HISTORIA ANTIGUA. DOCUMENTO nº6 : LA CIUDAD-ESTADO EN LOS TIEMPOS HOMÉRICOS .
HISTORIA
ANTIGUA. DOCUMENTO nº6 : LA
CIUDAD-ESTADO EN LOS TIEMPOS HOMÉRICOS .
El presente
documento pertenece a “La Iliada” de Homero (canto II)
Relata el
momento en que Agamenón rey de los aqueos, después de nueve años de lucha
decide volver a la patria y no continuar combatiendo.
El texto permite
inferir algunas características de la
organización política de las ciudades-estados de los tiempos homéricos y
apreciar la forma como se tomaban decisiones.
En el documento se ve la participación del
Consejo de Ancianos y de la Asamblea del pueblo en las decisiones de Agamenón
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Subía
la divina Aurora al vasto olimpo para anunciarle el día a Zeus y a todos los
Inmortales, cuando Agamenón ordenó a los heraldos de voz sonora que convocaran
a asamblea a los aqueos de largas cabelleras. Y una vez convocados, se
reunieron enseguida.
Sin
embargo Agamenón invitó previamente al Consejo de los magnánimos Ancianos a
reunirse a la nave de Néstor, rey de Pilos para someterles a un meditado plan:
-Oíd,
amigos¡ Mientras dormía, durante la noche inmortal, se me acercó un Sueño
divino, y deteniéndose sobre mi frente ,
profirió estas palabras: “¿Duermes?, me dijo.
Un
héroe, si es de los que tienen voz en el Consejo, a quien se han confiado
tantos guerreros, no debe entregarse al descanso la noche entera. Soy el
emisario de Zeus, el cual, aunque lejos se inquieta por ti y te compadece.
Te
ordena que llames enseguida a las ramas
a todos los aqueos de largas cabelleras. Ha llegado la hora de adueñarse de la
vasta ciudad de los troyanos, pues los inmortales que habitan en el Olimpo ya
no están desunidos frente a este problema.
Hera
les ha persuadido con sus ruegos, y grandes infortunios amenazan ahora a los
troyanos. Tal es la voluntad de Zeus.
Quedan
mis palabras grabadas en tu mente, para que no las olvides cuando el dulce
sueño te abandone. Así habló, y se fue volando, mientras el dulce sueño huía de
mí.
Veamos,
pues ahora, como podremos conseguir que los aqueos tomen las armas. Para
pulsarlos me valdré, como siempre, del discurso; les aconsejaré que huyan en
sus naves de numerosos remos , y vosotros, cada uno de por sí, buscad palabras
que…….
Dijo, y
se sentó. Seguidamente se levantó Néstor, rey de la arenosa Pilos, y les dijo
con palabras comedidas:
-¡Amigos,
jefes y príncipes! Si otro aqueo nos hubiese referido este sueño, no lo
creeríamos, desconfiaríamos de él; pero lo ha tenido quien se gloria de ser el
primero de los aqueos. Veamos, pues, la manera de conseguir que los aqueos tomen
las armas.
Dicho
esto, salió primero del Consejo. Los reyes se levantaron y obedecieron. Los
pueblos acudían ya …. Los guerreros marchando en grupos, por la baja ribera,
desde las naves y tiendas hacia la asamblea. El Rumor, mensajero de Zeus,
instigaba a los hombres a moverse. Nueve
heraldos les conminaban a que callasen y escuchasen a los reyes. Tan pronto
guardaron silencio y estuvieron sentados y dirigiéndose a la Asamblea, habló de
esta manera:
-¡Amigos,
héroes servidores de Ares! En grave infortunio me ha sumido Zeus, hijo de Cronos. ¡El implacable! Me había
prometido y asegurado antaño que no regresaría a mi país sin haber destruido
Ilión , la de sólidas murallas, y todo ha sido funesto engaño.
Ahora
me invita a regresar a Argos sin gloria, después de haber llevado a la muerte a
tantos hombres. Tal es, pues; la
voluntad del prepotente Zeus, que ha destruido las fortalezas de muchas
ciudades y destruirá muchas aún, porque su poder es inmenso.¡ Qué vergüenza
vamos a legar a las generaciones futuras! ¡ El espléndido y numeroso ejército aqueo combatiendo vana e
ineficazmente con un número menor de hombres, y sin saber aún cuándo la
contienda tendrá fin!
¡En
tanto, repito, superan en el número los aqueos a los troyanos que moran en la
ciudad! Pero han venido en su ayuda aliados de muchos países, hábiles en el
manejo de la lanza, que me alejan de mi propósito y me impiden destruir como
quisiera la populosa ciudad de Ilión.
Nueve
años del gran Zeus transcurrieron ya; los maderos de las naves se han consumido
y las cuerdas que los ceñían se han aflojado; nuestras esposas e hijitos nos
aguardan en nuestras casas, sin que
hayamos dado fin a la empresa para lo cual vinimos.
Pues
bien, obremos todos de acuerdo con mi consejo: huyamos con nuestras naves hacia
las playas de nuestra patria. Ha pasado la hora de conquistar la vasta Ilión.
Dijo, y
a cuantos no asistieron al Consejo se
les conmovió el corazón en el pecho. Y se agitó la Asamblea cual inmensas olas
en el mar. Y echaron a correr hacia las naves gritando y levantando nubes de polvo, animándose a tirar las naves
y botarlas al mar divino. Limpiaron enseguida
los caminos de sirga y quitaron los soportes, en tanto el vocerío de los
que se disponían a volver a la patria llegaba hasta el cielo.
Fuente:
De la Jara, Fernando; Duchens, Nancy; Frei R.T; Irene: “Antología de Documentos
de Historia Universal”. Material para el profesor. CPEIP. Lo Barnechea, Santiago de Chile, abril
de 1991, pp 10-11
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