Por esta razón me limitaré a decir que la reforma de los métodos de enseñanza, que eran en todo sentido nuevos para nuestras discípulas, se manifestó ya establecida y produciendo sus frutos tanto en la manera cómo se rindieron esos exámenes, cuanto por la variedad y solidez de los conocimientos adquiridos.

Debo, sin embargo, hacer mención de tres ramos especiales a los cuales se ha prestado toda atención en la escuela, que son: las labores de mano, el dibujo y el canto.

Las lecciones de trabajos manuales en la Escuela Normal tienen por objeto, en primer lugar, la enseñanza de todos los que se consideran más necesarios o por lo menos útiles en la vida de familia y constituyen un curso perfectamente graduado, durante el cual deben las alumnas aprender: 1.° Tejidos de todas clases con crochet, primero con hilo y después con lana; 2.° Tejidos de medias y otros, con palillos y con diversos materiales; 3.° Costura y corte de ropa blanca, remendar, zurcir, etc., etc.; 4° Bordado en blanco; 5.° Corte y confección de trajes y vestidos, tanto a mano como usando la máquina de coser.

La facilidad de hacer en la familia casi toda la ropa no solo economiza  mucho dinero, sino que puede proporcionar a la maestra una situación más independiente, evita la ociosidad y  puede aun servirle como un medio de aumentar sus entradas estableciendo en pueblos de alguna importancia privados para la enseñanza de trabajos de mano. Estas lecciones se dan en nuestra Escuela Normal, conforme al método simultáneo y  gradual, ejecutando todas las alumnas un mismo trabajo y  pasando de lo más fácil a lo más difícil. Cada modelo es propiedad de la alumna que lo ha hecho, a fin de que más tarde pueda servirle en sus trabajos de maestra. La costura de ropa blanca y de vestidos se hace con los materiales que las mismas alumnas traen a la escuela.

La enseñanza del dibujo a mano libre ha tenido también una atención muy especial en este establecimiento. El dibujo ejercita en alto grado el sentido de la vista y las facultades perceptivas, da destreza y seguridad a la mano, y despertando el buen gusto prepara a las alumnas con mejores aptitudes para el bordado y para todos los trabajos manuales. Es además un poderoso agente educador, en cuanto propende a contraer con toda fuerza la atención a la exactitud y a la belleza de la forma, y tiene finalmente un valor puramente estético en cuanto cultiva el goce puro de esta belleza.

En esto consiste el provecho que cada una de nuestras alumnas puede sacar de este importante ramo para ella misma; más, de cuánta importancia no sería generalizarlo como estudio obligatorio en todas las escuelas primarias a donde los futuros artesanos y obreras del país van a recibir su instrucción ¡Qué desarrollo tomarían las distintas industrias para las cuales el dibujo es la base, si este pueblo, dotado de una disposición tan sobresaliente para todo género de trabajos manuales, recibiera desde los primeros años de la enseñanza esta poderosa ayuda, con la cual tanto carpinteros como herreros, tanto ebanistas como modistas perfeccionarían considerablemente sus artefactos, llegando a producir en el país muchos de los artículos que ahora se traen del extranjero!

El canto, según la expresión del sabio griego Pitágoras, debe ser cultivado como un medio de ennoblecer, tranquilizar y elevar el espíritu. En todos los pueblos cultos el cultivo de la música, como la expresión más inmediata del sentimiento, ha sido considerado un poderoso agente de educación. Un poeta alemán dice:

« Quédate sin temor en el lugar donde oigas cantar, los malvados jamás cantan. »

 

Enseñemos, pues, al pueblo el canto, por medio de la escuela; despertemos en él el gusto por la música, y especialmente por el canto coral, que resuena tan alegre en las reuniones populares, que tanto adorna el culto divino y que disipa los pensamientos sombríos y tristes.

Para la maestra el ejercicio de la voz i del oído son de grande importancia: su voz, es decir, la manera como debe usar de ella tiene mucha influencia en la impresión que debe hacer sobre sus discípulas y no contribuye en poca parte al éxito de su enseñanza, principalmente de su enseñanza moral.

En este establecimiento, correspondiendo a las necesidades de las futuras maestras y por el escaso tiempo de que se ha podido disponer, nos hemos contraído solamente a los elementos de la teoría, atendiendo mucho más esmeradamente a la práctica i al cultivo i desarrollo de las voces, del oído, de la expresión, del gusto; en una palabra, de la parte estética del ramo.

En cuanto a la tarea de la educación que necesariamente ha tenido que marchar al lado de la de la instrucción, me limitaré a decir que, sintiéndonos animadas de las ideas y propósitos expuestos anteriormente, hemos trabajado cuanto nos ha sido posible para cumplir con esa parte de nuestra tarea. Graves dificultades hemos encontrado a veces; en no pocas ocasiones se ha experimentado cierto sentimiento de oposición manifestado por algunas alumnas, en la primera época de su incorporación al establecimiento, oposición que en aquel entonces hemos considerado muy natural contra las extranjeras y atribuido a la influencia de preocupaciones contra el nuevo régimen de esta escuela. Por ahora, considero desvanecidas esas preocupaciones, y puedo asegurar que el cariño de gran parte de nuestras alumnas nos facilita considerablemente la tarea de su educación.

Anexos a la Escuela Normal funcionan, como se sabe, la Escuela de Práctica y un curso para bordado artístico, ambos para externas, y la primera para ambos sexos en el primer y segundo año. Esta Escuela de Práctica es el campo de observaciones y experiencias de los dos últimos cursos de la Normal, y también el teatro de los ejercicios prácticos para el último; es un importantísimo miembro de todo el establecimiento, una base fundamental para el resultado de la enseñanza pedagógica, al mismo tiempo que la prueba para el crecimiento intelectual de las normalistas, y por supuesto el objeto de un vivísimo interés para todo el cuerpo docente. Según las palabras del célebre pedagogo Diesterweg, este apóstol de la pedagogía moderna, una Escuela Normal vale tanto cuanto su escuela de práctica, y los maestros o maestras deben cuidar de ella como de la niña de sus ojos.

En nuestra patria estas escuelas de práctica no son, como aquí en gran parte, la escuela de los pobres, sino que las familias de las clases superiores la buscan, sabiendo que en ninguna otra escuela pública encuentran mejor enseñanza, mejor disciplina para sus hijos. Los padres se empeñan en no dejar perder a sus niños ninguna hora de clase, sin verdadera necesidad. Aquí la falta de exactitud y regularidad en la asistencia es un estorbo enorme para el adelanto i desarrollo de esta escuela, así como una causa de verdadero desaliento para las maestras que trabajan en ella.

Es una excepción honrosa entre los padres de familias de nuestras alumnas externas una que, al principio de este año, se mudó cerca de esta casa, pensando que luego se iba a concluir el edificio para poder hacer seguir a sus hijos a la Escuela Normal, y a pesar del gran viaje que tenían, a la antigua casa han continuado asistiendo a ella hasta hace poco. Esto también era un verdadero sacrificio, y cito el hecho como un testimonio honroso del trabajo de la escuela, como asimismo el hecho de que algunas de las familias se han mudado ahora con el establecimiento. Estas que han venido ahora con nosotras se encuentran allí entre el número de las alumnas.

Los ejercicios de las alumnas normalistas en la escuela de aplicación, son de dos clases: las alumnas del penúltimo curso asisten durante todo un año, algunas veces por semana, a las lecciones con el objeto de observar los métodos de enseñanza; hacen por escrito cortos resúmenes sobre lo que han oído y visto, los cuales son clasificados y corregidos por la maestra cuyas lecciones han oído, haciéndose después un ejercicio de crítica con las alumnas. Estos son los ejercicios de observación.

Las normalistas del último año hacen clases ellas mismas, a cuyo efecto se fijan con anticipación los temas para una semana con relación a los estudios de metodología que hayan alcanzado a hacer, estando presentes la directora, la regente, la profesora del ramo y las alumnas.

Todas las alumnas que asisten apuntan sus observaciones sobre el procedimiento observado por su compañera, lo cual sirve de base a una conferencia crítica al fin de la semana.

Para ejercitarlas también en sus aptitudes de educacionistas, siempre una de las normalistas del último curso, ejerce, durante tres días de la semana, la vigilancia sobre las externas, antes de las clases, en los recreos.

El curso de bordado artístico alcanzó resultados favorables durante el año anterior, a pesar de las dificultades del reducido local que ocupaba en la antigua casa, circunstancia por la cual solo se pudo admitir dieciséis alumnas.

Los trabajos que se enseñan son: bordado Holbein, que consiste principalmente en composiciones de líneas rectas y en el cual aparece el mismo dibujo en ambos lados del género; flecos de varios materiales; malla con bordados de Guipure; calados de diversas clases; bordados en seda, tercio pelo, felpa y otros materiales; puntos de filet, de Venecia, de Arabia y de España; bordados con oro, etc., etc. Estos trabajos se hacen gradual y metódicamente según las dificultades que cada uno ofrece, trabajando las discípulas a un mismo tiempo en cada una de estas labores.

Confiamos que este curso tendrá un desarrollo considerable en el nuevo y hermoso local que se le ha destinado, y que las alumnas que asistan a él con regularidad durante tres años podrán adquirir una profesión tan útil como lucrativa, cual es la de buenas bordadoras i de profesoras de este género de trabajos para dar lecciones particulares o en las escuelas públicas.

 

III

¿Qué ha de hacerse para propender al completo desarrollo de la Escuela Normal?

Espero que el Supremo Gobierno no dude de nuestro empeño más sincero; pero tanto yo, como mis compañeras de trabajo, consideramos imposible dar en cuatro años a nuestras alumnas la educación, los conocimientos necesarios y una suficiente formación pedagógica y metodológica tanto en la teoría como en la práctica. Se exige una base de conocimientos unida a cierta madurez de raciocinio para iniciar con éxito a las alumnas en la teoría i práctica do la pedagogía. Si faltan aquellas condiciones fundamentales, podemos prepararlas para una rutina exterior, pero no formarlas para un trabajo razonado i verdaderamente útil.

Llegadas a aquel grado de formación, en que principian la penetración de lo aprendido, las nociones más serias sobre la vida, la comprensión pedagógica, nos es sensible que nuestras alumnas dejen el establecimiento sin haber completado su educación. Concédanos el Gobierno un año más, de modo que un año preparatorio preceda a los cuatro cursos de la Normal, y entonces la educación de las normalistas en general y su formación pedagógica en especial darían resultados más elevados.

Si el propósito del establecimiento es formar buenas maestras, el aumento de gastos para la educación de cada una, compensaría ampliamente al país. El último año se dedicaría principalmente a la práctica y a perfeccionar la enseñanza de trabajos de mano, es decir: de bordados artísticos, que formarían otro recurso más para las jóvenes maestras. Todo eso puede hacerse sin aumentar el número de profesoras.

Dije antes que la Escuela Normal debo ser en todo tiempo el centro espiritual para sus alumnas, y asimismo en años posteriores para todas las maestras del país. En este sentido consideraría de gran importancia que las alumnas de este establecimiento sean obligadas a repetir, después de dos años de práctica, un examen que se refiera a su experiencia, a los objetos de sus estudios propios y al adelanto de su profesión. Del resultado de este examen debería depender la categoría de la escuela que se confió a su dirección. Estos exámenes serían un preservativo contra la rutina, un estímulo a progresos empeñosos, una garantía para el éxito de las escuelas en general. Nada más natural que el desaliento producido por las circunstancias en medio de las cuales trabajan la mayor parte de las maestras del país. Las casas de escuelas son en su mayor parte inadecuadas, los útiles insuficientes; la buena voluntad, con que es de esperar, se sientan animadas muchas de nuestras alumnas, se debilitará luchando con dificultados invencibles. Como es indispensable remediar, y cuanto antes, el mal indicado, también es preciso apoyar esta buena voluntad, dándoles aquí, en la Escuela Normal, la fuerza necesaria perdida por las causas que se han expresado.

La segunda parte de este establecimiento, la Escuela de Práctica, en su local adecuado, con un vecindario estable, ofrecerá un precioso recurso intelectual a este populoso barrio de Yungay, proporcionando además a las normalistas un campo de práctica más extenso y  fecundo que antes.

La tercera parte, el curso de bordado artístico, si se aceptan los proyectos que tendré el honor de presentar al Supremo Gobierno a fines de año, podrá desarrollarse de manera que logre ennoblecer considerablemente el

gusto en general y fomentar la industria femenina. Con el fin de generalizar la influencia del curso, sería de desear que se admitan en el número de las internas, tres alumnas que se llevarían a sus respectivos pueblos el provecho de lo que aprendieran aquí. Estas tres becas se renovarían cada tres años. Por último, confío que sea aprobada la idea de establecer en la tarde una clase especial de bordado para aquellas señoritas que quieran aprender este ramo, pagando una módica retribución por la enseñanza, así como también los materiales de que hagan uso.

Se va a establecer para las normalistas un curso de cestería y otro de tejidos con máquina, para que las futuras maestras puedan introducir estas industrias en provincias que ofrezcan el material para la primera, o la posibilidad de establecer la segunda. De esta manera se abrirá para muchas familias pobres un manantial de recursos pecuniarios con trabajos cuyo producto no saldría ya del país para el extranjero, como la cestería fina o de fantasía, y los objetos y tejidos, de lana.

Por ahora tenemos una sala desocupada que se usará como taller; pero si los cursos se extienden a cinco años, como me complazco en creer, faltará la comodidad. También nos falta un terreno suficiente para un jardín, en el cual sería posible enseñar a nuestras alumnas prácticamente algo del cultivo de las flores, legumbres, etc. La arboleda situada detrás de la casa es demasiado pequeña para este destino. Mucho se podría decir sobre el influjo, no solo físico, sino también del espíritu de estos trabajos; influjo que las maestras, cultivando su jardín y enseñando a sus discípulas a hacerlo, ejercerían en el bienestar moral y material de las clases inferiores. Si la generosidad del Gobierno nos diera más adelante una arboleda que existe cerca de esta casa, podrían salir en las horas de recreo grupos alegres de nuestras alumnas: unas para ocuparse en el taller que se construyese allí, otras para labrar el jardín mismo. Sería un trabajo saludable para el cuerpo y alma.

Todo eso puede desarrollarse con la ayuda de Dios. Mis proyectos, mis deseos para este establecimiento son ambiciosos, son casi exigentes. No es dado a la fuerza humana alcanzar en sus obras el perfeccionamiento completo; pero nosotras, las maestras alemanas, queremos conseguir que la Escuela Normal sea un beneficio verdadero para este país, y que las generaciones venideras celebren la obra y recuerden con gratitud el acto del Gobierno que la hizo nacer.

Saludo ahora a ustedes, hijas mías, en esta nueva casa: a las antiguas alumnas que ya han estado más de un año en la Escuela Normal, así como a las nuevas para quienes la vida i el trabajo en este establecimiento son todavía un libro cerrado. De las primeras espero que se empeñarán en ser en todos sus actos un modelo para sus nuevas compañeras. Las otras creo que luego se acostumbren a la Escuela con el placer que sienten gran parte de sus compañeras.

Todas han entrado a este hermoso edificio que el Gobierno nos ha dado como taller para nuestro trabajo; pero no sé si todas han reflexionado sobre lo que esta casa significa para nosotras y sobre los pensamientos que nos sugiere.

Se nos ha dado, mis queridas alumnas, tan noble taller porque está dedicado a un noble trabajo: a la instrucción y al estudio; a aquel estudio que tiene por objeto formar institutrices competentes y virtuosas. No olvidemos por un momento el elevado fin a que se dirige nuestro trabajo; hagámoslo con gusto, con toda nuestra alma, en el nombre de Dios y como servicio a Él: solo de este modo lo veremos adelantar y prosperar.

En el corazón de esta casa se encuentra el santuario de la capilla, lo que nos hace presente que el centro de nuestra vida debe ser Aquel a quien está consagrada. -—Diesterweg, el ilustre pedagogo y maestro, decía a sus normalistas:

«¡Jóvenes!, haced de vuestro corazón un altar al Ser Supremo! Sin fe, sin religiosidad, sin confianza en Dios, sin amor hacia Él que nos ha amado primero, sin la convicción de que Él conduce todo hacia lo mejor y que cada buena obra goza de su protección, sin todo eso nos faltaría el sostén en la vida moral.—

¡Con Dios! esta es la máxima del hombre verdaderamente

cristiano; ¡nada sin Él, todo con Él y por El»!

Principiemos entonces el trabajo en su nombre; sigámoslo en su presencia y como si estuviéramos a su misma vista, concluyámoslo pensando en Él; llenemos por fin nuestra alma de su amor y que este se refleje en el  amor hacia nuestros semejantes.

Unido a la capilla se encuentra este hermoso salón; él ve la fiesta de hoy, que hará época en la historia intelectual de Chile; él verá también otras fiestas solemnes, y los actos más serios de nuestra vida escolar tendrán lugar en este sitio. Él es de este modo el silencioso testigo de las horas que tendrán una parte importante en la vida de esta casa, y será un mudo recuerdo de nuestros deberes tanto para ustedes como para sus maestras.

Estas salas y patios proporcionan aire puro y saludable. Que ellas sean un símbolo de la fuerza y salud moral que debemos guardar en nosotros.

No dejemos entrar en esta casa ni en nuestras almas nada que pueda viciarlas; vivamos en el puro y abnegado empeño por nuestra tarea.

Ráfagas de luz penetran por estas altas ventanas. Que de la misma manera llegue al espíritu de nuestras alumnas la luz de la ilustración; no la luz falsa de conocimientos fatuos y frívolos, sino la verdadera luz de la virtud y del saber que así como la luz solar que viene de Dios nos hace dirigir nuestras miradas hacia Él, la luz de su amor nos haga usar todas nuestras facultades en su servicio propagando lo verdadero y lo bueno y luchando contra lo malo y lo bajo.

Todavía una palabra más. Tengan cuidado, mis queridas niñas, que esta hermosa casa no les haga perder su modestia y humildad. Todas nosotras no valemos más por haber recibido este suntuoso edificio; más bien tenemos que empeñarnos en ser siempre dignas de él. La Escuela Normal debe realizar mucho para que esta casa no sea un reproche a nuestros trabajos.

No olviden jamás, hijas mías, las modestas habitaciones en las cuales han nacido, ni los hogares humildes en los cuales la mayor parte de ustedes irán después a pasar su vida. No olviden que todo lo que se les proporciona aquí: casa, alimento, educación, es un préstamo que ustedes reciben de sus conciudadanos, y que solo pueden pagar semejante deuda haciendo lo que de ustedes se espera: primero buenas alumnas de esta Escuela, y después buenas maestras del pueblo.

 

Fuente: Inauguración del nuevo local  de la Escuela Normal de Preceptoras de Santiago. Imprenta Nacional, Santiago de Chile, 1886, pp 5-19

 

 

DOCUMENTO N° 10: TERESA ADAMETZ COMO VISITADORA EXTRAORDINARIA  DE ESCUELAS

LOCALES INADECUADOS QUE DAÑAN LA SALUD.

LA ENSEÑANZA Y LA SALUD DE LAS MAESTRAS ERAN AFECTADAS POR LOCAL INADECUADO PARA EL ENTORNO URBANO, EN: INFORME SOBRE LAS ESCUELAS DE NIÑAS DE SANTIAGO PRESENTADO AL SEÑOR INSPECTOR JENERAL DE INSTRUCCIÓN PRIMARIA, POR LA VISITADORA ESTRAORDINARIA DE LAS MISMAS DOÑA TERESA  ADAMETZ; REVISTA DE INSTRUCCIÓN PRIMARIA , AÑO XI  Nos 3 y 4; 1896, PÁG 158

1

La mayor parte de los edificios que yo he visto, no corresponde a su destino; en algunos de ellos los defectos tienen remedio, otros son absolutamente inadecuados.

La escuela superior numero 1 se considera, por su exterior, el ideal de una casa escuela. Tienen buenas salas, abundancia de luz y aire, buena disposición de las localidades entre sí, pero adolece de un defecto gravísimo para alumnas y maestras: los innumerables carruajes que pasan por la Alameda a toda hora, producen un ruido tan enorme que las maestras a menudo se ven en la necesidad de interrumpir la clase o de hablar a gritos para hacerse entender. Se pierde por completo la influencia de tono agradable que debe acompañar siempre la enseñanza.

Las voces de las niñitas apenas se oyen. Se me dijo que entre las maestras eran frecuentes las enfermedades de la garganta y que algunas de ellas sufrían de fuertes dolores de cabeza, lo que es natural por el enorme esfuerzo de la voz y de los nervios; enfermedades del pulmón no faltarán. El inconveniente se aumenta por la necesidad de tener abiertas las ventanas, pues el sol que baña los dos frentes del edificio durante muchas horas, y el gran número de alumnas que llena la sala exigen mucha ventilación, la cual no se puede procurar por medio de las puertas hacia el interior de la casa, por oírse entonces todas las maestras a la vez.

Los dos graves defectos se subsanarían:

 Por la colocaci6n de un piso de asfalto en la piso de asfalto  en la parte de la Alameda que limita inmediatamente el edificio

 Por la construcci6n de ventiladores hacia el interior de la casa y hacia el techo, para que se puedan manejar cerradas las ventanas grandes durante la clase.

 

Monsalve Bórquez, Mario: “Y el silencio comenzó a reinar : documento para la historia de la instrucción primaria, 1840-1920”, Colaboradores: DIBAM, Centro de Investigaciones Barros Arana, Universidad Católica Blas Cañas,  Santiago de Chile, 1998, pp 112

 

SALAS CON CARENCIA DE MANTENCIÓN

INADECUADA MANTENCIÓN DE SALAS DE CLASE COMPROBÓ VISITADORA DE ESCUELAS EN SANTIAGO  EN: INFORME SOBRE LAS ESCUELAS DE NIÑAS DE SANTIAGO PRESENTADO AL SEÑOR INSPECTOR GENERAL DE INSTRUCCION PRIMARIA, POR LA VISITADORA EXTRAORDINARIA DE LAS MISMAS DONA TERESA ADAMETZ; REVISTA DE INSTRUCCIÓN PRIMARIA , AÑO XI  Nos 3 y 4; 1896, PÁG. 160

 

La escuela número 25, en el Mercado de San Pablo, podría ser una excelente casa escuela con algunos arreglos. Tiene salas espaciosas con suficiente ventilación y luz, un corredor ancho y un patio grande. El año pasado se entablaron las salas, pero las ventanas se encuentran en muy mal estado. Faltan no solamente vidrios sino hojas de ellas. Pero el mal más grande es que en las ocho ventanas del poniente no hay cortinas, puesto que conservan solamente los restos de aquellas que se han colocado quince a veinte años atrás, según lo que me dice la preceptora. Son una especie de flecos largos que no alcanzan a preservar las salas del ardiente sol, que está encima de las pobres niñitas. Pueden resultar graves enfermedades de la vista, del cerebro y desde luego odio a esta escuela.

Fuente: Monsalve Bórquez, Mario: “Y el silencio comenzó a reinar : documento para la historia de la instrucción primaria, 1840-1920”, colaboradores: DIBAM, Centro de Investigaciones Barros Arana, Universidad Católica Blas Cañas,  Santiago de Chile, 1998, pp 113

 

OBSERVACIÓN A LA CONDUCTA PROFESIONAL DE PRECEPTORAS

CAUSALES QUE INFLUÍAN EN EL DESEMPEÑO PROFESIONAL DE LAS PRECEPTORAS,  SEGÚN CONSIDERACIÓN DE LA VISITADORA DE ESCUELAS DE NIÑAS DE SANTIAGO, EN: INFORME SOBRE LAS ESCUELAS DE NIÑAS DE SANTIAGO PRESEN- TAD0 AL SENOR INSPECTOR JENERAL DE INSTRUCCION PRIMARIA, POR LA VISITADORA ESTRAORDINARIA DE LAS MISMAS DONA TERESA ADAMETZ. REVISTA DE INSTRUCCIÓN PRIMARIA , AÑO XI  Nos 3 y 4; 1896, PÁGS 232 a 234 y 239 a 240

Se comprende que todavía hay que recurrir a los servicios de interinas por no bastar el número de maestras graduadas para todo el país. Pero entre ellas he encontrado unas pocas solamente tan aptas y empeñosas que, colocadas al lado de maestras que sepan y quieran darles la debida instrucción, llegarían a ser bastantes útiles. Hay entre ellas también algunas completamente incapaces de comprender alguna enseñanza pedagógica, niñas sin inteligencia, sin ambición ni buena voluntad, que desprestigian el magisterio. Otras creen que, por haber sido colocadas en sus puestos por la recomendación de altos funcionarios públicos, tienen derecho a no trabajar como las demás y a no molestarse en aprender lo que ignoran, considerando excusable toda clase de negligencia y completa falta de competencia.

Se comprende que en los pueblos chicos es difícil encontrar personas enteramente apropiadas para estos puestos, pero en la capital seria fácil evitar 10s grandes

inconvenientes que resultan en el régimen de una escuela de una generosidad

abusada por las favorecidas. Hoy día la ayudante ya no es una especie de monitora que trabaja en la misma sala que la preceptora, sin iniciativa propia, sino es jefe de un curso independiente, que funciona en una sala independiente. además, en la capital es menos necesaria esta clase de beneficencia, porque aquí se ofrecen varias otras ocupaciones para señoritas de pocos recursos, ocupaciones que en muchos casos son más lucrativas que estos pobres puestos de ayudantes.

Entre las antiguas normalistas hay algunas que se han empeñado en ponerse al corriente  de los métodos racionales, preceptoras de carácter, inteligentes, que no disminuyen sino aumentan su dignidad por estar dispuestas y deseosas a perfeccionar sus procedimientos y a apoyar de todos modos el trabajo de las normalistas modernas que son sus subalternas.

Me es grato mencionar entre estas  a las directoras de las escuelas superiores Nos 1 y 2 y  de las elementales Nos 8,10,14 y 23.- Encontré otras que son un daño no solamente para las escuelas que regentan, sino para la reforma en general. Con una mala voluntad intencionada se niegan a seguir en los adelantos de la enseñanza se burlan de los nuevos procedimientos empleados en ella, encontrando ridículo todo lo que tiende a desarrollar la inteligencia del niño. Me he permitido dar a conocer a Ud., señor inspector, los nombres de estas preceptoras y ayudantes incompetentes, en una memoria privada.

Entre las normalistas modernas no todas corresponden a las esperanzas que en ellas se fundaron; algunas demuestran que se ha hecho mal en usar con ellas, durante sus estudios en la Escuela Normal, una indulgencia que no han merecido, otras no han querido trabajar alguno años al lado de (compañeras) jefe que no les dejaban proceder del modo que se les había enseñado; pero la menos apta y menos empeñosa entre estas no puede faltar por completo a toda lógica y no puede pecar en absoluto contra las leyes de psicología como se ve en algunas otras maestras.

El hecho de que muchas de las personas dedicadas la enseñanza primaria no están a la altura de su tarea, es causado en gran parte por las condiciones materiales de su vida, que son tan desfavorables que forzosamente bajan su nivel intelectual y moral.

Muchas voces más poderosas que la mía ya se han levantado para llamar la atención del Supremo Gobierno a este hecho. Lo que exige del preceptor es enorme en comparación con lo que se le da: debe ser un hombre de carácter, debe poseer cierto caudal de conocimientos, debe cultivar en su espíritu altas miras en cuanto a su tarea, debe consagrarse por completo en formar de sus alumnos hombre idóneos.

A presentarse ante sus alumnos debe olvidar si está enfermo o afligido, debe entregarse a su trabajo con un espíritu tranquilo y sereno. Pero ¿c6mo podría suceder esto si encuentra que por el penoso trabajo en que ha agotado gran parte de sus fuerzas, en que deja la mitad de su vida. solo recibe un sueldo mezquino que no le basta ni para las necesidades más apremiantes de su existencia? El preceptor, decepcionado, abatido, se olvida de la nobleza de su misión, y busca por otros medios el alivio a tanto mal. La enseñanza decae, la confianza y el respeto del público se disminuye y se ve en el preceptor que lucha con tanta miseria material y moral, no una persona digna de aprecio (i) consideración, sino un humilde servidor.

Contribuye a hacer pesadas las tareas del maestro el exceso de trabajo en cuanto a las horas diarias que exige el actual Reglamento. La modificación del Art 21, presenta como proyecto a la Comisión de Instrucción Primaria por el Visitador D. Ramón Álvarez y aprobada ya por el Supremo Gobierno está llamada a remediar este mal que principalmente tocaba a las maestras y alumnas de las secciones inferiores. En cuanto a las primeras, su trabajo requiere mas esfuerzos que con cursos superiores, por esto es menester concederle más descanso; en cuanto a las ultimas, es pecado contra la higiene y contra la psicología el obligarles a quedar sosegadas y atentas durante tantas horas. El resultado de la enseñanza de los chicos será más satisfactorio con menos horas diarias: habrá espíritus más despiertos, un trabajo más intenso, una disciplina más estricta.

Todas las medidas aisladas que propongo para mejorar la enseñanza primaria son partes no más de la reforma esencial que se debe llevar a cabo por un Reglamento escolar, y en especial por un programa de estudio que corresponda al espíritu en el cual se han formado las normalistas. Hasta ahora, once años después de la reforma de las Escuelas Normales, poco se ha hecho para ponerlas en la posibilidad de comprobar cuánto vale su formación. Si hasta ahora han prestado buenos servicios, lo han hecho no cumpliendo con la ley ni el Reglamento; lo han hecho luchando varios años contra la oposición de algunos visitadores, y muchas compañeras de trabajo, que pertenecen a la antigua escuela. Las débiles y tímidas entre ellas han perdido en esta lucha gran parte de sus conocimientos; las más inteligentes y enérgicas no han sido tan útiles como habrían podido serlo; ambas han sido privadas de esta entusiasta buena voluntad, con lo cual la mayor parte ha salido de las aulas de la Escuela Normal.

 Quien está obligado a trabajar continuamente, año por año, de un modo que se pone a sus convicciones, está condenado a un martirio espiritual que no pueda faltar a perjudicar poco a poco el carácter y a paralizar las fuerzas mentales en general. Son por esto las más inteligentes, las más entusiastas, las más empeñosas, las que estaban llamadas a prestar los mejores servicios, las que se encuentran más atormentadas por la falta de congruencia entre los dos factores que hay que tomar en cuenta en esta cuestión; la preparación del profesorado y la reglamentación de sus tareas.

Fuente: Monsalve Bórquez, Mario: “Y el silencio comenzó a reinar : documento para la historia de la instrucción primaria, 1840-1920”, colaboradores: DIBAM, Centro de Investigaciones Barros Arana, Universidad Católica Blas Cañas,  Santiago de Chile, 1998,pp 116-118





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