FRANCISCO FONCK EL PRIMER MÉDICO DE LA COLONIA DE LLANQUIHUE



FRANCISCO FONCK EL PRIMER MÉDICO DE LA COLONIA DE LLANQUIHUE

Por Félix Berger Mercado
Olvidado por muchos, sobre todo en las actuales generaciones, queremos reparar esta omisión, reviviendo la figura del primer médico de la colonia de Llanquihue: Francisco Fonck

Los aportes de Fonck no se circunscriben o limitan sólo a la medicina donde fue uno de los iniciadores de la oftalmología en Chile , sino que abarcan innumerables áreas del conocimiento como la geografía, botánica, arqueología entre otras disciplinas.

Arribó al país con tan sólo 24 años de edad. Su trabajo se desarrolló en las más difíciles condiciones para un médico en el Territorio de Llanquihue, si pensamos que no había caminos, sino senderos, selva virgen impenetrable, y debía llegar donde sus colonos a través de rutas cubiertas por bosques densos y muy difíciles de atravesar con el fin de atenderlos. En ese tiempo, eran zonas incomunicadas, intransitables en determinadas épocas del año, con ríos desbordados, por lo tanto era un viaje duro, trabajoso no exento de dificultades, pero que no se podía aplazar, ni retardar, menos tener demoras.

Igualmente, Fonck, cumplió misiones que las autoridades le encomendaron, que nada tenían que ver con el oficio de galeno. Por ejemplo redescubrió el camino al lago Nahuelhuapi. En su última etapa de vida, ya cuando vivía en Quilpué se dedica a la arqueología siendo uno de sus pioneros en Chile.

Vale decir , es un inmigrante que aportó y ayudó a crear conocimiento al país. Chile se enriqueció con su presencia. Entre sus pares fue muy valorado y por el gobierno de la época también, ocupando importantes cargos como Vicecónsul de Chile en Berlín. Vivió en el sur y en el norte, en ambas zonas del país dejó su huella, y en Puerto Octay ,un sector de esa comuna lleva su nombre: Puerto Fonck , mientras que en el norte , en Viña del Mar, el Museo Fonck lo recuerda , y en Quilpué instalaron un monolito en su honor.

Francisco Fonck, sabio alemán, que ayudó a crear y construir un Chile distinto, falleció el 12 de octubre de 1912 en Quilpué a la edad de 82 años.

Veamos parte de lo que fue la vida de este médico alemán avecindado en Chile :


DOCUMENTO N°1: “LAS HUELLAS DE FRANCISCO FONCK”.

Un lago (actualmente en territorio argentino, un cerro (cerca del golfo de Penas), un puerto lacustre (Puerto Fonck, ubicado entre Cascadas y Puerto Octay) y un museo (el Museo Histórico y Arqueológico Fonck de Viña del Mar) recuerdan la figura del médico y naturalista Francisco Fonck.

¿Quién fue este inmigrante que dejó marcada su huella en la toponimia del cono sur?. Aunque poco difundida a nivel masivo, la figura de Francisco Fonck (1830-1912) forma parte del grupo de científicos germanos que realizaron grandes aportes al país que los acogió y que recién comenzaba a configurarse como nación a mediados del siglo XIX.

Fonck llegó a Chile en 1854. Tenía sólo 24 años y venía recién casado con Fanny Zoehrer, quien le daría nueve hijos. A bordo del “Fortunata”, el agitado trayecto de la pareja hacia Valparaíso- que en un minuto terminó con el barco en la Antártida a causa de los vientos- fue objeto de un cuidadoso diario de viaje redactado por su mujer, que hoy es parte del archivo Held, y que por su perspectiva femenina ha sido objeto de varias investigaciones.

Pese a su juventud, Fonck tenía méritos que mostrar. Se había recibido de médico en la Universidad de Berlín y sus múltiples intereses científicos le valieron la recomendación del barón Humboldt. En una misiva sellada en lacre con su anillo y escrita en diagonal-dicen que escribía los mensajes sobre su rodilla flectada - , Humboldt lo caracteriza como “un joven botánico activo e instruido”.

De allí, que, a las pocas semanas de llegar, el Presidente Montt lo nombrara como médico general de la zona de Llanquihue, conocido por los indígenas como el “lago maldito” y que por entonces constituía una lugar casi inexpugnable, con escasas vías de comunicación. De hecho, una de las primeras misiones de Fonck fue afrontar los problemas de salud que se registraban entre las familias alemanas recién llegadas, debido a la escasez de alimentos y a los problemas por la calidad del agua.

Catorce años permaneció Fonck a cargo de la salud de la comunidad del lago Llanquihue. Su afabilidad y grandes dotes humanas le granjearon una gran simpatía entre la población del lugar. Fonck residía en la antigua caleta de Melipulli-bautizada en 1853 como Puerto Montt- y desde allí viajaba a caballo durante semanas para atender a sus pacientes. “Dicen que lo llamaban para atender hasta las vacas”, cuenta su bisnieto, Alfredo Fonck.

Sus preocupaciones como médico lo llevaron a escribir una serie de artículos sobre temas de medicina, desde oftalmología hasta profilaxis del cólera. Además le recomendó en varias ocasiones al Presidente Aníbal Pinto la creación de un Ministerio de Salud, que se concretaría posteriormente.

Como buen naturalista, las inquietudes de Fonck- plasmadas en sus publicaciones- abarcaron materias como geografía, mineralogía, arqueología, botánica y etnografía. Su gusto por la botánica lo llevó a realizar una serie de recolecciones de plantas nativas sureñas, que le enviaba a su amigo Philippi para la colección del Museo Natural de Quinta Normal, que no era abundante en la vegetación del sur.

Tal vez por las largas cabalgatas que realizaba para llegar hasta sus enfermos, Fonck desarrolló un gran interés por la exploración geográfica , que canalizó a través de una serie de expediciones. En Chiloé cayeron en sus manos las crónicas de Fray Menéndez, que en el siglo XVII había emprendido un viaje por la selva valdiviana hacia el lago Nahuelhuapi. Por encargo del gobierno chileno, Fonck, Fernando Hess y otros compañeros lograron rehacer ese camino en 1856, en una expedición de dos meses que se internó en el valle de Peulla y que luego de varias penurias logró llegar hasta el Nahuelhuapi. Los bosquejos y crónicas de esta expedición resultaron de gran importancia para expediciones posteriores, como la del chileno alemán Carlos Wiederhold, quien fundó la ciudad de Bariloche.

Además sus conocimientos de la geografía y orografía de la zona lo llevaron a escribir estudios sobre la estructura de la cordillera meridional que apoyaban la tesis de Chile en los conflictos limítrofes con Argentina.
Al final de su vida se instala en Valparaíso y luego se retira a Quilpué, donde se dedica casi por entero a realizar estudios arqueológicos, especialmente sobre monumentos megalíticos del lugar. Se lo ha considerado uno de los pioneros de la arqueología de la zona central.

Al cumplirse los 150 años de su llegada a Chile, la familia Fonck está preparando una gran celebración en el Club Manquehue de Santiago, que se calcula reunirá el 29 de agosto a alrededor de 200 descendientes, venidos de Alemania, del sur de Chile y de otros lugares del mundo. Todos con la idea de recordar a este antepasado común que dejó una huella profunda y una descendencia numerosa, entre la que figura nada menos que nuestra primera Miss Universo.

Fuente: Diario “El Mercurio” de Santiago, cuerpo Artes y Letras, domingo 25 de julio de 2004, pp E 11
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Documento N° 2: “El doctor Francisco Fonck”

Por Sergio Martínez Baeza, de la Academia Chilena de la Historia

Médico pionero de las investigaciones arqueológicas en Chile, el Dr. Fonck nació en Gocha, región del bajo Rhin, Alemania, en 1830. Cursó estudios de medicina en la Universidad de Bonn, los que debió continuar en las universidades de Viena, Praga y Berlín, hasta obtener su título en 1852. Mientras estaba en Praga conoció allí a Fanny Zohrer, con la que contrajo matrimonio en 1854. En ese tiempo Alemania vive diversas agitaciones políticas que impulsan al Dr. Fonck a buscar nuevos horizontes. Se embarca con su joven esposa en el velero “Fortunata””, rumbo a Valparaíso, en tierras remotas de las que ha tenido buenas referencias.

El 28 de agosto de de 1854 llegan a nuestro país y, muy pronto, el Dr Fonck se presenta a la Universidad para dar el examen que le permita ejercer su profesión. Obteniendo el título, es contratado como médico legista en la región de Llanquihue, donde atiende además a las necesidades de los colonos alemanes. Durante catorce años se desempeña con abnegación, con elementos mínimos.

El Dr. Fonck tenía un espíritu inquieto y abierto. Desde joven mostró disposición por el estudio, no sólo de temas de su profesión, sino también de geografía, geología, botánica, zoología, meteorología y etnología.

En 1856 el gobierno chileno le encargó estudiar las cordilleras del sur en compañía del cartógrafo Fernando Hess. Ambos recorrieron el valle de Peulla, la cuesta de Los Raulíes, el cerro 12 de Febrero y el lago Nahuelhuapi, hasta llegar a la península de San Pedro.

El relato de esta expedición lo hizo el Dr. Fonck en un trabajo publicado en los “Anales” de la Universidad (1857), con mapas y láminas. Ese mismo año participa en la expedición del navío “Janaqueo”, al mando del capitán Hudson al archipiélago de los Chonos, por el canal Moraleda, seno de los Elefantes y Laguna San Rafael, donde estudia la formación y avance del ventisquero. Por ese tiempo contribuye a sostener los derechos de Chile a la Patagonia y el principio del “divortium aquarium”, mediante artículos de prensa.

Radicado en Puerto Montt, obtiene carta de ciudadanía chilena y resuelve regresar a Alemania para velar por la educación de sus nueve hijos. Se establece un tiempo en Berlín y allí actúa como Vicecónsul de Chile, perfecciona sus estudios, ejerce su profesión y adquiere prestigio y una sólida posición.

Pero, recuerda con nostalgia su vida en nuestro país, lo que lo mueve a regresar a Chile y radicarse en Valparaíso. En 1882 es elegido diputado por Llanquihue. Fue presidente de la Sociedad Clínica, antecesora de las actuales Sociedades Médicas y fundador de la “Gaceta Médica de Valparaíso”, cuyo primer número vio la luz pública el 1 de marzo de 1879. En los “Anales” de la Universidad y en los periódicos “El Ferrocarril” y “El Mercurio” el Dr. Fonck publicó un crecido número de trabajos científicos.

En 1887 se radicó en Quilpué y se dedicó a trabajos de carácter arqueológico, al descubrir lugares de los que extrajo objetos indígenas prehispánicos que mostró en Santiago en la Exposición del Centenario. Falleció en 1912, a los 82 años.

Hoy se conservan sus colecciones en el Museo Arqueológico de Viña del Mar que lleva su nombre. La Sociedad de Arqueología e Historia “Dr. Francisco Fonck”, fundada en 1937 por los Sres. Luis Thayer Ojeda, José Luis Santelices y Javier Guerrero también recuerda a este eminente sabio.
Fuente: Diario “Las Últimas Noticias” de Santiago
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DOCUMENTO N°3: “EL SUEÑO DE UN MÉDICO”.

Primer médico de la colonia de Llanquihue
Uno de los fundadores de la “Sociedad Clínica de Valparaíso”, fundada en 1875 y de corta vida, fue el Dr. Francisco Fonck, posteriormente médico-jefe del Hospital Alemán (como sucesor del Dr. Jorge Thiele). En una de sus sesiones, Francisco Fonck presentaba un trabajo titulado “El sueño de un médico”, folleto impreso en alemán y español, que la familia todavía conserva.

El nombre de Francisco Fonck, tanto como médico como también como hombre de talento y sacrificio, está íntimamente ligado a la colonización alemana del sur del país. Como la mayoría de los inmigrantes de esa época había dejado a su país natal en busca de una nueva patria, que encontró en Chile. Contratado por el Presidente Manuel Montt(1851-1861), fundador de la colonia alemana llamada “Llanquihue”, para la atención médica de los inmigrantes, permaneció casi 15 años en aquella región, en ese entonces aún apenas explorada. No sólo se dedicó en forma abnegada a su profesión de médico, fue también naturalista, geólogo y botánico.

En recuerdo de él todavía existe en Valparaíso la “Sociedad de Historia y Arqueología Dr. Francisco Fonck”.
Viaje al lago Nahuelhuapi.

En 1856, dos años después de hacerse cargo como médico de la joven colonia alemana de Puerto Montt, había recibido el encargo del Gobierno de Manuel Montt, de hallar de nuevo el camino de Bariloche que tiempo atrás conducía a la laguna de Nahuelhuapi. Expediciones anteriores, de fines del siglo XVIII no lo habían logrado, lo que se explica fácilmente, decía Francisco Fonck, si se considera cuántas debían ser las dificultades, cuando antes de establecerse aquí la colonia, la laguna de Llanquihue y el estrecho que la separa del golfo de Reloncavi eran casi desconocidos, enteramente despoblados y toda la región cubierta por un bosque virgen casi impenetrable.

No podían considerarse como fábulas las expediciones anteriores, pero empezaba a dudarse de la existencia de la laguna de Nahuelhuapi y que a lo menos parecía imposible alcanzarla desde este lado de la cordillera. La pequeña expedición al mando del Dr. Fonck y acompañado del agrimensor alemán Fernando Hess, venciendo grandes dificultades, partió de Puerto Montt, haciendo escala en Puerto Varas, atraviesa el lago Llanquihue y el Todos los Santos. La espesísima y en parte pantanosa selva virgen, bosques intransitables, matorrales y tupidas quilas , obstaculizan el avance.

Después de días de inmensos esfuerzos logran llegar a los pies del Tronador, siguiendo el curso del río Peulla. Aquí descubren el río Frío que los lleva al boquete de Pérez Rosales y las orillas del Nahuelhuapi. La expedición había logrado sus objetivos principales, puso fuera de duda la identidad del lago y hallando el “boquete legítimo”, es decir el camino que debería tomarse en adelante para llegar a él. Escribía Francisco Fonck en los Anales de la Universidad de 1857: “Hemos llamado este paso el “boquete de Pérez Rosales”, acordándonos que era don Vicente Pérez Rosales, quien primero tuvo la feliz idea de sacar del olvido aquellas tierras y dio impulso a todo lo que se hizo después………El espectáculo nos dejó encantados por horas, uno de los más magníficos que jamás presenciamos”.

Por la apertura estrecha del puerto que llamaron Puerto Blest, la vista se extendía por toda la ensenada, se perdía en el horizonte, sin que se divisara, como habían creído, la pampa argentina. Estaba cerrada por una cadena alta (Macizo Nevada) y cerros medianos que resplandecían con los rayos colorados del sol poniente.

El boquete nace del Tronador, que une los dos valles que bajan de este cerro grandioso, el del Peulla y el del río Frío, de los cuales uno manda sus aguas al Pacífico, el otro al Atlántico”.

Dos pequeñas lagunas al lado argentino, la laguna Fonck y la laguna Hess recuerdan a estos esforzados exploradores.

Oftalmología
En 1859, Francisco Fonck rendía en la capital, ante la Facultad los exámenes que exigían las leyes y los acreditaban para ejercer su profesión en el norte del país. En su disertación, honrada por su publicación en los Anales de la Universidad, estudia por primera vez en Chile el uso del oftalmoscopio, que recién en Europa ingresaba a la oftalmología; ingenioso invento de un eminente físico y fisiólogo alemán, Hermann von Helmholtz, que permitía estudiar el fondo del ojo, sobre todo, la retina, significando esto un inmenso e insospechado adelanto para la especialidad. Debemos considerar al Dr. Francisco Fonck como uno de los iniciadores de la oftalmología en Chile .

Quipué
Por el año de 1872 se radicaba en Quilpué para dedicarse exclusivamente a su profesión de internista en Valparaíso. Había sido concluido el ferrocarril de Santiago a Valparaíso y no era necesario hacer el largo viaje de más de veinte km a caballo o en coche. No podía conformarse con el estado en que se encontraba la ciencia médica en aquellos años. Dolorosamente sentía su incapacidad frente a tantas enfermedades.
Difteria y Viruela
Al hacerse cargo del Hospital Alemán, reinaba en forma espantosa una epidemia de difteria. Los médicos veían la gran dificultad para respirar de los pobres niños atacados por el mal, la desesperación en sus ojos, los ataques de sofocación cada vez más intensos que terminaban con su vida y nada podían hacer. La causa del mal era una incógnita, el suero antidiftérico no existía y la traqueotomía era todavía desconocida, y a la difteria se había agregado la viruela. Más de mil variolosos habían muerto en Valparaíso y sus alrededores, muchos de ellos vacunados con una vacuna probablemente débil, ya vencida. A pesar de que la epidemia había arreciado en intensidad y su expansión y gravedad eran cada vez mayores, Fonck seguía mostrándose partidario que debía abandonarse a sí misma y no perturbar su marcha regular con muchos medicamentos que aún podían ser perjudiciales. La curación debía dejarse a los solos esfuerzos de la naturaleza. Su experiencia le había enseñado que en la práctica domiciliaria, la viruela era ordinariamente más benigna que en los lazaretos, donde la acumulación de enfermos era francamente perjudicial.

Francisco Fonck y sus sueños sobre la medicina del futuro

Francisco Fonck busca un consuelo en los probables éxitos de la medicina que probablemente disminuirán notablemente los padecimientos de la dolorida humanidad y que harán más eficiente y más grata la profesión de médico de lo que en aquellos años era.

Desde este punto de vista trata en su trabajo mencionado “El sueño de un médico”, una alocución utópica, un poco chistosa y burlona, presentar a la recién fundada “Sociedad Clínica de Valparaíso” en una sesión del año 1878, lo que será la medicina dentro de cien años, el mundo en que vivimos, y en especial, se refiere también a la ciudad en que trabaja, el puerto de Valparaíso. Es decir, se adelanta en su sueño un siglo, a la época que actualmente vivimos.

No había más guerras, una Corte Suprema extendía su jurisdicción sobre todo el mundo velando por la paz. Las virtudes humanas han progresado inmensamente y las leyes no tienen razón de ser. El poder de la química, de la física, y mecánica es ilimitado y paralelamente con esto marcha el bienestar de la humanidad. Valparaíso cuenta ahora con 500 a 600 mil habitantes y se extiende desde el plan hasta la cima de todos los cerros que rodean al puerto. (Para nada menciona a Viña del Mar). Todo parece corresponder a lo que su nombre indica, el “Valle del Paraíso”. Toda su fisonomía ha cambiado. No existe ya la pobreza y las condiciones lastimeras de sus habitantes, las casas fúnebres, los conventillos han desaparecido. Todo refleja gran bienestar, limpieza y orden y el semblante de los porteños sólo gran contento, alegría, salud y satisfacción.

La ciencia médica había hecho progresos insospechados y asombrosos. El problema que sólo la vejez sea la causa de muerte, se acercaba a su solución. No existían ya las epidemias y nuevos métodos de investigación permitían al médico llegar a diagnósticos más precisos. Describe una nueva “Lámpara”, el orgullo del siglo, una obra magistral, el “más sensacional de todos los adelantos médicos del siglo”. Colocando esta lámpara frente al cuerpo humano y al otro lado un tubo negro de ebonita pueden observarse perfectamente los distintos órganos, su tamaño y coloración, y muchas veces a primera vista sus enfermedades. En el corazón se observan sus cámaras y también con perfección el funcionamiento de sus válvulas.

Francisco Fonck no podía estar muy conforme con su arte de profecía. El mundo y Valparaíso, no han progresado en la forma como él lo deseaba y soñaba. Su sueño no había sido más que una utopía, pero no así la nueva “ lámpara” de su visión, precursora de los rayos X, esas radiaciones tan incógnitas y misteriosas que sólo 17 años después fueran descubiertas en un laboratorio de Física en la Universidad de Wurzburgo, en el silencio de una noche de invierno, por Guillermo Conrado Roentgen

Fuente: Reccius, Adolfo: “Historia de un Hospital de puerto. Recuerdo del Hospital Alemán y de su época”. Talleres Gráficos Claus von Plate, Santiago de Chile, 1973, pp 73-75
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DOCUMENTO N° 4: ELCAMINO DE PUERTO MONTT A PUERTO VARAS QUE RECORRÍA EL DOCTOR FONCK.

Fritz Gaedicke en un artículo titulado “De los primeros años de la colonia alemana en el lago Llanquihue” (Anécdotas de la señora Siebald de Michael), y que fuera publicado en el libro “Puerto Varas 131 años de historia”, escribía lo siguiente:

“…………………………..Puerto Montt no era otra cosa, que un predio pantanoso de junquillos y malezas, en que se fabricaban tejuelas de alerce provenientes de trozos de árboles, por habitantes venidos desde las islas cercanas que parecían fantasmas. Entremedio raleaban algunas chozas de los chilotes y de algunas casas empezadas por alemanes que aquí determinaron construir sus habitaciones y vivir del comercio con los insulares.

En medio de este estado de cosas empezaba la impenetrable selva virgen en lo alto de las colinas. Desde esta parte, había que transitar a pie, llevar las camas, utensilios de casa y víveres al hombro, por un angosto sendero, pantanoso a Puerto Varas. Uno tenía que ir detrás del otro y ante ellos se cerraba la ramazón de la selva, a veces tan tupida que no dejaba pasar un rayo de sol. Sobre los peores hoyos pantanosos había ramas cortadas, cualquier paso dado en falso, uno se hundía hasta la rodilla en el fango.

Las fosas y ríos , había que vadearlos. En los ríos se habían colocado trozos de madera de extremo a extremo, sobre los cuales durante el invierno, con los ríos colmados, había que alcanzar la otra orilla resbalándose sobre los palos.

CUANTAS VECES TUVO QUE VIAJAR NUESTRO HONORABLE MÉDICO FRANZ FONCK POR ESTE CAMINO PARA LLEGAR DONDE ESTABAN SUS ENFERMOS DE LA COLONIA-MI COLONIA- COMO CARIÑOSAMENTE SE EXPRESABA, GUIABA EL CABALLO DE LA RIENDA A TRAVÉS DE LOS PANTANOS REBALOSOS Y RÍOS COLMADOS POR LAS LLUVIAS. ESTE HOMBRE COMO NADIE SE SACRIFICÓ POR SUS COLONOS .

Dos días se ocupaba hasta llegar a Puerto Varas, un trecho que en los días de hoy, un caminante sobre camino enripiado ocupa cómodamente cuatro horas.

Puerto Varas era entonces hasta la ribera misma una ensenada boscosa situada en el rincón sur del lago. En ese bosque los recién llegados colonos, con ayuda del hacha abrieron algunos claros, pero casi no lograban dominar la inmensa selva de los alrededores. Los claros obtenidos de la limpieza eran suelos excepcionales, si bien es cierto, las modestísimas casitas instaladas de los colonos le daban un cuadro más agradable. Pero nadie de nosotros pensó que una década más tarde, la hoy en día pequeña ciudad del mismo nombre tuviera un auge tan grande…………………………”.

Fuente: Horn, Bernardo; Kinzel, Enrique: “Puerto Varas 131 años de historia”, Imprenta Horn, Puerto Varas,1983, pp 94-95


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