TIERRA DE LEYENDAS: El origen de Catalunya crea un programa turístico con los antiguos condados
TIERRA DE LEYENDASEl origen de Catalunya crea un programa turístico con los antiguos condados
Del mítico conde Arnau a las artúricas gestas de Otger Cataló. Es un programa que forma parte de las rutas por el nacimiento de Catalunya diseñadas por la Generalitat, con el Pirineo de fondo
Antònia Justícia
Barcelona
28/11/2010
"Toda nación necesita mitos y leyendas. Son relatos que la gente viste con los hechos más desgarradores de la historia, pero no dejan de ser un mensaje social con un gran fondo mitológico", piensa Eudald Maideu. En cierto sentido, él se siente partícipe de la leyenda. Y no de cualquier leyenda, sino de la del mítico conde Arnau, pues es plausible que, con los años, alguien acabe incorporando su nombre al relato popular como descubridor del castillo de Mataplana, sede del conde y uno de los escenarios más interesantes del programa turístico Terra de Comtes i Abats que se impulsa desde el Ripollès. Es un programa que forma parte de las rutas por el nacimiento de Catalunya diseñadas por la Generalitat, y que atraviesan once antiguos condados con el Pirineo como telón de fondo.
Cadenas del infierno. Se dice que las cadenas suspendidas en la puerta de la capilla del castillo de Mataplana son las que se ve obligado a llevar el conde Arnau, condenado eternamente. Al parecer, son cadenas de la orden de los trinitarios / Marc Arias"Paseando un día mi mujer y yo, encontramos una madriguera que no tenía la orientación normal. Cogí una linterna y vi que dentro había un arco. Todo el mundo pensaba que este castillo era también una leyenda", explica Maideu ante los restos de una estructura que comenzó a excavarse en 1986 y que acabó al descubierto en 1995, casi diez años después de aquel paseo que cambió la vida de la familia de Eudald. "Ha sido la aventura más mágica que ha vivido nuestra familia", asegura este pediatra jubilado de 75 años, que ha visto cómo de sus tierras emergía una parte importante de la historia de Catalunya. Precisamente por ello, el castillo forma parte de los escenarios que propone Terra de Comtes i Abats. El santuario de Montgrony, la iglesia de Sant Pere, el monasterio de Santa Maria de Ripoll y el de Sant Joan de les Abadesses son también escenarios de una ruta que se complementa con vías verdes y caminos reales por los municipios de Gombrèn, Ripoll, Sant Joan de les Abadessesy Campdevànol. Son unas tierras que hablan de mitos, leyendas e historia con nombres propios: Guifré el Pilós, conde Arnau, abad Oliba u Otger Cataló.
El Consorci Ripollès Desenvolupament –que dirige Ramon Turrats– y los cuatro ayuntamientos del Baix Ripollès son los impulsores de este producto turístico "tan necesario", en boca de RamonRoqué, alcalde de Sant Joan de les Abadesses. "Para ejecutar el Terra de Comtes i Abats se hizo un plan de dinamización de tres años y cuatro millones de euros de inversión, financiados por Turespaña, la Generalitat y los ayuntamientos implicados –explica Maria Soy, que vendría a ser la directora de orquesta del producto–. Comenzó el 30 de octubre del 2008 y ahora estamos afrontando la última anualidad. Es difícil, pero tenemos muchas esperanzas puestas en él".
"Es nuestra ruta de los cátaros. No tenemos su marketing, pero podemos superar a los franceses en producto", dice convencido el conseller de Innovació, Universitats i Empresa, Josep Huguet, en referencia a la ruta global, cuyo principal objetivo es poner al alcance de las personas con inquietudes culturales los lugares, monumentos y obras de arte que caracterizaron el nacimiento de Catalunya.
En estas tierras, salpicadas de iglesias, monasterios y castillos, las explicaciones de los guías toman vida. Ellos mismos, los guías, adoptan en cierta medida el papel de los juglares de la época. Y la mayor gesta que cantan es la del conde Arnau. "La canción del conde Arnau, el mito más popular, discutido y representativo del Ripollès, relata la leyenda del conde Arnau, condenado a cazar eternamente a lomos de su caballo por la zona de Gombrèn y por la montaña de Sant Amanç a causa de su vida disoluta y pecaminosa", se lee en el Palau de l"Abadia, convertido en centro de interpretación. "La canción se fue propagando por vía oral, alimentándose generación tras generación, y la literatura la enriqueció, con autores como Carner, Verdaguer, Maragall, Sagarra, Bartra o Brossa –explica Xavier Bachero, guía de la Associació Alt Ter–. Tras ella se esconde una moraleja: la condena a la que el pueblo sometió al conde por ser mal pagador, por engañar a los trabajadores que realizaban la construcción de las escaleras del santuario de Montgrony. Un tema muy catalán, porque la pela és la pela".
Así como al conde Arnau se le atribuyen todo tipo de maldades y amoríos con las abadesas de Sant Joan, a Otger Cataló –conocido como el Pare de la Pàtria– la leyenda lo encumbra como el conquistador de Catalunya, entonces en manos de los sarracenos. "Sería nuestro rey Arturo", arguye Cèsar Ollé, ya que es legendario su juramento ante la Mare de Déu de Montgrony. "Reunido con los nueve Barons de la Fama y sentados ante una mesa redonda, juraron ante la espada de Otger Cataló, Vilardella, que no cesarían en su lucha hasta liberar la tierra de los sarracenos", explica Ollé.
"¿Cómo era aquello de la bandera catalana y las cuatro barras?", es la pregunta más frecuente que le hacen a Cèsar, miembro de Guiatges del Ripollès, durante la visita a la iglesia de Santa Maria de Ripoll. Ante la tumba del conde Guifré el Pilós –impecable desde que en 1982 se decidió sustituir el antiguo sarcófago por otro más moderno y de dimensiones más acordes con la importancia del personaje–, Cèsar desmonta una creencia muy arraigada, que muchas personas creen historia documentada: la de las cuatro barras rojas creadas con la sangre de Guifré el Pilós y que dieron origen al escudo de Catalunya. "Cuando les digo que es una leyenda, se muestran decepcionados o incrédulos. Y sin embargo, la realidad tiene más misterio que la propia leyenda", dice con el humor de quien sabe mantener a su público en vilo.
Precisamente, este recinto monástico que fundó el conde Guifré en 880, no alcanzó la relevancia que se le atribuye como gran centro espiritual y cultural de referencia europea hasta la llegada del abad Oliba (siglo XI). Es un recinto por dos veces demolido –una por el famoso terremoto de 1428 que causó estragos–, y que fue reconstruido a finales del XIX de la mano de Josep Morgades, obispo de Vic, siguiendo los parámetros del abad Oliba. "Tanto es así que, para construir la bóveda, utilizaron una técnica propia del siglo XII: llenar totalmente el templo de arena para coronar el techo –apostilla Cèsar Ollé–. Se desconoce qué se hizo con tanta arena".
El centro de interpretación del monasterio de Ripoll y el museo etnográfico, el espacio expositivo de Otger Cataló y los nueve Barons de la Fama (Montgrony) y el centro de interpretación del conde Arnau (Sant Joan) son los nuevos espacios creados –algunos en fase de construcción– a partir del plan de dinamización. "Todo esto nos puede ayudar mucho a atraer turismo; el producto lo tenemos, ahora falta venderlo", reconoce Jordi Graell-Moreta, propietario de la casa rural Mas Moreta, uno de los empresarios que se han volcado en un producto turístico que requiere mayor implicación del sector privado. Mientras el turismo llega, Cèsar canta ante las puertas del castillo de Mataplana la canción del conde Arnau. Su voz trovadoresca resuena por las montañas. Eudald Maideu le recuerda que explique a los niños lo del talismán con el que las hadas obsequiaron al conde. "Qui toca pedra fina, toca cuixa fina", dice Eudald repasando con la mano una fina piedra del castillo. "Este es el talismán", asegura con un guiño. Para ellos, la leyenda continúa.
fuente: http://www.lavanguardia.es/
Del mítico conde Arnau a las artúricas gestas de Otger Cataló. Es un programa que forma parte de las rutas por el nacimiento de Catalunya diseñadas por la Generalitat, con el Pirineo de fondo
Antònia Justícia
Barcelona
28/11/2010
"Toda nación necesita mitos y leyendas. Son relatos que la gente viste con los hechos más desgarradores de la historia, pero no dejan de ser un mensaje social con un gran fondo mitológico", piensa Eudald Maideu. En cierto sentido, él se siente partícipe de la leyenda. Y no de cualquier leyenda, sino de la del mítico conde Arnau, pues es plausible que, con los años, alguien acabe incorporando su nombre al relato popular como descubridor del castillo de Mataplana, sede del conde y uno de los escenarios más interesantes del programa turístico Terra de Comtes i Abats que se impulsa desde el Ripollès. Es un programa que forma parte de las rutas por el nacimiento de Catalunya diseñadas por la Generalitat, y que atraviesan once antiguos condados con el Pirineo como telón de fondo.
Cadenas del infierno. Se dice que las cadenas suspendidas en la puerta de la capilla del castillo de Mataplana son las que se ve obligado a llevar el conde Arnau, condenado eternamente. Al parecer, son cadenas de la orden de los trinitarios / Marc Arias"Paseando un día mi mujer y yo, encontramos una madriguera que no tenía la orientación normal. Cogí una linterna y vi que dentro había un arco. Todo el mundo pensaba que este castillo era también una leyenda", explica Maideu ante los restos de una estructura que comenzó a excavarse en 1986 y que acabó al descubierto en 1995, casi diez años después de aquel paseo que cambió la vida de la familia de Eudald. "Ha sido la aventura más mágica que ha vivido nuestra familia", asegura este pediatra jubilado de 75 años, que ha visto cómo de sus tierras emergía una parte importante de la historia de Catalunya. Precisamente por ello, el castillo forma parte de los escenarios que propone Terra de Comtes i Abats. El santuario de Montgrony, la iglesia de Sant Pere, el monasterio de Santa Maria de Ripoll y el de Sant Joan de les Abadesses son también escenarios de una ruta que se complementa con vías verdes y caminos reales por los municipios de Gombrèn, Ripoll, Sant Joan de les Abadessesy Campdevànol. Son unas tierras que hablan de mitos, leyendas e historia con nombres propios: Guifré el Pilós, conde Arnau, abad Oliba u Otger Cataló.
El Consorci Ripollès Desenvolupament –que dirige Ramon Turrats– y los cuatro ayuntamientos del Baix Ripollès son los impulsores de este producto turístico "tan necesario", en boca de RamonRoqué, alcalde de Sant Joan de les Abadesses. "Para ejecutar el Terra de Comtes i Abats se hizo un plan de dinamización de tres años y cuatro millones de euros de inversión, financiados por Turespaña, la Generalitat y los ayuntamientos implicados –explica Maria Soy, que vendría a ser la directora de orquesta del producto–. Comenzó el 30 de octubre del 2008 y ahora estamos afrontando la última anualidad. Es difícil, pero tenemos muchas esperanzas puestas en él".
"Es nuestra ruta de los cátaros. No tenemos su marketing, pero podemos superar a los franceses en producto", dice convencido el conseller de Innovació, Universitats i Empresa, Josep Huguet, en referencia a la ruta global, cuyo principal objetivo es poner al alcance de las personas con inquietudes culturales los lugares, monumentos y obras de arte que caracterizaron el nacimiento de Catalunya.
En estas tierras, salpicadas de iglesias, monasterios y castillos, las explicaciones de los guías toman vida. Ellos mismos, los guías, adoptan en cierta medida el papel de los juglares de la época. Y la mayor gesta que cantan es la del conde Arnau. "La canción del conde Arnau, el mito más popular, discutido y representativo del Ripollès, relata la leyenda del conde Arnau, condenado a cazar eternamente a lomos de su caballo por la zona de Gombrèn y por la montaña de Sant Amanç a causa de su vida disoluta y pecaminosa", se lee en el Palau de l"Abadia, convertido en centro de interpretación. "La canción se fue propagando por vía oral, alimentándose generación tras generación, y la literatura la enriqueció, con autores como Carner, Verdaguer, Maragall, Sagarra, Bartra o Brossa –explica Xavier Bachero, guía de la Associació Alt Ter–. Tras ella se esconde una moraleja: la condena a la que el pueblo sometió al conde por ser mal pagador, por engañar a los trabajadores que realizaban la construcción de las escaleras del santuario de Montgrony. Un tema muy catalán, porque la pela és la pela".
Así como al conde Arnau se le atribuyen todo tipo de maldades y amoríos con las abadesas de Sant Joan, a Otger Cataló –conocido como el Pare de la Pàtria– la leyenda lo encumbra como el conquistador de Catalunya, entonces en manos de los sarracenos. "Sería nuestro rey Arturo", arguye Cèsar Ollé, ya que es legendario su juramento ante la Mare de Déu de Montgrony. "Reunido con los nueve Barons de la Fama y sentados ante una mesa redonda, juraron ante la espada de Otger Cataló, Vilardella, que no cesarían en su lucha hasta liberar la tierra de los sarracenos", explica Ollé.
"¿Cómo era aquello de la bandera catalana y las cuatro barras?", es la pregunta más frecuente que le hacen a Cèsar, miembro de Guiatges del Ripollès, durante la visita a la iglesia de Santa Maria de Ripoll. Ante la tumba del conde Guifré el Pilós –impecable desde que en 1982 se decidió sustituir el antiguo sarcófago por otro más moderno y de dimensiones más acordes con la importancia del personaje–, Cèsar desmonta una creencia muy arraigada, que muchas personas creen historia documentada: la de las cuatro barras rojas creadas con la sangre de Guifré el Pilós y que dieron origen al escudo de Catalunya. "Cuando les digo que es una leyenda, se muestran decepcionados o incrédulos. Y sin embargo, la realidad tiene más misterio que la propia leyenda", dice con el humor de quien sabe mantener a su público en vilo.
Precisamente, este recinto monástico que fundó el conde Guifré en 880, no alcanzó la relevancia que se le atribuye como gran centro espiritual y cultural de referencia europea hasta la llegada del abad Oliba (siglo XI). Es un recinto por dos veces demolido –una por el famoso terremoto de 1428 que causó estragos–, y que fue reconstruido a finales del XIX de la mano de Josep Morgades, obispo de Vic, siguiendo los parámetros del abad Oliba. "Tanto es así que, para construir la bóveda, utilizaron una técnica propia del siglo XII: llenar totalmente el templo de arena para coronar el techo –apostilla Cèsar Ollé–. Se desconoce qué se hizo con tanta arena".
El centro de interpretación del monasterio de Ripoll y el museo etnográfico, el espacio expositivo de Otger Cataló y los nueve Barons de la Fama (Montgrony) y el centro de interpretación del conde Arnau (Sant Joan) son los nuevos espacios creados –algunos en fase de construcción– a partir del plan de dinamización. "Todo esto nos puede ayudar mucho a atraer turismo; el producto lo tenemos, ahora falta venderlo", reconoce Jordi Graell-Moreta, propietario de la casa rural Mas Moreta, uno de los empresarios que se han volcado en un producto turístico que requiere mayor implicación del sector privado. Mientras el turismo llega, Cèsar canta ante las puertas del castillo de Mataplana la canción del conde Arnau. Su voz trovadoresca resuena por las montañas. Eudald Maideu le recuerda que explique a los niños lo del talismán con el que las hadas obsequiaron al conde. "Qui toca pedra fina, toca cuixa fina", dice Eudald repasando con la mano una fina piedra del castillo. "Este es el talismán", asegura con un guiño. Para ellos, la leyenda continúa.
fuente: http://www.lavanguardia.es/
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