La decoración navideña checa inunda el castillo alemán de Moritzburg. La pieza más antigua es un belén de cartón elaborado en 1780 y pintado al óleo, y que incluye también la procesión de pastores para alabar al Niño Jesús. La más curiosa puede ser el conjunto de tres figuras de San Nicolás, el Diablo y el Ángel, que tienen tamaño real, sin olvidar el árbol de Navidad presente en una de las salas, comenta Möbius.

El palacio sajón de Moritzburg acoge estos días una colección de decoración navideña checa formada por más de mil piezas. Con el título de ‘El Resplandor de las Navidades Checas’ ofrece bolas de cristal, figuras, estrellas e incluso representaciones a tamaño real de San Nicolás procedentes del siglo XIX y principios del XX.

Las decoraciones navideñas tradicionales checas, aunque comparten características con las de otros países centroeuropeos, tienen sus propias peculiaridades que las hacen interesantes también para el público alemán. El palacio barroco de Moritzburg, en el estado de Sajonia, se ha convertido así en el escenario de la muestra ‘El Resplandor de las Navidades Checas’.
Más de mil adornos checos originales llenan ahora de ambiente navideño los pasillos y salas del edificio, lo que ha supuesto un trabajo ingente para todos los empleados, destaca la directora del palacio, Ingrid Möbius.
“A todas las piezas de la muestra, que son más de mil, hemos tenido que ponerles una tarjeta explicativa, ya que provienen de colecciones privadas. Luego hemos tenido que colgarlas una a una. Ha sido un trabajo tremendamente duro”.
 En la exposición los visitantes pueden apreciar fundamentalmente bolas de vidrio y otros materiales, figuras, belenes, y en general todo lo que se fabricaba en las tierras checas para festejar la Navidad entre el siglo XIX y los primeros años del siglo XX. La pieza más antigua es un belén de cartón elaborado en 1780 y pintado al óleo, y que incluye también la procesión de pastores para alabar al Niño Jesús. La más curiosa puede ser el conjunto de tres figuras de San Nicolás, el Diablo y el Ángel, que tienen tamaño real, sin olvidar el árbol de Navidad presente en una de las salas, comenta Möbius.
“Todo es especialmente hermoso y romántico por la tarde, cuando anochece. Encendemos este abeto de cuatro metros decorado con figuras y bolas de Navidad. Debe tener seguro más de cien”.
 La decoración checa ha atraído de momento al palacio a unas 10.000 personas, fascinadas por la belleza y rasgos propios de los adornos navideños del otro lado de la frontera.
“Lo que no tenemos nosotros son estos adornos tan bellos y delicados fabricados con perlas. Son una impresionante muestra de fantasía, y además increíblemente variados. No me puedo imaginar cuánto tiempo y cuánta paciencia tuvo que invertir el artesano. Su creatividad me fascina”.

Los adornos checos seguirán transmitiendo su magia en el palacio de Moritzburg hasta el 4 de enero.

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