La enfermedad de los escaparates

Así se conoce a la enfermedad arterial periférica, ya que obliga al paciente a pararse de forma intermitente cuando camina, como si estuviera viendo los escaparates de las tiendas, debido al dolor que experimenta en las piernas. En España ya existen casi un millón de afectados, y el tabaco es el factor de riesgo con mayor peso en la aparición de esta patología.






A la enfermedad arterial periférica (EAP) se la conoce como ‘enfermedad de los escaparates’ porque algunos afectados experimentan un intenso dolor en las piernas al caminar que les obliga a pararse de forma reiterada cuando caminan. Este síntoma, conocido como claudicación intermitente, denota que el paciente padece una enfermedad ateroesclerótica en sus extremidades inferiores, lo cual aumenta de forma importante sus posibilidades de sufrir un infarto de miocardio o un accidente cerebrovascular.

La prevalencia de la Enfermedad Arterial Periférica aumenta con la edad. Así, un estudio reciente, que ha sido presentado en el III Congreso Clínico Cardiovascular que organiza la Sociedad Española (semFYC) y Vasca (OSATZEN) de Medicina de Familia y Comunitaria y la Sociedad de Hipertensión Arterial y Riesgo Cardiovascular del País Vasco (EUSTEN), ha revelado que el 13 por ciento de los mayores de 60 años que acuden al centro de salud la padecen.

El objetivo de este trabajo, conocido como estudio Ditap, en el que participaron 154 personas con una edad media de 63 años y al menos un factor de riesgo cardiovascular, era determinar la prevalencia de esta enfermedad mediante la realización en las consultas de atención primaria, de la prueba del Índice Tobillo Brazo (ITB).

Según el doctor José María Lobos, coordinador del Grupo de Enfermedades Cardiovasculares de la semFYC, este estudio, si bien no incluye una muestra amplia, sí viene a sugerir que la prevalencia encontrada es homogénea con los datos conocidos en España, por ejemplo en el estudio ESTIME, el primero de carácter epidemiológico poblacional hecho en nuestro país, cuyos resultados mostraban que esta patología afecta al 8 por ciento de la población general, es decir, más de 900.000 personas.



¿Qué es la enfermedad arterial periférica?
La enfermedad arterial periférica (EAP) o enfermedad vascular periférica esta causada por la arterosclerosis, es decir, la acumulación de depósitos de grasa (ateroma) dentro del revestimiento de las arterias. El síntoma más frecuente es un dolor muscular en las piernas al hacer ejercicio conocido como “claudicación intermitente”, que además de dolor suele ir acompañado de molestias, calambres, entumecimiento o sensación de fatiga.

Con el tiempo, las arterias se pueden estrechar debido a la arterosclerosis, lo que conlleva una reducción del flujo sanguíneo. La reducción drástica del flujo sanguíneo en las extremidades también se conoce como isquemia crítica de los miembros inferiores (ICMMII), y se caracteriza por dolor en la pierna en reposo, la no curación de heridas o formación de úlceras, la reducción del crecimiento del pelo de la rodilla hacia abajo, el frío y la palidez en las extremidades inferiores, y la gangrena, lo que puede conducir a la amputación de la extremidad.

Los factores de riesgo de la enfermedad arterial periférica son muchos, pero los más comunes son: el tabaco; la diabetes (la arterosclerosis se desarrolla a una edad más temprana en pacientes con diabetes y progresa rápidamente, llevando a una mayor incidencia de isquemia crítica de miembros inferiores); la obesidad; la presión de la sangre alta; el alto colesterol; los antecedentes familiares; y una predisposición genética a padecer esta patología.

De todas maneras, los expertos advierten que cerca del 75 por ciento de las personas con esta patología carecen de síntomas, por lo que suelen ser diagnosticados cuando la enfermedad ya está muy desarrollada, y destacan que las personas afectadas con EAP tienen un mayor riesgo de mortalidad y tienen de 6 a 7 veces más de probabilidades de sufrir una enfermedad cardiaca o un derrame cerebral en comparación con personas sanas.



¿Cómo se diagnostica?
La enfermedad arterial periférica puede ser diagnosticada con una simple prueba llevada a cabo por un médico de cabecera que compara la presión sanguínea en los tobillos con la presión sanguínea en los brazos y se denomina índice de presión tobillo-brazo (ITB). Dicha prueba es el resultado de dividir la cifra de presión arterial obtenida en la pierna entre la del brazo: hay enfermedad si el resultado es inferior a 0,9.

Otra prueba de diagnóstico sencilla es el “Test de Doppler” que comprueba si una arteria específica está bloqueada utilizando ondas de ultrasonido. Además, el médico puede examinar el historial médico general del paciente y el familiar, así como los factores de riesgo personales. También se suele realizar un reconocimiento de las piernas y una prueba de ejercicio físico.

A este respecto, el estudio Ditap concluye que el diagnóstico mejoraría si la determinación sistemática del ITB en atención primaria a personas con algún factor de riesgo se incorporara definitivamente a la práctica clínica. Además, esta prueba permite clasificar mejor a los pacientes según su riesgo cardiovascular.

“Entre las enfermedades del sistema circulatorio cabe calificarla como la gran ignorada. Normalmente cuando el paciente presenta síntomas clínicos como la claudicación, que le obliga a detenerse al andar, significa que el proceso ya está algo avanzado. No obstante, conviene tener en cuenta que este síntoma aparece en el 30-35 por ciento, es decir que hay muchos casos en los que los signos son poco específicos y pueden confundirse con problemas musculares e incluso propios de una artrosis o una ciática”, explica el doctor José María Lobos.

Por tanto, según el especialista de semFYC, la ausencia de síntomas claros y precoces que ayuden a reconocer la enfermedad a tiempo obliga a ser más proactivo desde la consulta. “Lo habitual es que el paciente no explique el problema si no se le plantea el tema en la entrevista clínica y se le explora de forma adecuada”, destaca, y añade que resulta igualmente preciso que los especialistas implicados (médicos de familia, internistas, cirujanos vasculares,…) aúnen esfuerzos para atajar el problema antes de que las lesiones sean demasiado graves.



Objetivo del tratamiento: evitar la amputación
El primer paso para tratar esta patología es la modificación de los factores de riesgo. Esto conllevaría, dejar de fumar, bajar el colesterol, control del azúcar en sangre, reducción de peso y un control de la presión de la sangre. Una terapia basada en el ejercicio también puede ser efectiva para reducir los síntomas.

A este respecto los expertos señalan que el abandono del tabaco es esencial por estar considerado el factor de mayor peso. De no hacerse, las consecuencias pueden ser muy graves ya que se estima que el 15 por ciento de los pacientes tras el diagnóstico inicial acabará sufriendo un infarto de miocardio (mortal o no mortal) en los siguientes 5 años.

Respecto al tratamiento a seguir, cabe señalar que existen varios tipos que van desde la terapia con medicamentos hasta la angioplastia y la cirugía de bypass. Lo habitual, es que si los síntomas continúan tras el tratamiento farmacológico sea necesaria la cirugía. En este sentido, hay intervenciones quirúrgicas para la enfermedad arterial periférica que pueden ser mínimamente invasivas, o cirugías abiertas como la angioplastia, el stenting (colocación de un stent) o la cirugía de bypass.

La angioplastia consiste en insertar un pequeño balón en la arteria que después se infla en la zona estrecha. Respecto al stent, éste es un tubo diminuto que es guiado dentro de una arteria, el cual, una vez colocado, se expande para abrir la arteria y permitir un flujo normal de la sangre. En algunos casos, el stent puede ser recubierto con fármacos para ayudar a garantizar que no vuelva a estrecharse de nuevo la arteria. Por último, en la cirugía de Bypass lo que se realiza es un injerto conectando las zonas superior e inferior de la zona estrecha de la arteria.

Estas intervenciones pueden desempeñar un papel muy importante en la batalla contra esta enfermedad, en especial a la hora de evitar una amputación. Y es que, los cirujanos consideran la amputación de las extremidades inferiores como el último recurso en el tratamiento de la enfermedad arterial periférica y, en general, sólo un reducido número de pacientes tienen que recurrir a este devastador procedimiento. Sin embargo, la mayoría de los expertos coinciden en que el número de estos casos podría reducirse aún más con un sistema mejorado de diagnóstico y tratamiento precoz.



FUENTE: http://www.saludalia.com

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