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miércoles, 30 de noviembre de 2016

El merengue dominicano y las Fallas de Valencia ingresan a la Lista del Patrimonio Inmaterial

El merengue dominicano y las Fallas de Valencia ingresan a la Lista del Patrimonio Inmaterial






30 de noviembre, 2016 — La UNESCO anunció hoy que la música y baile del merengue, de la República Dominicana, y la fiesta de las Fallas de Valencia, España, fueron incorporados a su Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial junto con nueve tradiciones más de otros lugares del mundo.


El merengue es parte integrante de la identidad nacional de la comunidad dominicana y desempeña un papel activo en numerosos ámbitos de la vida diaria de la población: la educación, las reuniones sociales y amistosas, los acontecimientos festivos e incluso las campañas políticas electorales.

Desde que en 2005 se proclamó el 26 de noviembre Día Nacional del Merengue, todos los años se celebran festivales de esta práctica cultural tradicional en diversas ciudades del país.

El merengue se baila en pareja, acompañado de coqueteos y movimientos sensuales al compás de la música. Este elemento del patrimonio cultural inmaterial se transmite esencialmente mediante la participación y su práctica atrae a personas de clases sociales muy diferentes, contribuyendo así a fomentar el respeto y la convivencia entre las comunidades

La fiesta de las Fallas de Valencia anuncia la llegada de la primavera. Se caracteriza por la construcción e instalación de grandes grupos escultóricos de efigies caricaturescas o fallas, creados por artistas y artesanos locales que se inspiran en sucesos de la actualidad política y social.

Para simbolizar la purificación y renovación primaverales de la actividad social de las comunidades, las fallas se erigen en las plazas de la ciudad entre el 14 y el 19 de marzo y se les prende fuego este último día, que marca el fin de las festividades.

Forman también parte de la fiesta múltiples desfiles callejeros de bandas de música, comidas al aire libre y quemas de castillos de fuegos artificiales. Transmitida en el seno de las familias, la práctica de esta festividad cultural refuerza la cohesión social y propicia la creatividad colectiva de las comunidades.